Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

martes, 30 de diciembre de 2014

A Cynthia con todo mi amor:

Creía que al dejarte, parte de mi iba a desaparecer, que pasarían los días y seguiría sintiéndome igual de rota que cuando esa noche dejé tu casa cargada con todo mi mundo material. Nunca lloré pero estaba destrozada por dentro. Me dolía tanto que no era aún capaz ni de llorar.

Durante la siguiente semana no dejaba de pensar que debería haber luchado un poco más por aquello, que debería haberme quedado, que estaba abandonando, que siempre había considerado que abandonar era de cobardes y yo estaba abandonando mi lucha, que debería volver, que os iba a echar de menos tantísimo… Todo autorreproches que hacían que aún me destrozara más de lo rota que ya estaba.

La semana siguiente a esa la pasé mejor: empecé a ver que lo nuestro estaba estancado, que así nunca íbamos a dejarnos ser felices ninguna de las dos, que más vale una vida sola que una vida llena de un falso amor, que dejarías de doler, me olvidarías y serías feliz con otra… Los autorreproches pasaron a ser verdades con que mi conciencia intentaba arreglar lo roto y, poco a poco, se hicieron verdades tan grandes dentro de mí que callaron casi todos esos reproches. Supe entonces que mis sospechas eran ciertas, que otra ya ocupaba tu corazón, que me mentías negándome lo que yo veía. Me mentiste…. y creo que lo hiciste porque no querías enfrentarte a ese sentimiento entonces… o quizá sea que yo quiero pensar eso para que no duela ya y sea más fácil perdonarlo. No sé. 

Entonces volviste a romperme, comprendí que alguien que deja de querer tan rápido para enamorarse de otra persona, en realidad nunca quiso de verdad. Comprendí que, al igual que yo, tenías derecho a ser feliz y, aunque no fuera a mi lado, serías feliz con otra. Me dolió pensar que yo no iba a ser ya la causante de tu felicidad, de tus risas y sonrisas, ni ya podría estar ahí para otras tantas cosas a las que ya había perdido el derecho, que ahora era suyo, su tiempo. Pero te imaginé feliz a su lado, más feliz incluso de lo que jamás he podido hacerte yo. Os imaginé enamoradas y creciendo la una en la otra, llenas de complicidad y tú llena de felicidad, plena. Y, supongo que he debido de quererte muchísimo, porque imaginarte así de plena a su lado, me hizo sentir feliz. Feliz con una alegría de esas ácida sí, pero feliz, feliz por ti, porque tú lo eras. Aunque, a pesar de esa felicidad, mi corazón seguía roto. Destrozado. Comprendí esa noche que necesitaba tiempo lejos de ti, que no estuvieras, que desaparecieras y así te lo pedí. Te negaste, me negaste la única cosa que te he pedido de corazón en nuestros dos años juntas. Alegaste que no podías alejarte de mí así, que aún me querías a pesar de no amarme ya y que necesitabas que formara parte de tu vida. Pero yo seguía necesitando ese tiempo sin ti, para soltarte, para respirar, para seguir viviendo y empezar otra vez a construir mi vida sin ti. Y sabía exactamente lo que tenía que hacer para alejarte de mí: conociendo tus puntos débiles y lo fácil que es herir tu orgullo, nada como hacerte daño para que me dejaras soltarte, (tal como te prometí que haría llegado el momento cuando aún no éramos ni pareja). Entonces supe que no habría vuelta atrás. Que si hacía aquello ya nada volvería a ser como antes. Que no iba a ser posible una amistad, y aquella noche si lloré, lloré hasta la desconsolación por el daño que sabía que iba a hacerte. Y te lo hice, ya no había marcha atrás. Te hice daño a ti y me destrocé yo. Pero a veces es necesario destrozarse para poder empezar de nuevo.

Efectivamente, tu reacción fue la esperada, excepto porque metiste por medio de ti y de mí a las niñas y de eso nunca te creí capaz, aunque tampoco me extrañó, sí que me dolió, pero supongo que ellas habrían seguido siendo un nexo entre tú y yo que jamás te habría permitido no estar realmente. Aún hoy las echo de menos, pero supongo que dejaré de hacerlo. Todo pasa y todo deja de doler y más si hay tanta ausencia de por medio.

