Apareciste
en mi mundo un 23 de Octubre de la misma manera que han aparecido muchas otras
personas en mi vida: en una fiesta (a la que por cierto no quería ir y me
obligaron).
Me agregaste a Tuenti y acepté sin recordar nada de esa noche y, aún
no sé muy bien cómo, empezamos a hablar (culpa tuya).
Al
principio no te di importancia: eras otra más y pronto dejaríamos de hablar
pero lo cierto es que cada vez hablábamos más y cada vez me gustaba más
hacerlo. Siempre me dibujabas una sonrisa cuando todo estaba tan triste en mi
mundo. Y esto de hablar se convirtió en algo diario: yo te acompañé en tus
horas interminables de hospital y tú me acompañabas en mis clases y tardes
tristes.
¿Quién
nos iba a decir a nosotras que esa noche cambiaría tanto en nuestras vidas?
Porque es cierto, has cambiado mi vida, cielo. No soy la misma desde que te
conocí ni la misma cuando no estás.
Así,
poco a poco y día tras día, has ayudado a que pudiera devolverle su color a mi
mundo.
A que
saliera cada día un poco más de ese pozo donde me había caído y ya, prácticamente,
vivía.
Me
diste ganas para vivir cuando no contaba con nadie más, cuando mis amigos y
familia me dieron la espalda y había perdido a quien más amaba del mundo… y ahí
apareciste tú, cuando más perdida estaba, y me diste el trocito de luz que te
quedaba y yo, espero haberte devuelto ese trocito tan pequeño, hecho una gran
estrella gigantey brillante.
Hoy no
es un día especial, es un día cualquiera, uno más. Y, ¿Qué mejor día que hoy
para decirte todo esto que ya sabes?
Que
eres especial para mí y que, si mañana te perdiera por cualquier motivo, has de
saber que siempre te voy a llevar en un huequito de mi corazón, que no olvido y
que si la culpa de perderte es mía, también lo será mi castigo.
Que eres,
junto a mi mona, lo más bonito que tengo en la vida y que siempre te voy a
llevar bajo mi piel, ayudándome a guiar mis pasos, y en mi corazón. Siempre en
mi corazón.
Gracias
por todo Gilipollas.
Te
quiero muchísimo.
