Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

lunes, 23 de enero de 2012

Mi pánico a que salga el sol

Tengo miedo. Demasiado. No paro de llorar y quizá esta noche no duerma… es casi seguro.

Nunca fui demasiado valiente para todo lo que incluya un riesgo así… hasta ir al dentista o al oculista me pone de los nervios siempre y voy repasando todo el camino cada pequeño detalle de lo que me van a hacer y calculando las probabilidades de todo lo que puede salir mal.

Al llegar al dentista, lo primero que hago siempre es quitarme los zapatos… es lo único que calma mis nervios.

Ya ves, nunca fui valiente para cosas así. Siempre he detestado las agujas, las anestesias, los bisturís.

Y sí, soy perfectamente consciente de que esto me lo he buscado yo sola, como supongo que me dirías si aún nos uniese algún tipo de contacto. Ni si quiera estoy segura de que tu comprendas el miedo que puedo llegar a tener ahora mismo. Y ahora calculo las probabilidades de que algo salga mal y son apenas alguna: “no te preocupes, tienes prioridad por ser mi amiga” - Me dice Marisa- “todo el mundo va a poner especial atención en ti” … y ni si quiera eso me tranquiliza. En realidad no creo que en el mundo haya palabras que me puedan tranquilizar. Y no dejo de querer dejar de tener este miedo que no atiende ni a razones ni a datos y que solo se apacigua si me visualizo en ese quirófano y dejo de estar sola para estar cogida de tu mano. Tú siempre has sido lo único que ha podido calmar mi miedo irracional.

Quiero que sepas que, pase lo que pase mañana, sigo estando aquí, en cada palabra, en cada recuerdo y que aunque no me sientas, siempre vas a ir conmigo. Te he amado tantísimo… y ahora te quiero aun muchísimo. Aún sin tu saberlo, con una palabra tuya eres capaz de destrozar mi mundo, de eliminar mis lágrimas y de matar este miedo que me consume ahora mismo. Aún sigues teniendo todo ese poder sobre mí. Yo te lo sigo dando a pesar de que mi vida y mi cama la comparte ahora otra persona.

Siempre te hablaba de varios tipos de amor, este es el ejemplo más claro que puedo ofrecerte.

Y este miedo irracional y estúpido que me hace no querer que llegue mañana. Que me hace avergonzarme de mi propia cobardía y llorar. Llorar así, como ahora, sin consuelo posible, porque mi único consuelo eres y serás siempre tú.

Siempre has sabido hacer de mí una valiente. Te echo tantísimo de menos.

viernes, 20 de enero de 2012

Quédate a dormir

Dices que tengo claro lo que siento y quiero, que mi caos tiene un magnífico orden, que soy perfecta… No sé hasta qué punto todo eso es cierto y las dudas se acumulan en mi cabeza y el miedo en mi corazón.

Me da miedo enamorarme de ti, volver a estar allí otra vez, donde tantas veces he estado ya y tan mal siempre he terminado. Me da pánico como a ti, si.

Y tus dudas, que a veces también son las mías, me llevan a plantearme dejarte o seguir mi camino sin ti. Y no quiero dejarte, ¿por qué tengo que dejar ir algo que es bueno? ¿Por qué debo conformarme, no luchar y dejarte ir? ¿Por miedo?... mil preguntas me atacan y solo el saber lo que siento por ti me sirve de escudo.

Y hablo contigo y mi mundo entero brilla así, con esta luz que tú pones en él. Escucho tu voz y ya no dudo sobre nada de este mundo. Pienso en ti y no dejo de sonreír. Imagino verte otra vez y siento que vuelvo a pasear entre nubes, como en aquella ocasión, y abrazo mi almohada imaginando que eres tú.

Y rezas un infinito “No quiero enamorarme de ti”.

Pero te pasas el día pensando en mí aún queriendo no hacerlo, igual que yo.

Ves mi caos tan perfecto como yo siento que encajan todas y cada una de tus piezas en el puzle de mi vida.

Quieres ser solo tú la única dueña de mi boca, de mi cuerpo y de mi tiempo, igual que yo del tuyo.

Cuando estoy triste, mi tristeza es la tuya y la tuya, la mía.

Igualmente ves las mismas señales que yo y te pasarías la vida hablando conmigo de cualquier cosa sin importancia simplemente por el motivo de oír mi voz, de oírme reír.

