Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

domingo, 3 de octubre de 2010

Los 5 sentidos de Bergen

Quería no olvidar jamás que es lo que más me gustó de este lugar y, he decidido escribirlo aunque se que no voy a recordarlo todo puesto que la imagen o el sentimiento que creen estas palabras en mi cabeza, no será suficiente para transportarme a ese momento o lugar… pero me hará recordar que una vez lo sentí y fue mio. Así, estos son mis cinco sentidos:

Tacto: Si la primera vez fue el sentir la nieve compactarse bajo mis pies. Esta vez ha sido el de estos mismos pies descalzos, sobre la hierba mojada. No es algo nuevo para mí, pero si ha sido especial sentir la hierba por entre mis dedos…. sentirme como me sentí en ese preciso momento con la hierba mojada en los pies y los ojos cerrados cara al sol.

Vista: Si la primera vez fueron, posiblemente, las vistas de un atardecer de la ciudad nevada desde casa de Kari. Esta vez me quedo con las puestas de sol y los amaneceres tan prontos vistos desde mi ventana: la falta de oscuridad en este lugar. La gama de colores que pintaba el cielo en esos atardeceres.

Gusto: Podría decir sin dudar algo como “el sabor de los helado gigantes con sabor a McDonald y las tartas de mi cumpleaños: la de brownie y la de frambuesa”… pero creo que lo que más destacaría de este sentido sería haber probado por fin las ya mencionadas frambuesas que, aunque parezca una tontería, era una cosa que tenía muchas ganas de hacer desde que era pequeña y, siempre me he imaginado como podrían saber, sin perder la esperanza de probarlas algún día.

Olfato: En este también podría decir millones de cosas que voy a extrañar su olor. Pero sobre todo hay dos cosas: el olor del piso y el del champú de menta que me dejaste con tu olor. No es que el piso oliera especialmente bien o mal… es solo ese olor tan característico que tienen todas las casas… olor a sus huéspedes, olor a todas las cosas que han sucedido en ella… olor a recuerdos. Y, también, ese olor a humedad de las calles noruegas cuando llueve.

Oido: Y si he de quedarme con un sonido, la última vez fue una mezcla más que contrastada entre el sonido tan melancólico de la lluvia cayendo y esa canción, “happy together” de “The tourtles”. Esta vez optaré por las canciones ya tan conocidas para mi, pero que nunca me canso de escuchar y nunca dejan de sorprenderme, de “Gato a la naranja” el grupo que ha puesto música ha este segundo periodo en “mi pequeño paraíso” que es Bergen.

Música que la primera vez me hizo volar lejos de Vȧgen y aterrizar en esa Argentina de tangos tristes y corazones rotos… La segunda vez me hizo enamorarme con ellos (y también de ellos). Y la tercera vez, en la iglesia, me emocionaron tanto que hasta terminé derramando alguna lagrimita. Si, sin duda, lo más destacado y bonito para mis oídos esta vez han sido ellos.

No puedo nada más que agradecerles lo bueno que fue para mi alma escucharlos.



Momentos más destacados:

Aquel amanecer desde el tejado de mi piso con mucho frio y unas mantas.

La visita de Arantxa.

El reencuentro conmigo misma y con Alicja (después de 5 años sin vernos).

La intensa e inolvidable mañana que Anel me invitó a desayunar y compartir con ella el día.

La despedida más triste de mi vida.

...Y toda la gente que ha pasado por mi camino en este viaje. Gente como: Alba, los 5 “gatos”, Are, Anja, Blanca, Fuen, Vanesa, Arta, Elina, Cris (de Madrid y de Talavera), a la madre de Laura, Marcus (el italiano), Elena, Beas (la prima y la amiga de Laura), Tina, Ania, Jasmin, a mi queridísima Patry y, muy especialmente a Anel y, a las ya conocidas y queridísimas: Hilda, Kari, Anita y Laura.

¡GRACIAS A TODOS POR HABER PARTICIPADO EN ESTE PEDACITO TAN ESPECECIAL DE MI CAMINO!

¡Nunca os olvidaré!

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