Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

domingo, 27 de noviembre de 2016

Cuando desapareces


  • Despertar y encontrarte a mi lado,y sentir que no puedo ser más feliz.
  • Que me abraces aún medio dormida y oír tu corazón. 
  • Oír por enésima vez, como si nunca me la hubieras contado, aquella anécdota que me repites cada vez que pasamos por ciertos puntos de la ciudad.
  • Pedirte que me abraces cuando tengo un mal día o hacerlo yo.
  • Quitarte granos mientras refunfuñas.
  • Que huela mi ropa a ti cuando ya no estás. 
  • Decir alguna idiotez que te haga reírte a carcajadas.
  • Que te despiertes sobresaltada en medio de la noche y abrazarte para que te tranquilices. Oírte roncar al segundo.


...Como echo ya de menos todo eso... Te echo de menos a ti, si.

¿Cómo puedo echar tanto de menos tu sonrisa y abrazarte?, ¿en qué momento dejamos de ser suficiente la una para la otra?, ¿cuándo se rompió el amor en trozos tan pequeños?, Quizá nunca deberíamos de haber seguido intentando arreglar nada, ¿o si?, ¿te habrá merecido la pena?, ¿dónde están todas esas promesas rotas?, Si se que nunca cambiarás, que alejarnos es lo mejor, ¿por qué me muero de ganas de escribirte y decirte que te quiero?...

Puede que el amor nos volviera ciegas y, en realidad, no viéramos la mutua verdad, la incompatibilidad de carácteres: que éramos lo que la otra necesitaba pero no quería.

Y a veces pienso como sería mi vida si aquella noche no hubiera insistido en esperarte, en no hacerle el feo a la amiga que llegaba tan tarde con un redbull para mi cubata, ¿Cómo sería todo hoy?
Pero no me arrepiento de haberte conocido, para nada, porque se que te he amado con todo lo que soy, que he dejado que me hicieras trizas en tus días malos con tal de estar a tu lado y ser tu apoyo, con tal de que me sintieras ahí... Y se que tú, a tu rara manera, también me has querido, no me cabe duda. Aún hoy diría que nos queremos con locura, pero somos demasiado diferentes como para saber encajar nuestros mundos.

A veces es necesario soltar... Porque llega un punto que todo se vuelve niebla espesa, porque es mejor alejarse para dejarnos mutuamente de asfixiar y para respirar. Y lo nuestro se había vuelto tan tóxico ya que absolutamente todo, cualquier nimiedad, era objeto de la más acalorada discusión, y no mi amor, así no se puede vivir. Así se mata el amor, se muere un poco de cada una y se aviva el rencor... Y yo nunca quiero volver a sentir lo que aquella noche me descubrí sintiendo: me odiaría por ser la clase de persona que traiciona todo lo bonito vivido antes por un "mañana" que no supimos tejer. No, no voy a odiarte, ni a estar enfadada contigo por no haberte esforzado por mi. Solamente guardaré una sonrisa rota en mi boca cuando me hablen de ti y diré que no supimos entendernos, o me pondré melancólica recordando aquellos días de playa llenos de tanto amor, o lloraré cuando te eche tanto de menos como te echo hoy.

Se que el tiempo todo lo cura, pero, mientras pasa cada día tan lentamente, siento que nunca llegará la hora que me dé cuenta que ya no ocupas todo mi corazón, ni toda mi mente.

Ojalá hubiéramos sabido hacerlo bien: ser yo todo lo que buscabas y tú haber trabajado tu carácter. Supongo que no éramos la una para la otra... O quizá solo necesitemos nuestro tiempo lejos la una de la otra para cambiar y, al encontrarnos de nuevo, esta vez sí saber hacerlo funcionar... O quizá esto último sea un dulce engaño que me da esperanzas en un futuro juntas que se que nunca llegará: hace mucho que mi Peter Pan murió y dejé de creer en los milagros.

No aceptaste el anillo que te di para que me recordarás cuando sabía que ya no podría aguantar mucho más a tu lado, a sí que espero que, al menos tu recuerdo hacia mí deje de doler y sea bonito.
Te deseo que tengas en tu vida tanta felicidad como sentíamos sentadas juntas hablando en aquella playa.
Tantas risas como inmortalizan esas fotos y vídeos juntas.
Y tanto amor a tu alrededor como este que he sentido por ti (y aún siendo).

Churri, gorda... mi amor: gracias por haberme dejado quitarte la armadura y haberme dejado entrar en tu corazón... Espero que no vuelvas a ponértela nunca más y termines de quitártela algún día con la persona indicada.

Ojalá nunca más vuelvan a romperte el corazón y, si ya conoces algunos de mis pesares infinitos, el haberte echo daño es otro añadido a ellos, porque no fue queriendo (aunque a veces si lo fuera por el enfado, pero solo por eso).

