Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

lunes, 16 de octubre de 2017

Eso que pudo pero que no fué


Hemos sido muchas cosas. Aun somo muchas cosas.

Te quiero tanto aun, que todavía espero que aparezcas mirándome con esa cara de tonta con que me mirabas.

Pero nuestros caminos se han separado porque no supimos hacer de tu vida y la mía un conjunto. No supimos ser el equipo que yo siempre he soñado tener. Y duele. Pero duele con una sonrisa triste, una de esas sonrisas torcidas. Y sonrío porque se que lo que aun siento es de verdad. Que no has sido alguien con quien olvidar a alguien, que podrías haber sido tú la que acompañase mis pasos toda la vida.

Pero ya no estás…

Ahora, como al final de nuestra relación, me paso los días echando de menos muchas cosas de ti, y muchos momentos juntas. Hasta me descubro pensando que esto que estoy viendo te encantaría, o ese detalle sería ideal para ti, o lo mucho que me gustaría decirte que aquella nube se parece a cosas tontas que ya no recuerdo.

Otras veces, simplemente, me siento tonta por querer crear un mundo juntas sabiendo que esto no funcionaba… ¿Te puedes creer que estaba buscando el momento perfecto para proponerte eso tan tonto de casarnos? Que idiota eso de pensar que un anillo iba a cambiarnos, pero, a veces, cuando estamos desesperados hacemos cosas así de idiotas.

… Ahora tengo una cama de matrimonio que se me hace grande y una habitación de sobra. Las cosas cambian así de rápido y, quieras o no, la vida te lleva por donde ella quiere.



Sinceramente, se que te querré siempre y que me costará mucho, mucho, pero que mucho, decirte adiós. Tengo claro que eres la persona con la que podría compartir mi vida, pero no así. No como éramos. Y por mucho que me esforzase al principio por llegar a buen puerto nuestros días, nunca iba a ser posible porque me esforzaba por ser alguien que no era y tu no te enamoraste de esa persona. Igual que yo tampoco me enamoré de la persona que eras ahora. Yo me enamoré de alguien cariñoso, detallista (de momentos, de raptarme, de reírnos juntas y de besos en la frente)… en algún momento, todo se fue a la mierda y dejamos de ser esas personas. Y dejé que tu oscuridad apagase mi luz.



Siento mucho haber tomado yo la iniciativa, pero era algo que debía hacerse ya. Nos estábamos destruyendo mutuamente y entendí que yo ya no te hacía feliz, que debía dejarte ir para que lo fueras con alguien más. Ha sido más duro de lo que tu crees, pero necesitábamos hacer eso que prometimos no hacer: necesitábamos soltar nuestras manos y separar nuestros caminos para ser capaces de avanzar.



Y todos los días, cuando llego a casa esperando que estés esperando en el rellano, me siento en mi sofá y te imagino feliz, sonriendo y permitiéndote ser, por fin, esa mujer libre que yo vi y de la que me enamoré. Esa mujer que espero, algún día, te permitas ser.

Mientras tanto… espero que sepas que siempre me tendrás para lo que sea, que siempre me alegraré de saber de ti y de verte. Que te deseo lo mejor y espero que ojalá solo lleguen a mis oídos logros por tu parte. Y que, pasen los años que pasen, siempre te querré y siempre serás ese “pudo haber sido, pero no fue”




sábado, 23 de septiembre de 2017

Podría esperar arreglar la situación, como otras veces. O decirte muchas cosas que guardo: vaciarme de todo lo traicionada y despreciada que me siento por ti.

Pero ni quiero que vuelvas ya ni voy a decir nada, solo a quedarme así: acostada aquí mirando con el corazón roto, el lado de mi cama que SIEMPRE te esperaba y nunca llenaste.






Todo pasará y, como otras veces, volveré a sonreír, a brillar, a ser yo... Y el castigo a tu cobardía será no estar para verlo.

