Creía que al dejarte, parte de mi iba a desaparecer, que pasarían los días y seguiría sintiéndome igual de rota que cuando esa noche dejé tu casa cargada con todo mi mundo material. Nunca lloré pero estaba destrozada por dentro. Me dolía tanto que no era aún capaz ni de llorar.
Durante la siguiente semana no dejaba de pensar que debería haber luchado un poco más por aquello, que debería haberme quedado, que estaba abandonando, que siempre había considerado que abandonar era de cobardes y yo estaba abandonando mi lucha, que debería volver, que os iba a echar de menos tantísimo… Todo autorreproches que hacían que aún me destrozara más de lo rota que ya estaba.
La semana siguiente a esa la pasé mejor: empecé a ver que lo nuestro estaba estancado, que así nunca íbamos a dejarnos ser felices ninguna de las dos, que más vale una vida sola que una vida llena de un falso amor, que dejarías de doler, me olvidarías y serías feliz con otra… Los autorreproches pasaron a ser verdades con que mi conciencia intentaba arreglar lo roto y, poco a poco, se hicieron verdades tan grandes dentro de mí que callaron casi todos esos reproches. Supe entonces que mis sospechas eran ciertas, que otra ya ocupaba tu corazón, que me mentías negándome lo que yo veía. Me mentiste…. y creo que lo hiciste porque no querías enfrentarte a ese sentimiento entonces… o quizá sea que yo quiero pensar eso para que no duela ya y sea más fácil perdonarlo. No sé.
Entonces volviste a romperme, comprendí que alguien que deja de querer tan rápido para enamorarse de otra persona, en realidad nunca quiso de verdad. Comprendí que, al igual que yo, tenías derecho a ser feliz y, aunque no fuera a mi lado, serías feliz con otra. Me dolió pensar que yo no iba a ser ya la causante de tu felicidad, de tus risas y sonrisas, ni ya podría estar ahí para otras tantas cosas a las que ya había perdido el derecho, que ahora era suyo, su tiempo. Pero te imaginé feliz a su lado, más feliz incluso de lo que jamás he podido hacerte yo. Os imaginé enamoradas y creciendo la una en la otra, llenas de complicidad y tú llena de felicidad, plena. Y, supongo que he debido de quererte muchísimo, porque imaginarte así de plena a su lado, me hizo sentir feliz. Feliz con una alegría de esas ácida sí, pero feliz, feliz por ti, porque tú lo eras. Aunque, a pesar de esa felicidad, mi corazón seguía roto. Destrozado. Comprendí esa noche que necesitaba tiempo lejos de ti, que no estuvieras, que desaparecieras y así te lo pedí. Te negaste, me negaste la única cosa que te he pedido de corazón en nuestros dos años juntas. Alegaste que no podías alejarte de mí así, que aún me querías a pesar de no amarme ya y que necesitabas que formara parte de tu vida. Pero yo seguía necesitando ese tiempo sin ti, para soltarte, para respirar, para seguir viviendo y empezar otra vez a construir mi vida sin ti. Y sabía exactamente lo que tenía que hacer para alejarte de mí: conociendo tus puntos débiles y lo fácil que es herir tu orgullo, nada como hacerte daño para que me dejaras soltarte, (tal como te prometí que haría llegado el momento cuando aún no éramos ni pareja). Entonces supe que no habría vuelta atrás. Que si hacía aquello ya nada volvería a ser como antes. Que no iba a ser posible una amistad, y aquella noche si lloré, lloré hasta la desconsolación por el daño que sabía que iba a hacerte. Y te lo hice, ya no había marcha atrás. Te hice daño a ti y me destrocé yo. Pero a veces es necesario destrozarse para poder empezar de nuevo.
Efectivamente, tu reacción fue la esperada, excepto porque metiste por medio de ti y de mí a las niñas y de eso nunca te creí capaz, aunque tampoco me extrañó, sí que me dolió, pero supongo que ellas habrían seguido siendo un nexo entre tú y yo que jamás te habría permitido no estar realmente. Aún hoy las echo de menos, pero supongo que dejaré de hacerlo. Todo pasa y todo deja de doler y más si hay tanta ausencia de por medio.
En cuanto a ti, siempre guardaré la esperanza de que algún día futuro, cuando tu vida y la mía hayan estado separadas lo suficiente para que el daño que nos hicimos no duela ya, entonces, vuelvas a mi vida y podamos recordar buenos momentos con un café y hablar de lo que nos hemos perdido la una de la otra, de nuestras vidas. Ponernos al día y vivir entonces la amistad que ahora no podemos tener. Lo deseo de corazón… eso y que seas feliz. Que te quieran y quieras con locura y que no te falte nunca nada para ser feliz.
Ojalá hubiéramos sabido terminarlo todo mejor, o hacer las cosas para que nada hubiera terminado. Creo que, después de lo vivido, no nos merecíamos ese final.
Sé que tendrás un hueco dentro de mi destrozado corazón por siempre y la promesa de ese “SIEMPRE” que te prometí la mantendré también porque no puedo no estar para alguien que se que querré siempre, ni tampoco quiero… quizá soltar tu mano, aún amándote así, fue la manera que tuve de demostrarte lo mucho que te quería, mi regalo para ti y para mi.
Pase lo que pase, te recordaré, ¿me recordarás tú a mí?
#SIEMPRE