Te quiero... Y se que siempre lo haré.



martes, 8 de noviembre de 2016

Echar de menos... Echarte de menos...



                      Te echo de menos, si, no es un secreto. Y me encuentro así, todos los días y a cada segundo, poniendo esfuerzo en no escribirte, en mantener mi mente ocupada sabiendo que quiero ocuparla para no pensar en ti. Pensar que no debo pensarte… aunque en el fondo si quiera porque así te siento un poco más cerca.

Pensar en si estarás bien, en qué harás, en si me echarás de menos o si quiera pensarás en mí.

O, cuando me permito esos momentos de libertad y me dejo pensar en ti, sentir que esa tristeza me asola, ese “echarte de menos”, y me permito pensar en todo este año, en las veces que tiré la toalla porque no podía más y que, al momento siguiente, pensé en cuanto te amaba, que quería estar contigo, que tenía que luchar un poco más… que quizá, al final, te dieras cuenta de mi esfuerzo y cambiaras lo suficiente. Ese “darte un poco más” que llegó un momento que se hizo demasiado y no quedó nada de mí.

¿Por qué te di siempre tantas oportunidades?, ¿Por qué esperé tantas veces ese cambio? …y siempre seguí teniendo fe a pesar de saber que nunca se produciría, que, una vez que yo dejase de insistir, de luchar, todo desaparecería…. Como ahora.

Supongo que cuando amas a alguien, siempre tienes la esperanza de que las cosas cambien y, esta vez si, funcionen… pero nunca lo hacen y cada vez nos frustramos más intentando ser la mejor parte de nosotros para la otra persona, y somos nosotros quien cambiamos, y somos nosotros quien lo damos todo… ¿Por qué permití perderme a mí misma por amor otra vez?

Al final, después de separar nuestros caminos, solo queda el autorreproche de pensar en lo idiotas que fuimos por darle todo nuestro corazón a alguien que nunca lo valoró, que no fue capaz de entregar ni un ápice de si mismo para hacernos felices.


“¿Y qué? Nadie nunca está obligado a cambiar por nadie… incluso por amor, porque nadie ama de manera igual, hay quien incluso confunden el amor con estar bien con una persona o el cariño con el amor, y quien no sabe querer a los demás por encima de ellos mismos.
Si diste todo de ti, nadie te lo pidió, ¡no haberlo dado!, nadie lo dará nunca por ti… y ¿ahora qué? Te quedas rota, con la sensación de estar desnuda en medio de una gran y fría, muy fría, ciudad…. Eres tonta, siempre te pasa lo mismo, está claro que jamás aprenderás”

Y, sin embargo, sabiendo que todo ha terminado ya, aun me da un vuelco el corazón cada vez que escucho el timbre, porque espero que aparezcas en mi puerta, me digas que si puedes pasar y me beses. O que me digas que me suba al coche y me lleves a esas playas donde, al principio, siempre íbamos a pasar horas abrazadas y hablando. Ver por una vez que soy más importante que tu orgullo, que me quieres un poco por encima de ti, por una vez, solo una vez.

Pero eso no pasará nunca, porque solo pasa en las películas… así que debo de dejar de pensar en ello, porque luego suena el timbre y nunca eres tú, y me rompo por dentro o me encojo de hombros triste: “¿Qué esperabas?”.



A si es que cada una hará su duelo particular hasta que dejemos de dolernos mutuamente.

                                                    Hasta que el olvido sane nuestros corazones.

                                                                                                Hasta que deje de echarte de menos.

Pero pasará, todo en esta vida pasa y si ahora no han sabido valorarte, alguien vendrá algún día que si sepa hacerlo. Que te quiera tanto como te mereces y te de tanto como tú das.

                                             

                                                          .... y llegó el jodido invierno...



lunes, 7 de noviembre de 2016

Advertencia a un corazón


Querido corazón: ya te he dicho que llegas en el momento menos indicado a mi vida.

Tú, que vienes cargado de cosas bonitas, siendo primavera en mi frío invierno. Y yo, aun rota, que no te dejo florecer.
Pero querida, no es culpa mía no poder darte algo que no tengo. ¿Quieres mi corazón? Entiende entonces que no está en mi pecho, que se lo di a alguien que me lo devolvió echo polvo. Entiende que he estado rota tanto tiempo que aún no me he recuperado, que no he tenido tiempo material para ello, que es pronto. Entiende que no te puedes llevar algo que ni yo sé dónde está porque no me pertenece.