En cuanto a ti, siempre guardaré la esperanza de que algún día futuro, cuando tu vida y la mía hayan estado separadas lo suficiente para que el daño que nos hicimos no duela ya, entonces, vuelvas a mi vida y podamos recordar buenos momentos con un café y hablar de lo que nos hemos perdido la una de la otra, de nuestras vidas. Ponernos al día y vivir entonces la amistad que ahora no podemos tener. Lo deseo de corazón… eso y que seas feliz. Que te quieran y quieras con locura y que no te falte nunca nada para ser feliz.

Ojalá hubiéramos sabido terminarlo todo mejor, o hacer las cosas para que nada hubiera terminado. Creo que, después de lo vivido, no nos merecíamos ese final.

Sé que tendrás un hueco dentro de mi destrozado corazón por siempre y la promesa de ese “SIEMPRE” que te prometí la mantendré también porque no puedo no estar para alguien que se que querré siempre, ni tampoco quiero… quizá soltar tu mano, aún amándote así, fue la manera que tuve de demostrarte lo mucho que te quería, mi regalo para ti y para mi.

Pase lo que pase, te recordaré, ¿me recordarás tú a mí?

#SIEMPRE



lunes, 8 de diciembre de 2014

El miedo es mutuo

Eres tan bonita… y tus ojos me dicen que te han hecho tanto daño… Tus ojos. Hasta que no los vi en persona no supe exactamente lo bonitos que eran, y son preciosos. Tan tristes y llenos de vida a la vez. Tan brillantes cuando sonríes pero tan profundos y tristes cuando no.
Me cuentas que tienes miedo y que no sabes exactamente de qué. A mí también me da un miedo espantoso sentir el principio de lo que siento, pero hace años que tomé la decisión de no dejar que el miedo gobierne mis pasos.

¿Qué me da miedo a mí? Pues me das miedo tú, si, toda tú al completo. Me da miedo enamorarme de tu risa, no soportar estar tan lejos de tu olor y querer ser yo el viento que mueva tu pelo. Me da miedo que no estés, o que estés distante. Que estés triste y que yo pueda ser la causa. Que llores y no sea por mí…. Me das miedo tú. Toda tú.

Verte reír me hace feliz. Me llena de una sensación buena que me recorre de pies a cabeza y explota y se hace grande en mi pecho. ¿No lo viste? No podía dejar de sonreír ni un solo momento cuando nos vimos e intenté pasar más tiempo con tus amigos para no agobiarte.


Y pienso que hace solo tres meses que he dejado otro trozo de mi corazón, que no es tiempo suficiente, que no debería… Que tu corazón tampoco está completo, que me voy a dar una hostia que no tengo necesidad de darme ahora mismo, etc. Y, entonces me propongo dejarlo estar, no hacer más chispa porque me da miedo encender una llama que luego queme y duela. Me propongo alejarme de ti, estar distante, no hablarte hasta que tú lo hagas: “a lo mejor hoy no me habla. A lo mejor hoy está ocupada y se olvida de mi” – pienso para convencerme de que hago lo correcto. Pero siempre apareces. Siempre haces de mis mañanas algo bonito por el simple hecho de estar ahí, al otro lado del whatsapps. Y deseo llegar a casa de clases solo para que me cuentes tus cosas, para hablar contigo… Llenas mis días de ilusión y eso me da fuerzas y, justo ahora que sentía que lo había perdido todo otra vez, tenerte a ti para iluminarme el camino con una sonrisa diaria es un regalo. Eres un pequeño ángel que llegó a mi vida justo en el momento que mi alma más te necesitaba.


Y me paro a mirar mi vida, me paro a mirar la gente que me rodea y a las que quieren una oportunidad de mi corazón o de mi cama pero, no sé porqué, solo te la daría a ti. ¿Qué tienes tú de diferente, de especial? Tampoco nos conocemos tanto como para sentir esto por ti. ¡Si solo nos hemos visto en persona una vez! ¿Por qué tu? No lo entiendo.

Y no quiero hacerte daño, es la última cosa que quiero en este mundo. Pero me gustas, eso es indiscutible. Me gustas tanto que dejaría que robases mi corazón y mi cama. Que te dejaría conocer todo de mí: mi pasado, mi presente y un futuro que podría compartir contigo.


Pero de momento somos amigas y yo me muero por darte un beso, por abrazarte y que te dejes abrazar, porque puedas corresponder algún día lo que siento por ti.


Por eso, y atendiendo a las fechas que estamos, solo puedo decirte que, pase lo que pase, para navidad te quiero a ti.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Tu ganas

             Siempre me han parecido tristes esas parejas que, al romper, se destrozaban mutuamente y utilizaban en esas guerras, cualquier arma que tuvieran para hacerse daño el uno al otro: reproches, amigos, objetos, niños… cualquier cosa que compartieran antes, ahora pasaba a ser un arma capaz de herir al otro y, cuando más doliera, mejor.

