Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

lunes, 28 de junio de 2010

Destino?

Nunca he creído en que el destino esté escrito para cada uno de nosotros, mas bien creo en que con cada decisión que tomamos, conducimos nuestra vida y la cambiamos. Pero no nosotros solos, así, los volantazos constantes que vamos dando dependen también de la influencia de los demás: la influencia ajena forma nuestra percepción del mundo, nuestras creencias y valores, nuestro comportamiento y todo lo que nos mueve. Se podría comparar al ser humano con una esponja o un espejo porque somos simples reflejos de un sinfín de reflejos. Nosotros somos nuestros padres, nuestros amigos, profesores, conocidos, enemigos…


¿Por qué crees en el cristianismo?, ¿Por qué no otra religión? Porque somos educados por gente (iguales dentro de un mismo circulo) que nos transmiten cada uno lo que cree mejor, mas útil o acertado. El problema de esto (como bien se puede ver en el “mito de la caverna” de Platón) es que, si yo “sé” que mi creencia es la mejor (porque mi círculo así me lo ha enseñado), tendemos a cerrar nuestra mente y no aceptamos otros puntos de vista como buenos: mi creencia es la mejor si no, no la tendría. Y, siempre ha existido ese miedo a lo desconocido que genera rechazo y hace que nos perdamos cosas realmente maravillosas, generando odios, más miedos y otras tantas cosas negativas. Nos hace a todos esponjas de esponjas con lo que, al final, todos somos productos diferentes pero iguales.

Por eso yo (qué que yo lo haga no significa tampoco que sea lo mejor), me dejo llevar porque pienso que de todo puedes aprender alguna lección. Por eso no lucho contra el porvenir o el futuro (que es para mi mí destino) si no que, equiparando una vida a un rio, me dejo arrastrar por la corriente disfrutando del paisaje en vez de darle la espalda a la belleza que me rodea para dedicarme a nadar contra corriente.

Si, es cierto que no siempre la corriente me arrastra por el mejor camino, en esas ocasiones, en las ocasiones que realmente lo merecen, si necesitamos luchar y dar ese ya mencionado volantazo para cambiar lo que no nos gusta. Es cuestión de escoger un camino u otro. Al igual que el agua “decide” por donde pasar. Una elección siempre trae consecuencias aunque no las apreciemos y, todos los días tomamos decisiones sin darnos cuenta, es solo cuando tenemos que tomar una decisión transcendental cuando somos medianamente conscientes de que esto implica la renuncia: Ante la decisión de qué camino coger, derecha o izquierda, si elegimos la derecha renunciamos a la izquierda y viceversa.

Pero, una persona que no puede apreciar lo hermoso de las pequeñas cosas y momentos, tampoco puede dejarse arrastrar hacia la felicidad porque no sabe ser feliz: todo puede ser mejor y así se puede pasar la vida, dando volantazos.

Y, ante las cosas que no tienen remedio o “malas”, también tenemos dos opciones: ser victimas toda la vida o guardar el luto justo para desahogar el alma e intentar superarlo lo antes posible.