 Y también tú has imaginado lo que sería besarme y estar abrazada a mí en una cama, no importa cuál, no importa haciendo qué.

Tú tampoco sabes cómo dejarme: Somos una mutua droga y yo adoro ser yonki de tu amor, dependiente de tus abrazos y besos, drogadicta del tacto de tu cuerpo sobre el mío.

Y, en un acto de querer frenar lo que siento, me paro a imaginar yo también tus cosas malas y hasta esas me gustan. Y trato de asustarme con un futuro lejano donde mi odiada monotonía llene nuestras vidas y, de repente, me invade el deseo de que aquello que pienso fuera tan real como yo lo veo en mi mente y en mis sueños. Tener una vida contigo, a tu lado. ¡Qué maravillosa sería la vida juntas mi amor! Compartiendo tantas cosas…

Dices que llevabas toda tu vida buscándome y, yo siento que una rosa ha guiado tus pasos hasta mi vida, hasta justo este momento, hasta mí. Y ahora, aquí estoy para ti para aprender de ti, de tu vida junto a la mía. De tus sueños junto a los míos.

Pero de momento ambas tenemos miedo de lastimarnos, de rompernos, de perdernos y de amarnos. Y se me sigue haciendo igual de difícil tener que decirte adiós cada vez que hablamos o nos vemos.

No puedo prometerte nada mi cielo, no puedo prometerte mañanas inciertos, ni lunas de miel eternas, ni corazones que no se rompan o dejen de sangrar. Solo sé lo que siento ahora, en este momento y que ahora daría lo que no tengo porque estuvieses aquí para guardar con besos tus sueños. Que estos tres meses juntas han sido mi salvación y que, gracias a ti vuelvo a creer en que un amor así es posible…yo también te debo cosas, ¿ves? ;)

Pero me cuelgas y te vas ya y, mi vida, solo alcanzo a decirte un triste y roto “Quédate conmigo”…


lunes, 16 de enero de 2012

El último mail (16.01.11)

Te respondo lo primero por educación y lo segundo porque creo que mereces una respuesta en nombre de aquel tiempo feliz que compartimos. Perdoné a tu recuerdo y es por eso que te respondo, pero sigo sin querer que estés en mi vida. Y hoy apareces. Apareces sin más interrumpiendo mi día, llenando mis ojos, incrédulos aún, de estas ganas de llorar.

Si, no te voy a mentir, me conoces: si que me gustaría que estuvieses aquí. Volver a los días donde todo era fácil, donde nada nos separaba, donde éramos tan felices.  Esos días donde creía con fe ciega cada sonrisa de tu boca. Cada palabra que tus manos dibujaban en el aire y en mí. Éramos felices Julia y no, no fue tu enfermedad lo que jodió aquella felicidad y lo sabes.

Me mentiste. Me mentiste de la peor manera posible y, aunque por un lado siempre he entendido tus motivos, por otro lado no puedo creer que me mintieras así.

Te perdoné. Primero porque comprendía esos motivos y segundo porque sabes que no soy de guardar las cosas malas cuando hemos vivido tantas sonrisas juntas.

Me diste la oportunidad en poco tiempo de vivir muchas cosas a la vez y el regalo tan perfecto que suponía Nicolae. Y ahora estoy segura de algunas cosas sobre mí misma que no estaba: creo cosas en las que antes no creía. Contigo lo aprendí.

No, no me pidas verme porque no quiero verte. De ti solo quiero guardar los recuerdos de un pasado perfecto que siempre será tan perfecto como pasado ya.

“Perdóname. Te quiero” –dices. Y el fuego del dolor quema dentro de mí ahora mismo y no puedo dejar de tener estas ganas ahogadas de llorar.

Y me pides perdón por todo. Y es cierto que ya te perdoné, no te guardo rencor por lo que hiciste pero no quiero verte. Te odié demasiado durante un tiempo. No me podía creer que todo aquello fuera mentira… ¡Por Dios Julia! Tú sabías lo que suponía aquella enfermedad para mí…. No quiero hablar contigo Julia, todo está dicho ya y, si alguna vez quisiste esa oportunidad no tenías que haber hecho las cosas así.