Aunque también saldrás adelante, me olvidarás y serás feliz... Al menos eso te deseo.

Cuídate mucho que nadie más lo va a hacer.

martes, 25 de julio de 2017

Insano


Tu y yo.
Yo y tú.
Da igual los factores o el orden.
Ambas.
Este amor insano donde no sabemos hacerlo mejor, pero, a pesar de destrozarnos, seguimos intentándolo (y ya van casi dos años al pie del cañón) …. aunque hay que reconocer que, quitado esta vez, llevamos un tiempo donde discutíamos muchísimo menos y parecía que se nos estaba dando mejor la cosa.

No es porque no nos queramos (que no hay duda de que nos queremos a rabiar), se trata de que la una no sabe llegar a la otra, de la falta de comunicación por ambas partes, de que nuestros mundos interiores chocan demasiado. Y nos peleamos, lo destrozamos todo y, sobre todo, a nosotras mismas y a la otra. Y tiramos la toalla con la firme promesa de que no volveremos a ser nada la una de la otra, no por enfado (que muchas veces si), si no porque no sabemos cómo seguir, porque nos estancamos, porque nos desesperamos y sentimos impotentes… Pero nos amamos tanto que siempre decidimos intentarlo una vez más… que nos juramos también que será la última vez que lo intentemos, que nos demos otra oportunidad, pero nunca lo es y, me da tanto miedo perderte, que, sinceramente, prefiero matarme contigo a que no estés… y eso sabiendo todo lo que valoro yo mi tranquilidad que hasta he renunciado a cierta parte de mi familia por ella. Pero no soy capaz de renunciar a ti… ni quiero de verdad (aunque a veces diga que sí)… Estoy segura que, aunque tú también lo digas, tampoco.



Lo más triste es que algún día llegará la cosa a un punto donde tu decidas que se terminó (porque seguro que serás tú, porque, por muchas veces que me aleje, te quiero tanto que siempre vuelvo a ti o te dejo volver) … Ese día sé que al principio no seremos muy conscientes de que esta vez si ha sido la última vez y esperaremos mutuamente que la otra de él paso (que ninguna de las dos dará)… o, directamente, pondrás distancia de por medio y, aunque te busque, no te encontraré.



¿Qué nos pasa?, ¿Por qué si nos queremos tanto, lo hacemos tan difícil?, ya no sé que nos queda por intentar, ni si volverás esta vez o será esa última vez ya. Espero que vuelvas ….Ojalá lo hagas porque yo ya no sé dónde buscarte más. Solo sé que muchas veces nos hemos separado ya, y lo odio, odio separarme de ti aunque sean 5 minutos, odio que te vayas a trabajar, o que llegues y tener que irme yo, pero estoy llegando a pensar que hasta nos viene bien “explotar” así, de esta manera tan insana, para darnos cuenta de lo mucho que nos echamos de menos y de lo mucho que nos queremos en realidad… o por lo menos, eso creo. Que alejarnos y volver, rompernos y juntas reconstruirnos, es nuestra forma de coexistir. Es insana si, lo peor, pero es nuestra manera de querernos… por lo menos hasta que aprendamos a querernos de otra manera o a no querernos (que espero que esto último no llegue nunca y, aunque me destroces tanto como yo a ti, seguir queriéndote siempre).



Aunque hoy es uno de esos días tristes donde te has ido… y, aunque te he buscado hasta debajo de las piedras, no sé dónde estás para ir a buscarte. ¡Ni si quiera sé si quieres que lo haga!... puede que esta vez, sea esa vez, donde no haya vuelta atrás.

