Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

viernes, 30 de septiembre de 2016

Queridas mías


… Siempre me gustó la noche. Siempre seré una enamorada de la luna y cada pequeño punto titilante del cielo.

Y la soledad de estas noches frías donde, no importa desde donde, volvéis a mí en forma de tranquila y amarga sonrisa. Os recuerdo siempre cuando hace frío, con una tibia y tranquila taza de té entre las manos. ¿Cómo serán vuestras vidas ahora? Ojalá seáis tan felices como yo espero y, por un rato, os dedico a cada una esa ensoñación tan recurrente donde sois todo lo que siempre habéis querido ser: mujeres fuertes, felices y exitosas.

Queridas mías… ¿Seguiré siendo aquella que conocisteis o cuánto habré cambiado? En el fondo creo que he cambiado tanto que a veces ni yo me reconozco… ni me gusto, otras si. A veces me miro y empiezo a ser ese adulto que nunca quise ser: aquel que ahogó a su Peter Pan por no tener tiempo para jugar con él, que siempre anda demasiado ocupado en la realidad y olvidó soñar… No sé, al menos mi sonrisa ya no es la misma, hace años que cambió en algún momento y nunca he sabido volver a recuperarla del todo… supongo que es el precio que hay que pagar por llegar a ser ese “adulto” responsable que todos debemos de ser. Aunque, otras veces, en mis travesuras y en esa sonrisa maliciosa cuando las pienso, aun reconozco a "Peter Pan" luchando por no irse jamás. Espero que nunca termine de irse, lo necesito. 

Queridas mías… He vivido tantas cosas que es inevitable que te vayan cambiando poco a poco, pero tened por seguro que todas y cada una habéis formado parte de todo mi camino. Que desde que os conocí hasta ahora habéis aportado vuestro peso y cicatriz imborrable…. Aunque bueno, con el peso y paso del tiempo, las cosas que no se borran se difuminan y ya ni lo bueno fue tan bueno, ni lo malo fue tan malo. Pero, a veces, también pasa lo contrario: que lo bueno fue buenísimo y lo malo... se me olvidó.

Queridas mías… siempre lo que más pesa en mi corazón es todo lo que me faltó por deciros, las cosas que me hubiera gustado hacer antes de separar nuestros caminos y no pude… y he aprendido tanto de vosotras… aún me sorprendo pues, habiendo pasado tantos años sin veros a algunas, sigo aprendiendo de pequeños detalles que recuerdo, porque el burlón destino los pone en mi camino y, a vosotras, otra vez en mi cabeza. Pero siempre os acompaña una sonrisa esbozada en mi corazón.

Queridas mías… Con el paso de los años, a mi pesar, iréis siendo cada vez más. Tan diferentes, tan hermosas. Me hubiera gustado que, alguna vez, por un simple instante, pudierais haber visto lo que siempre he sentido por cada una de vosotras. Que os hubierais sentido dentro de mí, porque por mucho que os lo dijera entonces, (las palabras son algo que se lleva el viento y siempre están expuestas a la mentira) así sabríais que es cierto que tenéis un hueco dentro de mí y nunca os olvidaré. Y también, para que os hubierais visto con mis ojos, para que hubierais visto la clase de brillo que teníais, lo maravillosas que erais y, seguro, aun sois.

Queridas mías… Yolanda, Cynthia, Julia, Encarni… Siempre me quedaré con lo mejor de cada una, con el día que me enamoré de vosotras y un sinfín de momentos solo nuestros. Y no, no volvería atrás, pero aquí me tendréis siempre que lo necesitéis para abrazaros y ser el apoyo que una vez fui. Porque, queridas mías, nunca creí en un “adiós” eterno y el amor pesó siempre más que el rencor o el daño…

Hay luces que nunca se apagan, y fuisteis algo tan brillante cada una que siempre os llevaré conmigo, mejorando en cada nueva relación, aprendiendo de mis errores y siendo la mejor yo que sepa ser.

Ojalá algún día nuestros caminos vuelvan a cruzarse… Mientras tanto, siempre saborearé vuestro recuerdo con esta sonrisa, en el silencio de las noches de insomnio en las que queráis volver a mí. Es un placer siempre recibiros así. Cuidaos por favor.