Yo te lloré, te enterré, te guardé luto incluso, y te volví a llorar. Me obligaste a mentir y ahora, por tu culpa, mis amigos creen que eres una ilusión mía. Y Yolanda tiene la excusa perfecta para terminar de odiarme y eso si que no te lo perdonaré jamás. Sabías lo que era ella para mí. Sabías la relación que nos unía. Que de alguna forma me lo iba a decir, ¿porqué no viniste a verme a mí? Yo estaba aquí.  Me has hecho daño por duplicado y encima de todo, lo de ella. No. Perdiste tu derecho a dar más explicaciones. No quiero verte. ¡Déjame en paz! Porque te conozco y, si hablamos podemos llegar incluso a darnos una segunda oportunidad… puedes incluso a llegar a convencerme de que lo que hiciste estuvo bien y no… no lo estuvo. Olvídate de mí Julia… ¡o mejor! Recuerda solo aquellas mañanas con Nicolae, al que sí echo de menos, donde todo era perfecto y el resto olvídalo, esto se queda así Julia, lo siento pero no hay más… no puede haberlo.

Y si sigues insistiendo en verme puede que entonces si me enfade, si te odie y mande a la mierda todo aquel tiempo feliz. No me busques más. No vas a tener tu adiós.

Siento mucho que las cosas sean así, pero no puedo hacerlas de otra manera. No sería justo para mí.

Te deseo lo mejor por dónde quiera que encuentres trabajo de nuevo y me alegro mucho de que dejes ese trabajo de mierda al fin. De que me hagas caso.

Te conozco y sé que estarás asustada por tener que empezar de cero una vida (no quiero saber dónde) y con Nicolae a cuestas. Pero eres fuerte, siempre fuiste más fuerte que yo por motivos obvios y, supongo que ahora que has pasado por algo tan duro como es esta enfermedad, verás las cosas de otra manera. Sé que será duro pero tú puedes con ello. Tómatelo como una segunda venida a España… ¿Recuerdas que siempre me contabas lo agobiada que estabas y lo mal que lo pasaste? Luego todo se calmó, ¿verdad? Pues eso, que la calma llegará a tu vida otra vez. Espero que pronto.

Te deseo lo mejor: Que encuentres ese trabajo y seáis felices los dos.

Un beso para Nicolae. Lo que más pena me da de todo esto es no volver a verle. Lo echo mucho de menos… a veces hasta a ti. Pero por favor Julia. Deja las cosas así.

Un abrazo y suerte, mucha suerte. Cuídate.

Te quise muchísimo


miércoles, 11 de enero de 2012

Cuestión de razones




Debo renunciar a ti. A muchos de nuestros momentos juntas. A un futuro que nunca llegará a ser mañana, que ahora trato de matar en mi corazón.

Debo renunciar a mis tantos sueños y a de despertar desnuda abrazada a ti, a ser tu mayor apoyo, tu todo. A la oportunidad de intentar ser el amor de tu vida.

Renunciaré a las sonrisas y a esta sensación de plena felicidad cuando te veo o hablamos, que una vez pusiste en mí y ahora, día a día, siempre haces crecer. Tengo que secar esa semilla de ilusión para siempre.

Debo alejarme de tu vida para evitar un mal mayor, un amor mayor. Un amor que no pueda ser y nos termine destrozando otra vez el corazón.

“¡No me digas eso, no me digas que necesitas espacio ni ninguna pollada de esas porque yo no voy a dejar de hablarte ni de preocuparme por ti! Para mí eres muy importante no lo olvides”

... y no sabes cómo duelen tus palabras ni lo difícil que es para mí tener que tomar la decisión de dejarte ir sin apenas poner resistencia. Dejarte ir sin luchar por ti, por estar contigo.

Y te digo que no quiero espacio, que no quiero dejar de hablar contigo ni de imaginar cómo sería darte un beso. Que ni si quiera quiero dejar de imaginar cómo sería discutir contigo y encontrar nuestros “genios”: “¿Qué harías tú en mi lugar al ver que te estás enamorando de alguien que no puede ser?” …y aún con el corazón destrozado por tener que empezar a soltarte, consigues que sonría con una de tus bromas.

Te quiero por todo lo que ya te he explicado y los motivos que te he dado, y quiero estar contigo sin más razones.

Tú no puedes dejarme entrar en tu vida por miedo a esa misma vida, a hacerme daño y… otras tantas razones que me das.