Solo me resta tener paciencia, esperar que vuelvas e, infelizmente feliz, compartir el resto de nuestra vida juntas, sea como sea, pero a tu lado, porque si, te quiero tanto, que ni imaginártelo creo que puedes (porque a veces me sorprendo hasta yo). Y sé que si seguimos intentándolo aun casi después de dos años de lucha, es porque nos queremos… y eso, diga lo que diga cuando me enciendo enfadada, algo tendrá que contar, ¿no?




lunes, 1 de mayo de 2017

Juguemos a suponer

Por suponer, supongamos que me echas de menos tanto como yo a ti.
Y que, esta vez, sabremos hacerlo bien.
Y supongamos que nunca discutimos por nada
...ni se nos gastan los besos
...ni las sonrisas
...ni nos cansamos de mirarnos con cara de idiotas
...ni nos acordamos del ego
...ni de llorar.
...ni se nos olvida decirnos cada día un "te quiero" al menos.

Por suponer, supongamos que el amor que nos tenemos es más fuerte que todo lo demás.
Y que nos quedamos dormidas abrazadas...o mirándonos a la cara sin más.


Por suponer, supongamos un mundo juntas, una vida que no será suficiente para tanta felicidad.

...o dejemos de suponer y volvamos a la realidad, donde ya no existe el "si tú, yo" ni el "si yo, tú".
Donde solo existes tú y yo, sin un nosotras. Donde ya no existimos.
Donde el amor, nunca es suficiente.


viernes, 28 de abril de 2017

Diosas, mortales y bichos


...Y apareces de la nada y mi mundo se sorprende, se sonroja, se queda atónito y mudo.



No lo esperaba, pero cuántas noches, hace años, soñaba justo con este sentimiento de sorpresa y felicidad que ahora me paraliza.

 A veces se puede sentir miedo y estar feliz a la vez.

 Pero el caso es que has vuelto... Y soy totalmente consciente de que, igual que has aparecido así, de la nada, también de repente y sin más, te irás: nunca te quedaste lo que yo hubiese querido, pero si lo suficiente como para levantar la costra de tu herida.



Se desde siempre que para ti no soy nada... O quizá me viste como aquella persona que nos alaga pero que no le damos mayor importancia: a todos nos gusta sentirnos alagados, sentirnos bien. Como ese enamorado que te corteja por el que no se siente nada, pero nos hace gracia y lo dejamos seguir con su ilusión. Eso fui para ti.



Yo, en cambio, te adoraba como se adora a un dios, y no, no es blasfemar decir eso, porque para mí, eras la creadora de todo lo que habitaba en mi mundo: lo más luminoso y lo más triste.

Siempre tú: tan oscura y brillante a la vez... Y esa sonrisa (tan triste casi siempre) que hacía que el corazón explotara dentro de mi pecho en mil colores.
Mirarte hacer cualquier cosa era mi deporte favorito: me podía pasar horas sin moverme pendiente de cada movimiento de tu pelo. Tenerte cerca era el mayor regalo del mundo.... Y oírte hablar de lo que fuera, y oler tu perfume cuando pasabas... Toda tú eras magia. Eras mi diosa.

Pero, como todos los soberbios dioses, yo solo era otro de los muchos mortales que te adoraban. Y, ¡no me extraña!, porque lo tenías todo: belleza, juventud, poder... Pero la belleza y la juventud pasan con los años, el poder se pierde y la admiración (como la deidad), desaparece al crecer y hacernos mortales.



Diosa mía, nunca supiste el poder que esos ojos tristes te otorgaban, ni creo que te llegases si quiera a imaginar el tipo de poder que ejercías toda tú sobre mí, que te habría dado mi vida gustosa aun sabiendo que la hubieras destrozado... Ni te imaginas las veces que le pedí al cielo cambiar mi vida por la de tu padre y ser yo la que enfermarse con tal de que tu vida siguiera igual, de que no derramases ninguna lágrima más.

Y no, lo que sentía por ti nunca fue la calenturienta mente de una adolescente, que va. De echo, te idolatraba tantísimo que para mí eran pecado esos sueños dónde te desnudaba y recorría cada rincón de tu cuerpo... Eran muy escasos porque me castigaba por semejante atrocidad. Pero, ¿Cómo se iba a fijar una diosa en un insecto?