Querido corazón, tendrás que darme tiempo y espacio. Tendrás que entender que habrá días en que te deje acercarte tanto que pienses que ya soy tuya y, por el contrario, otros en los que su recuerdo lo invada todo. Que puede que muchos días me veas mirando al cielo deseando que tú seas ella, y otros en que la eche tanto de menos que quizá me veas llorar y no te diga porqué (aunque seguro que lo intuyes). O que, por cosas del puto destino, volvamos a ser y tengas que apartarte… (¿ves? Aún creo en imposibles que no tienen arreglo y no pierdo la esperanza).

Sé que no será fácil pero aún estás a tiempo de irte, de escapar, de volver más adelante o no volver. O puedes quedarte y dejar que te arrastre al lado oscuro de mi corazón, vivir de la ilusión de que somos algo más que amigas por compartir nuestro día a día, por crear, poco a poco, esta complicidad que es no más que la de dos amigas (por ahora), e ir ganando poco a poco mi mundo entero.
Cero garantías por otra parte de que esto salga bien, de que ganes nada más que mi cariño o un polvo una noche de calentón.

Querido corazón, has venido antes de lo que yo esperaba a buscar a esta mujer a medias que no puede darte lo que quieres. Y no, no es culpa tuya, ni si quiera mía, es culpa del destino tener este tipo de prisa, pero no digas que no te lo advertí.

Tu solo piensa bien si te quedas o te vas, y si te quedas ten paciencia, se lo difícil que será pero no puedo ofrecerte otra cosa por ahora.
Y, cuando ella venga a mi mente (que vendrá porque vive ahí), abrázame fuerte y hazme reír, no te alejes, quédate y ayúdame a pegar los trocitos de lo que queda aún de mí, porque, si es cierto eso que dices de que cada momento juntas vale la pena, lo consigas o no, contará.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Queridas mías


… Siempre me gustó la noche. Siempre seré una enamorada de la luna y cada pequeño punto titilante del cielo.

Y la soledad de estas noches frías donde, no importa desde donde, volvéis a mí en forma de tranquila y amarga sonrisa. Os recuerdo siempre cuando hace frío, con una tibia y tranquila taza de té entre las manos. ¿Cómo serán vuestras vidas ahora? Ojalá seáis tan felices como yo espero y, por un rato, os dedico a cada una esa ensoñación tan recurrente donde sois todo lo que siempre habéis querido ser: mujeres fuertes, felices y exitosas.

Queridas mías… ¿Seguiré siendo aquella que conocisteis o cuánto habré cambiado? En el fondo creo que he cambiado tanto que a veces ni yo me reconozco… ni me gusto, otras si. A veces me miro y empiezo a ser ese adulto que nunca quise ser: aquel que ahogó a su Peter Pan por no tener tiempo para jugar con él, que siempre anda demasiado ocupado en la realidad y olvidó soñar… No sé, al menos mi sonrisa ya no es la misma, hace años que cambió en algún momento y nunca he sabido volver a recuperarla del todo… supongo que es el precio que hay que pagar por llegar a ser ese “adulto” responsable que todos debemos de ser. Aunque, otras veces, en mis travesuras y en esa sonrisa maliciosa cuando las pienso, aun reconozco a "Peter Pan" luchando por no irse jamás. Espero que nunca termine de irse, lo necesito. 

Queridas mías… He vivido tantas cosas que es inevitable que te vayan cambiando poco a poco, pero tened por seguro que todas y cada una habéis formado parte de todo mi camino. Que desde que os conocí hasta ahora habéis aportado vuestro peso y cicatriz imborrable…. Aunque bueno, con el peso y paso del tiempo, las cosas que no se borran se difuminan y ya ni lo bueno fue tan bueno, ni lo malo fue tan malo. Pero, a veces, también pasa lo contrario: que lo bueno fue buenísimo y lo malo... se me olvidó.

Queridas mías… siempre lo que más pesa en mi corazón es todo lo que me faltó por deciros, las cosas que me hubiera gustado hacer antes de separar nuestros caminos y no pude… y he aprendido tanto de vosotras… aún me sorprendo pues, habiendo pasado tantos años sin veros a algunas, sigo aprendiendo de pequeños detalles que recuerdo, porque el burlón destino los pone en mi camino y, a vosotras, otra vez en mi cabeza. Pero siempre os acompaña una sonrisa esbozada en mi corazón.

Queridas mías… Con el paso de los años, a mi pesar, iréis siendo cada vez más. Tan diferentes, tan hermosas. Me hubiera gustado que, alguna vez, por un simple instante, pudierais haber visto lo que siempre he sentido por cada una de vosotras. Que os hubierais sentido dentro de mí, porque por mucho que os lo dijera entonces, (las palabras son algo que se lleva el viento y siempre están expuestas a la mentira) así sabríais que es cierto que tenéis un hueco dentro de mí y nunca os olvidaré. Y también, para que os hubierais visto con mis ojos, para que hubierais visto la clase de brillo que teníais, lo maravillosas que erais y, seguro, aun sois.