Y yo las entiendo amor, claro que las entiendo y precisamente por eso dejo de luchar por ti y me paro aquí.

 Nunca ha sido fácil para mí abandonar pero últimamente me veo obligada a hacerlo con las cosas que más me importan del mundo: a dejarlas ir sin más. Y tú, vas a ser otra de esas cosas.

Te quiero, claro que te quiero… es por eso mismo por lo que necesitamos este espacio, este tiempo, este adiós. No quieres entender que podría ser perfecto... o quizá sea yo la que no quiero entenderlo y soy así de egoísta por solo quererte para mí... no lo sé... pero así se queda la cosa, aunque me duela tantísimo. Aunque me rompa otra vez en dos tener que hacerlo.


martes, 10 de enero de 2012

Felices 29 años, mi cielo

¡Muchas felicidades mi amor!

Por circunstancias de la vida no puedo estar ahí contigo para abrazarte tan fuerte como siempre quiero hacer, pero igualmente se que pronto podré y te mando todo mi amor con estas letras.


¡Mi vida, te diría tantas cosas bonitas ahora mismo!... cosas que te levantasen el ánimo o te hicieran sonreír… Pero solo se me ocurre decirte que te echo de menos, ahora mismo es lo único que siento, eso y felicidad por tenerte en mi vida.

Esto empezó por casualidad una noche de Metro. Y allí, entre bailes y excesos de alcohol, intercambiamos tuentis y comenzamos a hablar. Entonces nos unió también un único sentimiento: la tristeza de haber perdido a alguien amado. Ambas estábamos rotas por dentro y, poco a poco, día tras día, nos hicimos fuertes la una y la otra.

Hemos hablado de tantas cosas y tantos días que ya hasta se me hace difícil pasar un día entero sin hablar contigo, sin saber de ti… y ya son casi tres meses los que nos conocemos y estamos ahí diariamente, la una para la otra haciéndonos fuertes.

No sabes la alegría que me da despertar y ver tus whatsapp deseándome un buen día, porque aunque no vaya a ser un buen día, tú haces que lo comience con una sonrisa al menos.

Y siempre me das las gracias por las pequeñas cosas que hago por ti, pero tú no ves todas las que haces tú por mí, como por ejemplo esa, hacer que empiece la mañana con una sonrisa…

Sé que la vida no te ha tratado del todo bien, que tú mereces más, que te mereces ser feliz y no dudes de que algún día conseguirás ser plenamente feliz. Y yo espero estar allí y seguir siendo tu brújula, tu norte, la guía para que no te pierdas. (aunque eso sea un poco imposible, jajajajajaja)

Y nada cielo mío, que cada día estoy más segura de que te quiero en mi vida, junto a mí para compartir mi camino.

Cada día te conozco un poco más y me gusta lo que voy viendo y lo que tú no me dejas ver aún pero yo se que está.

Te quiero mucho… muchísimo. No lo dudes cielo porque yo siempre te voy a llevar conmigo, bajo mi piel.


domingo, 1 de enero de 2012

Fin de año 2011

Hace hoy justo un año, yo caminaba bajo la lluvia mientras hablaba contigo por teléfono deseándote un feliz nuevo, ¿lo recuerdas?

 Ambas pedimos un 2011 juntas… creo que debimos de especificar un poco más en el concepto de “juntas” jejeje

Ojalá tu 2012 esté lleno de cosas muy lindas y, aunque no me dejes participar de él, pueda seguir viéndote y tener noticias tuyas de vez en cuando, desde la distancia al menos, para seguir comprobando que te va bien, que eres feliz.

Y recordarte que, por muchos meses o años que pasemos lejos, aquí me tendrás siempre para lo que sea. Hice examen de conciencia, aprendí de mis errores y ya perdoné todo lo malo de este 2011 (lo malo no solo nuestro, en general). Sé que no me vas a dar un 2012 contigo, ni si quiera como compañeras, pero igualmente aquí estaré para todo echándote de menos.

 Te deseo un 2012 lleno de bonitas sorpresas y momentos mágicos con los tuyos. De sonrisas infinitas y las penas justas. Y sobre todo, que tus lágrimas sean, en lo mayormente posible, de felicidad.

Un beso mi princesa.

Te quiero