Y pasamos por lo menos cinco años así: tú, inconsciente de ser mi diosa y yo, idolatrando cada mirada, cada movimiento y cada milímetro de tu ser.

Incluso te hacía mis ofrendas: cumpleaños planeados meses antes y al detalle para hacerte sonreír, recreos dedicados a ti, detalles por qué sí, cartas, un libro entero de poesías contigo por musa, otro entero de textos dónde te cambiaba el nombre pero te confesaba mi amor... Todo era poco para ti. Cómo pago siempre obtenía una sonrisa que para mí era más que mil diamantes:  Una diosa se merece siempre lo mejor por derecho divino y sus siervos se lo dan todo sin pedir nada.

Pero no era mi caso del todo. Con el tiempo, no siempre me conformaba con el pago de tu sonrisa (sobre todo en los últimos años). A veces esperaba un abrazo por lo menos o algún detalle así, que en ninguno de aquellos cinco años, llegó.

Lo mejor de todo esto es que, como buena diosa que eras, cuando empezaba a perder mi fe, aparecías con un detalle tonto que me daba esperanzas y me hacía volver a venerarte: Una flexo, unas planchas del pelo y un colgante son todo lo material que guardo de ti... Y me supieron tan a gloria aquellas cosas materiales, que supongo que bastaron como premio a mi ofrenda diaria. Aunque, sin duda, el mejor regalo (y el mejor día de mi vida) fue el día que viniste a mi casa a celebrar tu cumpleaños. Fue indescriptible... Cómo cuando a los seguidores de otro dios presencian un milagro, o como conocer a tu ídolo o... No sé, no había palabras, solo dicha. Porque yo tampoco era digna de que entraras en mí casa, pero una palabra tuya bastaba para sanarme.



Y, claro, a nadie se le escapaba el hecho de que estaba loca por ti. Hasta tus compañeros se reían de mí... Otros incluso intentaban convencerme de tu oscuridad (no eras muy popular para según quién)... ¡¡Pobres paganos ilusos!! ¿acaso creían que no veía también tu lado más oscuro? Era perfectamente consciente de él porque te esforzabas tanto por esconderlo que lo hacías brillar en fosforito. Pero no. Nada, absolutamente nada, apagaría jamás mi devoción por ti, hasta tus errores y defectos, eran preciosamente sagrados.



Lo curioso de esto es que, por muchos años que han pasado sigo sintiendo por ti esa misma sensación de ser un bicho al lado de un dios. Pero no, no nos engañemos, ahora he crecido: mi concepto del amor es otro distinto al de entonces, tengo otra autoestima, más madurez y mucha de tu oscuridad. Mi corazón ya no es tan fácil de impresionar, por mi cama han pasado demasiadas mujeres y ya no idolatro ni creo en ningún dios... En realidad, creo que no idolatro nada: ni dioses ni humanos. Quizá pusiste el listón muy alto, pero soy perfectamente consciente de que, como explícitamente no diste pie a nada, supongo que la culpa fue solo mía. Aunque, hay que reconocer que tú manera de desaparecer de mi mundo fue una gran putada... Por mucho que a través de tu propio miedo quisiera justificarte, lo cierto es que tras tantos años haciendo acopio de valor para decirte lo que sentía, cuando por fin te lo escribí, sin darme opción a cruzar ninguna palabra, desapareciste. Esperaba más madurez por tu parte, fue una putada si. Y lo sigue siendo, porque han pasado más de 10 años ya, y este tema siempre ha sido tabú entre nosotras hasta un punto que me da qué pensar a veces.... Pero no, no puede ser, una diosa no se fijaría jamás en un bicho, ¿no?



