Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

domingo, 22 de abril de 2018

La magia de volverte a ver


              Y, como por arte de magia, vuelvo a creer en los milagros… Porque ha sido un milagro volver a tenerte en mi vida, aunque sea así, tan cerca y tan lejos a la vez.

                 Ojalá nunca sepas la verdad de aquellos días y te quedes solamente con las mentiras que te hicieron odiarme así, tanto como para romper la promesa que nos hicimos y sacarme de tu vida. Nunca tuve la oportunidad de defenderme de todo lo que se me acusó. Eso me dolió mas que nada. Pero, ¿De que serviría? Es un hecho que me has odiado durante tanto tiempo que ya la costumbre es más fuerte que cualquier otra cosa. Y, por mucho que me encantaría cambiar el modo en que decidiste creer en otros y no creer en la persona que conociste durante dos años, el hecho es que yo también decidí recorrer el mismo camino… aunque, con el tiempo, supe ver que esa que otros me describían no eras tú, no era quien yo había conocido durante dos años, y retrocedí… Pero ya era demasiado tarde: el daño estaba hecho y no se podía remediar.


       Ojalá nunca llegues a saber que lo único que a fecha de hoy no soy capaz de perdonarme es el haberte hecho tanto daño. Que aun hoy, pasados ya más de cinco años, se me parte el alma por haberte dejado aquella noche así, sentada en el suelo de la galería llorando con ese gesto de estar rota. Aunque puede que tú un día llegues a perdonármelo, jamás lo olvidaré y jamás me lo perdonaré.


        Ojalá nunca sepas lo mucho que me destrozaste también tú, ni lo mal que lo pasé hasta hace unos meses con el tema de las niñas (me mataste, en serio)… pero nunca te he guardado rencor más allá de aquellas primeras semanas en que nos destrozamos mutuamente. Que todo aquel dolor que sentía por ti, se fue. Que nunca fui capaz de retenerlo dentro de mi, porque te he querido tantísimo que jamás pude sentir por ti otra cosa que no fuera eso: un inmenso cariño, que es lo que ahora siento.


       Ojalá no sepas jamás que, en el momento que te volví a ver, mi corazón explotó en fuegos artificiales saliéndoseme del pecho. Ni tampoco sepas cuanto había soñado con volver a verte de nuevo… aunque fuera de lejos y solo un segundo. Ni las veces que te busqué en aquellos sitios donde nunca estabas. Solo quería saber que estabas bien. Cruzarme contigo una fracción de segundo en un semáforo y, ni si quiera necesitaba verte sonreír, solo verte camino a alguna parte… pero nunca pasó en todos esos años. Hasta que una noche te vi pasar de la mano de quien hoy es tu amor y, aunque mi primera reacción fue una mezcla de rabia y dolor, te vi bien, feliz... y eso bastó para mi. 


        Ojalá nunca sepas con que ternura aún te miran mis ojos ni lo importante que eres para mí a día de hoy… y que lo serás siempre. Ni que nunca sepas todo lo que has significado en mi vida… lo que aún representas. El amor infinito con el que siempre te miraré… pero no, no esa clase de amor que tuvimos y no supimos cuidar (quizá también porque no era el momento correcto), esto que siento es otra clase de amor. Un amor desde el respeto, desde lo que fue y terminó. Un amor de ese que se enorgullece con tus pequeñas victorias y, desde la distancia más dolorosa, me parte en dos con tus caídas. Y pienso en lo mucho que me gustaría estar ahí para apoyarte en todo, para cuidarte como se cuida algo bonito, para ayudarte a levantarte o hacer tu caída menos dura… Y, aunque me frustra no poder estar y ser esas grandes amigas que un día fuimos, me alegro de que no estés sola, de que tu corazón esté ocupado por una persona que si sabe hacerte feliz, que es tu sonrisa y tu gran amor. Te hace feliz y está a tu lado, para mí, solo con lo primero, ya la convierte en una gran mujer. Tenéis suerte de teneros, igual que yo de tener a mi mujer.
No quiero pensar que no supimos hacerlo bien, quiero pensar que quizá no estábamos preparadas la una para la otra. Que aun teníamos mucho que vivir y crecer, y fuimos eso: un paso hacia la felicidad, un paso hacia delante en la vida, una enseñanza dura pero de la que (al menos yo), saqué muchas cosas muy bonitas.

           Yo también tengo suerte, y no solo por Vanessa, también porque, aunque sea tan en la distancia (y no hablo de distancia física), desde mi apartada cercanía, vuelvo a tenerte en mi vida y, aunque para mi no sea perfecto, me conformo con poderte disfrutar los pequeños ratos donde se te olvidan los recelos, dejas de tirarme puntillas y eres tu misma… aunque se que tu no sientes lo mismo y que verme tiene que ser para ti un poco desagradable. Siento ser egoísta otra vez, pero, ahora que te he recuperado un poco, espero no volver a perderte de nuevo. Me hace falta saber que estás bien… que eres feliz. Porque saberlo también me hace feliz a mí.

Y, ¿sabes lo más triste de todo? Que verte bien a mí me alegra el día, la semana… Pero para ti, ahora solo soy la invisible novia de tu amiga. Una molestia a veces, alguien a quien evitar o seguir juzgando, mientras yo te sigo mirando como un niño pequeño mira la Luna. Y no puedo culparte: Cada uno tenemos nuestros límites y hay cosas que no todo el mundo puede perdonar. Se lo mucho que la cagué y, te repito, jamás me perdonaré el haberte roto tanto.

En mi caso, a pesar de todo, eres y siempre serás tantas cosas para mí como recuerdos guardo. Tan especial como los grandes amores siempre son y sé que, aunque la vida te vuelva a llevar lejos de mí, lo que  siento no cambiará. Que siempre serás uno de esos grandes amores que nos marcan de por vida. Y decirte (aunque sé que nunca leerás esto y ya de igual), que estoy muy orgullosa de la mujer que eres (tan diferente a aquella que una noche vieja cenó conmigo por primera vez), que siempre irás conmigo, en mi corazón, no importa cuántas lanzas envenenadas sigas lanzándome, las resistiré. Que, si decides confiar en mí, nunca volveré a soltar tu mano. Y que si decides marcharte, no importará jamás el tiempo que pase… meses… años… da igual, SIEMPRE ESTARÉ, tal como te prometí, tal como siento en mi corazón.


Me llenas siempre de cosas tan bonitas que, llenarte de tantas cosas tristes a ti, duele demasiado.