Queridas mías… Yolanda, Cynthia, Julia, Encarni… Siempre me quedaré con lo mejor de cada una, con el día que me enamoré de vosotras y un sinfín de momentos solo nuestros. Y no, no volvería atrás, pero aquí me tendréis siempre que lo necesitéis para abrazaros y ser el apoyo que una vez fui. Porque, queridas mías, nunca creí en un “adiós” eterno y el amor pesó siempre más que el rencor o el daño…

Hay luces que nunca se apagan, y fuisteis algo tan brillante cada una que siempre os llevaré conmigo, mejorando en cada nueva relación, aprendiendo de mis errores y siendo la mejor yo que sepa ser.

Ojalá algún día nuestros caminos vuelvan a cruzarse… Mientras tanto, siempre saborearé vuestro recuerdo con esta sonrisa, en el silencio de las noches de insomnio en las que queráis volver a mí. Es un placer siempre recibiros así. Cuidaos por favor.




sábado, 25 de junio de 2016

Nunca el amor fue suficiente

              Mi amor, te escribo con lágrimas en los ojos y destrozada, que duro se me hace empezar esto sabiendo que es una despedida. Que ya no volveré a llamarte así, ni a decirte más que eres una gruñona, ni a acurrucarme contigo en mi cama o tu sofá... Me parte el alma recordar las miles de cosas que ya no haremos más, cada recuerdo se clava como un alfiler en mi corazón. Pero lo que más me duele es haberte fallado, no haber estado a la altura y haberte echo daño.

            Se que estás muy dolida, que me destrozas con palabras porque no puedes destrozarme con las manos... no me voy a defender, hazme trozos pequeños, haz esos trozos polvo y, después, sopla. Soy incapaz de hacerte daño conscientemente y, sabiendo que estás mal, que puede que en lo único que encuentres paz sea destrozándome, te dejo hacerlo. Te quiero lo suficiente como para perdonarte hasta lo que aún no has dicho o hecho.


       Todo esto empezó ya siendo difícil, pero te elegí a ti. Abandoné ser la princesa de alguien para ser otra plebeya más, y solo porque me enamoré pérdidamente de una mujer rota... y lo haría de nuevo.
Una mujer rodeada de complejos, insegura, difícil, escondida tras su escudo ...una mujer imperfecta, y me enamoré.
Nunca me importó tu físico: siempre he dicho que me gustan las mujeres rellenitas, con curvas, pero el hecho es que nunca nadie me ha atraído solo físicamente... sí es cierto que alguna vez he echado de menos el que te arreglases un poco para mí, pero jamás te he visto fea, ni aun recién salida de trabajar (oliendo fatal y sudada)... y más de una vez me has dicho, después de alguna idiotez de las mías, que si no me parecías guapa me buscase a otra. Sinceramente, nunca me ha hecho falta buscar a nadie: he tenido todas las mujeres que he querido, pero jamás te hubiera podido ver fea mi amor, no al menos mientras estuviera enamorada de ti.


Ya ves... ahora solo pienso en todas las veces que hemos discutido. ¿Realmente mereció la pena discutir tanto para no llegar a ningún lado? Somos dos orgullos demasiado enormes a veces. Y reconozco que a veces soy muy tremendista y me rindo (por lo menos de palabra, porque luego, realmente nunca lo hago), pero al final, fuistes tú quien tiraste la toalla... supongo que una de las dos tenía que hacerlo, que ya tocaba.

Mi amor... hay tantas cosas que te diría.. tantísimas... podría hacer esta carta eterna... pero supongo que al final, lo que importa, es el daño que nos hemos hecho mutuamente, las veces que nos hemos roto la una a la otra. Nos merecíamos mucho más la una de la otra.... y, por supuesto, nos merecemos ser felices.
No te puedes ni imaginar lo muchísimo que te he querido... que te quiero aún, lo que duele perderte, pero pasarás, como todo pasa, como todo deja de doler...
Eres y siempre serás otra de esas astillas de mi corazón, otra cicatriz y, como tal, a veces, aún habiendo pasado años, miraré atrás y doleras, y otras, sonreiré porque pude conocerte, pero está claro que nunca me perderás. Me tendrás cada vez que me necesites, no importa el tiempo que pase ni lo rota que me dejes al irte: estaré.

Gracias por ser, entre tanta niebla, una de las partes más bonita y brillantes de mi vida. Se que te recordaré siempre... espero que me olvides pronto.


"Si yo, tú... si tú, yo" para siempre