Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

martes, 11 de agosto de 2015

Dices y dicen

           

 Dices que no te quiero, llegan a mis oídos esas palabras. Y he de decirte que si te he querido… aún te quiero, aún hay días que siento no haber podido hacer las cosas del todo bien, no haberte sabido demostrar que te quería por encima del mundo, no haber sabido entenderte del todo… ni de que tú tampoco supieras darme muchas cosas de esas a mí.

Te he querido tanto, que durante dos años, a pesar de todas las peleas y reproches, seguías siendo el mejor motivo para continuar. Y sí, me fui de tu lado esperando un cambio por tu parte que nunca se produjo, un “vuelve” que creí que nuestro amor se merecía… o por lo menos yo me merecía.
Yo sí que me hubiera tragado mi orgullo y hubiera ido a buscarte para intentar arreglar las cosas un tiempo después, porque sí, te seguía amando. Estábamos estancadas en un periodo feo, un periodo donde lo último que necesitábamos era estar juntas y necesitábamos darnos un tiempo, necesitábamos alejarnos un poco la una de la otra para no destruirnos mutuamente, o destruir nuestro amor. Ninguna de las dos contábamos con que tú te enamorarías de verdad de otra persona en ese tiempo (que al final fue punto y final).
Y no me arrepiento ahora de las decisiones que tomé, solo me hubiera gustado poder haber terminado bien algo que, por lo menos para mí, fue una historia tan bonita.

Tú, al poco de dejarte, encontraste el amor en otros brazos y sé (porque lo has escrito y lo he leído de tu mano), que estás enamorada como nunca antes… y con esto no te reprocho que nunca me quisieras, no, yo sé que si me quisiste y mucho, sobre todo al principio que todo era tan bonito. Pero no creo que nunca estuvieras enamorada de mí, no al menos como sé que estás de ella. Pero te empeñas en decir que nunca te quise y, te lo creas o no, que dudes de eso me duele más que cualquier insulto, pero bueno, si es lo que crees, siento haber malgastado dos años de tu vida a mi lado. Espero que ahora recuperes el tiempo que perdiste conmigo con un amor que sepa darte todo lo que nosotras no supimos tener.
Yo no me arrepiento de haberte conocido, ni creo que haya sido un error ninguno de los momentos que pasamos juntas, y sí, he querido mucho a tus hijas… sobre todo a la pequeña, porque era con la que más cosas compartía, y me sigue doliendo muchos días que no esté, las sigo llamando “mis niñas”, “mi mayor” y “mi pequeña” y siempre lo serán. Aun tengo la esperanza (tonta de mí) que, en ciertas fechas señaladas, como mi cumpleaños, el suyo o algún día sin más, reciba una llamada con su voz al otro lado del teléfono… pero supongo que ya no se acordará de mí, y lo entiendo. No puedo enfadarme porque la apartases de mí, solo ponerme muy triste cada vez que, como ahora, me acuerdo tan nítidamente de ella y sus cosas. Y, después de algunos momentos contigo, lo mejor de la que fue nuestra historia, ha sido sin duda, ellas dos.

La gente habla mucho, ¿sabes? Pero jamás he dicho nada malo de ti, ni cuando sabía a ciencia cierta que lo que llegaba a mis oídos había salido de tu boca… hasta te he defendido y lo sigo haciendo cuando alguien dice algo de ti que falta tu memoria. Pero supongo que es más fácil creer a gente de fuera que a alguien que te hizo daño una vez. Lo entiendo, pero perdona si no soy así, como el resto.
Te he amado sí, y eso se merece un respeto, hayamos terminado mejor o así de mal. Lo dije ayer, lo digo hoy y lo diré siempre, contigo o cualquiera de mis ex… ¿A que tampoco me has oído nunca hablar mal de ninguna de ellas?

¿Qué quieres que te diga ya? Sé que nada de lo que haga o diga servirá… que ya no recuerdas como era, que ahora soy el monstro que el odio ha creado en tu cabeza y te crees todo lo que las malas lenguas inventan y oyes de mí. No recuerdas que soy incapaz de mentirte, las promesas que nos hicimos antes de que todo comenzara y ninguna de las veces que te hice sonreír. Ahora mi recuerdo es algo negro… apuesto a que no te acuerdas ni de nuestra primera vez, ni de las escapadas a tu casa durante ese verano, ni como fue decirles a las niñas que nos queríamos, ni de aquella cena primera de noche vieja, ni ya nada de aquellos años tan maravillosos… No te culpo por olvidarlo, es otra manera de sobrevivir. Pero me da mucha pena. Yo si los recuerdo, y quizá los recuerde siempre. Que esto no quita que quiera con locura a mi chica, pero para mí fueron buenos momentos que, como tantos otros de antes que tú, no olvidaré porque forman parte de mí de una u otra manera.
… y estaba tan enamorada de ti que llegué a pensar que mi predicción de los dos años juntas no podía de ninguna manera hacerse realidad. Fuiste la primera novia que entró oficial en casa y en mi familia… así de importante fuiste para mí, nunca antes había entrado nadie más, ni Yolanda si quiera. Y si, puedo asegurarte que te amé… y que, aún hoy, te quiero lo suficiente como para preocuparme, desde la distancia, por ti cuando sé que algo malo te pasa (que no te llamo porque sé que no soy bien recibida o porque no me dejan hacerlo).

Y, quieras o no, estaré siempre que puedas necesitarme, no importa los años que pasen, ni donde esté, ni con quien… Has sido importante por muchas razones en mi vida, y te he querido mucho también, y ese pasado del que ahora tu puedes arrepentirte tanto, para mí es un nexo de unión imborrable.
Y me encantaría que conocieras a mi chica (puesto que yo a la tuya si la conozco) y contarnos lo maravillosas que son respectivamente,  y que formaseis parte distante de mi vida, como otra amiga más. Tomar algún café las cuatro de vez en cuando o ir a la playa con las niñas.
Me gustaría decirte que no pierdo la esperanza de que algún día esto pueda llegar a pasar, pero sé que cada día que pasa, pierdo un poco más esa esperanza y ya, hasta se casi a ciencia cierta que será algo imposible… pero no sabes cómo me gustaría equivocarme.



En fin… Espero estés feliz de verdad, te lo deseo de corazón. Y que, por mucho que las palabras sean palabras y se las lleve el viento, puedas creer al menos un poquito de lo que te he dicho.

Cuidaros mucho… os querré siempre.