En cuanto a ti y a mí, si ya me parecía triste terminar algo que fue tan bonito tan mal, más triste me parece que se usen a unas niñas como "arma" para hacer daño a la otra persona: a mí.


Podría entrar en tu guerra, devolverte el disparo con una bomba que te fulminase sin más… con solo mover un dedo podría destrozarte y ni si quiera lo sabes. No eres consciente. Pero no, no soy como tú. El daño que te he hecho ha sido intencionado y mis balas solo apuntaron hacia ti con un fin… con un fin y por una razón que, quizá algún día, puedas ver y entiendas.

Jamás pensé que caerías tan bajo como para atacarme con las niñas, que sí, han sido, son y serán siempre tuyas, pero sabes lo que significaban para mí. Lo sabías y yo te creía diferente y con más moral que el resto.

Has utilizado la carta de tus hijas para hacerme daño… la única carta que estaba prohibida utilizar en todo este juego y la has usado. Aún no me lo creo. Jamás te creí capaz de algo así.
¿Y sabes qué? Que podría ponerme a tu nivel: sacar a la luz cosas que se supone no debería tener (documentos, fotos, vídeos..), hablar con gente que podrían destrozarte la vida con solo saber lo nuestro… y tantas cartas más que tengo en la manga que te harían caer en la más oscura miseria. Pero no, no soy como tú. Por mucho que me duela lo que has hecho y te odie ahora mismo, no voy a hacerte daño solo por el placer de verte sufrir o porque esté dolida. Y, ¡fíjate! Podría… pero no, te he querido demasiado y creo que ese amor se merece un respeto, aunque tú te empeñes en destrozar cada recuerdo bonito que tengo de ti.

No me voy a poner a tu nivel. Si esto es una guerra, la has ganado tú. Me rindo.
Espero que, de verdad, seas feliz.


miércoles, 3 de diciembre de 2014

De abrir los ojos y otros reproches

         Abrir los ojos una noche y darte cuenta de que nada ha sido durante dos años lo que ha aparentado ser. Y que lluevan las miserias de algo que está roto y sin arreglo: un corazón sustituyó el objeto de su amor y otro se rompió. ¿Acaso hay pegamento más fuerte que el amor? ¿Qué pasa cuando ese pegamento ya no pega?... Intentos de llevarnos bien frustrados en conversaciones impersonales donde todo se mal interpreta y los egos siempre son más grandes que el del, antes amante, ahora adversario. Y más reproches aún... hasta sin ganas o enfado reprochamos ya. ¿Para qué? o... quizá lo más importante: ¿De que sirve ya?, ¿Para que sirve un reproche?... A estas alturas, y siendo poco amiga de reprochar nada, se confirma mi teoría de que "para nada más que hacer daño". Y yo, después de lo vivido, no quiero hacerte daño... ni quiero que tú me lo hagas a mí. Ahora es un simple y llano "no quiero", porque eso es, son pequeños "ya no te quiero" llenos de rabia y de dolor. Nunca fui amiga de reproches. Pero últimamente haces brotar lo peor de mí, lo peor de quien soy... y creo que es porque, en parte, aún te quiero... y la verdad es que no quiero dejar de quererte nunca, quiero estar ahí a pesar de todo... pero sigue siendo más "fácil" reprochar algo que desnudar un corazón y hacerlo humano. Y, a pesar de quererte para SIEMPRE, necesito que no estés por un tiempo, seguir mi vida, recordar que te quise y olvidar que te quiero.
Después de dos meses, aún no soy tan fuerte para alejarme del todo de ti, ni tú lo eres para ser del todo egoísta tampoco.

Nos quisimos (pretérito perfecto)... o quizá imperfecto. Debió ser esto último para terminar así: haciéndonos daño gratuitamente, sin llegar a ningún lado más que el discutir por el discutir.
Pero bueno... todo pasa en la vida y tú, quieras o no, serás otra pequeña cicatriz de mi corazón. Otra pequeña sonrisa en mis recuerdos, a pesar de todo, porque sigo quedándome con esos momentos tan buenos que ya tan lejanos parecen estar.

Pero lo importante de todo esto es y siempre será, poder abrir los ojos en el momento correcto y sentir que, de nuevo, la vida vuelve a comenzar :)