Y me dejaste tan rota… Hay personas que matan el dolor con litros de alcohol. Yo lo diluí entre tiempo y justificaciones de cosas que, en verdad, no tenían justificación... Y fue ahí donde, mi queridísima diosa, pasaste a ser tan mortal como yo: no es que te cayeses del pedestal donde te idolatraba, es que el pedestal se hizo inalcanzable para ti. Ahora eras una mortal a la que el miedo había hecho cobarde. Incapaz de enfrentarse a una niña enamorada... O quizá, incapaz de enfrentarse a si misma. Solo tú podrás resolver eso.

En cualquier caso, fue una putada y, aún hoy hay cosas que escuecen si miro atrás.





Pero, es curioso como tantos años después, aún sabiéndote ya tan mortal como yo, y aun estando tan lejos de ese pedestal, sigo sintiéndome tan insignificante a tu lado... Espero que por la costumbre de tantos años siendo diosa el no saberte ver mortal ahora... Como mirar toda la vida con unas gafas sucias, cuando cambias de gafas, lo nuevo y extraño que es el mundo… pero no es el mundo el que ha cambiado, él siempre había sido el mismo.

Costumbre, sin duda.



Querida diosa de otro tiempo:

Me alegra ver, ahora que apareces, que no has cambiado nada. Que conservas intacta tu oscuridad, tu hermetismo y esas ínfulas de diosa todopoderosa... Como una actriz que fue famosa hace años, pero que está venida a menos, aunque sigue conservando la soberbia de entonces. (Entiéndase por soberbia la creencia de ser un ser superior, digno de admirar).

Noooo... Eso no era una crítica. Precisamente yo te nombré mi diosa aun sabiendo todo eso, te di tú poder y mi corazón, y me hice un insecto espectador de tu grandeza. Amaba tu oscuridad tanto, que quise volverme oscura yo también… quizá lo conseguí. Te amaba como una polilla ama la luz: igual de destructivamente.

Y, sin embargo, me diste tantas cosas bonitas que soy incapaz de sentir por ti otra cosa que no sea gratitud.



Contigo descubrí lo que era amar a alguien así: tan insana y profundamente. Aprendí a tener paciencia (en todos los aspectos de la vida), a ser meticulosa y detallista, a limpiarme los mocos y seguir adelante, a priorizar (aunque es ahora cuando estoy aprendiendo a priorizarme a mi) ... Y me di cuenta que en mi orientación, como tantas otras cosas, la brújula señalaba hacia otro lado.



Pero si hay algo que de verdad aprendí fue la humanidad que hay detrás de lo divino y viceversa, y lo hermoso que es ese instante donde un dios se vuelve humano y un humano hace cosas divinas (porque, como ya te he dicho, no creo ya en deidades). Si lo miras desde los ojos del dios o el ciego seguidor, ver a un dios hacerse mortal es decepcionante, frustrante y te deja una sensación muy fea con sabor a desconcierto.

Pero si ves esa transformación desde los ojos del insecto que yo un día también fui, ver a un dios transformarse en hombre es entender que no hay nada más grande que uno mismo, que todo dios es humano, que todo lo perfecto también tiene errores. Es entender que no hay blanco sin negro, grande sin pequeño ni dios sin hombre. Y que cualquier mortal puede llegar a ser un dios y cualquier gusano, mariposa.



Fue hermoso como pocas cosas en la vida. Y tú hiciste eso, aunque para mi bajaste un eslabón, te convertiste en esperanza.



Así es que, querida diosa de antaño, tu sabor sigue siendo agridulce. Un poco agrio para mi memoria y muy dulce si lo miro ahora, en retrospectiva.



Y yo, por mi parte, pasé de insecto mortal a estar ahora en la escuela de diosas, donde enseñan que está bien esto de agradecer lo bueno de la vida. También enseñan cómo hacerse magia y hacerla con pequeñas cosas, a desprenderse de las cargas negativas, a tener ese brillo propio de diosa, y a volar… entre otras muchas cosas. Espero no desvirtuar ninguna de esas enseñanzas y ser una diosa de verdad, de las que brilla en fosforito subrayador. Una diosa subrayada en mayúsculas, no una oscura, como un día lo fuiste tú.