...Ahora somos dos mutuos e invisibles desconocidas...
Tantas tus pequeñas promesas... que las creí solo un rato cada día, contigo susurrando en mi oído tus envenenadas verdades, que nunca fueron ni tan verdad ni tan envenenadas... Irónico que entonces me hicieras sentir mal por dudar de tus palabras.
Y yo solo te prometí mi futuro, no tenía otra cosa más importante que poder darte... no tenía nada más.
Perdida tú en tu propia mentira tratabas de convencerme a mí de que las llamas no quemaban... y las llamas atravesé por ti.
Nunca fueron suficientes llamas para ti porque, a pesar de eso, siempre tus ojos se mantenían fijos en esa meta, esa que nunca fui yo. Demasiado dolor entre tantos cuchillos de celos y dudas. Y solo conseguí este corazón ya tan quemado cuyas cenizas el viento pretende llevarse ahora.
Estrepitosos silencios solo rotos por mudas palabras hirientes. Ambas juez y condenado, soldado y fusilado.
...Se que nunca debería haberme ido, pero te recuerdo que me fui porque tú me obligaste. Y siempre quise preguntarle los motivos a tu falda, pero tu falda nunca supo de motivos. Ella siempre hizo y deshizo como le convenía y nunca le importó en exceso nada más que aquella delgada línea de Internet.
Han llovido tantas estrellas de nuestro ya hace tanto desquebrajado cielo... Ahora me pregunto si acaso no confundí los brillos del cielo y vi estrellas donde solo brillaba la luz marchita de un astro tan herido como yo... Quizá lo que brillaba eran sus tantas lágrimas derramadas... ¿quién sabe?
Entonces, nunca les hice caso a las estrellas. Quizá si mis labios no hubiesen trotado por tu impaciente cuerpo aquél día nuestros caminos habrían sido otros... Es gracioso que ahora me culpe y disculpe por adorar el brillo del sol.
Te quise tanto amor mío. Y a veces tu también me quisiste... O a veces si te creí cuando me decías que lo hacías.
Y ahora echo de menos algo que jamás conocí, y ese algo eres y sigues siendo tú.
¿Fué un sueño?... Pudo serlo pero hicimos de ello una pesadilla. Pesadilla a la que tengo pavor de dejarme volver si tu me lo pidieras.
Si murió la amante, ¿Qué fue de mi amiga?... es a la que más extraño a diario.
...De momento me conformo con ser capaz algún día de volver a mirarte a los ojos... De que tu recuerdo no sea más que el recuerdo de un tiempo que ya no duele, un tiempo lejano, una cicatriz perfecta
Mis lágrimas del corazón y otras paranoias
domingo, 30 de octubre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
Como tú
A veces me gustaría ser como tú: poder decirte tantas malquerencias, escupir sobre lo que en un pasado fue y seguir mi vida sin pararme a pensar en el daño que te he podido si quiera causar con una sonrisa en los labios… pero no soy así.
Me gustaría no sentirme mal por tener que ignorarte a la fuerza, ignorar a la que un día fue mi mejor amiga, la persona que más quise del mundo… pero lo cierto es que te estoy echando demasiado de menos.
Hay días que me muero por compartir contigo confidencias y otros en que simplemente me pongo triste sin ti a mi lado: siempre pensé que por lo menos nos quedaría la amistad… queda demostrado que también yo me equivoco.
Te veo sonreír a lo lejos, desde mi callada fachada de la ley del hielo, y esta se derrite: “me alegro tanto por ti” – pienso mientras un veneno amargo, entre felicidad y celos, me invade – “ya llegará mi momento” –y agacho la cabeza dando oídos a la conversación, evitando tener que hablarte directamente. Me pone triste tener que hacer eso pero así me lo pediste y, bueno, te prometí ese regalo para ti. No se odiarte, ni puedo ni tampoco quiero. A sí que me conformo con evitar cruzar palabras o miradas contigo, que a ti te son indiferentes y a mí me matan.
Ya no tengo fe en que esto algún día se arregle, contrariamente, cada día que pasa creo que me acostumbro un poco más a no tenerte en mi vida. No digo que no me gustaría recuperarte, que sí, pero decidí mirar adelante y, aunque esperaba compartir contigo muchos momentos futuros, ya empiezo a asumir que tú ya no formarás parte de mi futuro, ni yo del tuyo.
Solo me resta decir que te extrañaré demasiadas veces durante demasiado tiempo, aunque tú ni lo sepas, ni lo veas, como ahora… como siempre.
martes, 4 de octubre de 2011
Fuera de mi vida
Se terminó sin saber muy bien cómo.
Nos despedimos como si jamás nos hubiésemos conocido, lanzándonos afiladas palabras hirientes contra nuestros orgullosos corazones… demasiado daño mutuo.
Quizá la rabia se apoderase de mí, pero no porque rompieras esto, si no porque no entendí nunca el porqué: cómo de un día para otro explotó. No lo entendí no, pero lo acepté: Tu decisión fue como un grito que me despertó y necesitaba eso aunque no lo quisiera.
Cansada de dártelo todo, de luchar por ti, rota tantas veces y sabiendo que aquello no tendría más futuro que el que ambas ya vivíamos… acepto este doloroso final en el que tú has puesto el punto final de los finales.
“En el cambio siempre está la evolución…” Nos hemos roto ya demasiadas veces. Nuestros comienzos y días cero han llegado a ser insanos. Y lo peor es que aún hoy se que volvería a intentarlo otra vez más.
Pero no te odio, no puedo hacer eso a pesar de todo. Dibujé lo malo en mi ilusión y luego le soplé para que se fuera lejos. No voy a odiarte, has sido demasiado para mí como para romper ese bonito recuerdo. Y sé que muchas veces, a lo largo de mi vida, volveré a esbozarte sutilmente en mis recuerdos… y allí estarás, tantos años después, sonriendo y mirándome como ahora, como entonces.
Y recordaré con cariño esos días donde fuiste una parte tan grande de mi corazón y, sobre todo, mi mejor amiga.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

