Soñamos tantas cosas juntos, llenamos tantos huecos vacíos y rompimos tantas reglas establecidas… Intercambiamos costumbres, corazones y miradas de complicidad, fuimos un gran apoyo mutuo y los mejores amigos al tratar de mantenernos a flote a pesar de todo y todos. Éramos contrarios en todo: tú tan serio y reservado, yo tan alocada y sonriente… tú tan frío y distante a veces, yo demasiado cálida y cercana siempre… tú que tanto cuidabas tu apariencia, yo que me ponía la primera sonrisa que pillaba… y prácticamente, a pesar de todo, iguales en almas.
Pero el tiempo pasó y ese “todo” murió: Siempre intentabas alejarme de ti con la excusa de no querer hacerme daño, pero luego siempre, cuando me alejaba, me hacías ver cuan importante era para ti que siguiera ahí, que aguantara… Hasta que un día ambos nos cansamos de eso y ya la distancia se hizo cada vez mayor y más fuerte que mis ganas de luchar por aquello, por ti y por mi. Tú lo mataste y yo aprendí demasiado rápido, quizá, a ser ese prototipo sonriente de actriz encadenada a su propio papel.
Y hoy reapareces. Justo hoy, hoy que para nada te esperaba, hoy que es solo un día cualquiera, un día más, sin nada especial… Solo hoy. Y hoy nos reconocemos en medio de la multitud y nuestras miradas se cruzan sin saber qué decir, demasiado tiempo ha pasado, demasiado lejos el uno del otro, demasiadas heridas que comienzan otra vez a sangrar. Somos dos desconocidos que se conocieron y que ahora nadan asustados en medio de dos vidas separadas que una vez se juntaron. Demasiado conocidos como para bajar la mirada y seguir nuestro camino pero eso precisamente es lo que ambos hacemos: quizá sea el miedo a no saber qué decir, quizá sea el no saber cómo decirlo, quizá sea vergüenza, quizá sea así más fácil…
Pero en nuestras miradas ambos hemos reconocido esa expresión de sorpresa, de no poder creer que justo hoy y justo ahí, el tiempo volviera atrás tantos años en una sola mirada encontrada.
Y yo, ahora soy consciente de que siempre has estado detrás de mí, a mi espalda, estando en mi presente sin yo saberlo: previniéndome tu recuerdo en cada nueva relación, incluso hoy me doy cuenta de que aún tengo muchas de tus manías de entonces. … te eché de menos tanto y tantas veces… No sabes lo duro que fue ver pasar los años sin ti. Hasta que un día, de repente y sin más, te olvidé.
Pero no fuí yo la que se marchó, fuiste tú el que me perdiste: Y yo te seguí incluso rota y abrí ante ti un mundo de posibilidades porque entonces supe que este día llegaría y, ¿Cómo iba yo a perdonarme sin saber a ciencia cierta que hice todo lo posible porque aquello saliera bien?, ¿Con qué cara me iba a mirar a mi misma cuando esto sucediera cuándo años después nos reencontráramos y me reprochase no haberlo intentado todo?... Puedo estar tranquila en ese sentido, te seguí hasta incluso perderme yo, luché hasta contra mi misma y hubiera dejado todo lo que era y tenía por haber estado contigo, no importa donde, no importa como… Te quise de verdad, como jamás aún hoy he querido a nadie. No fuiste mi primer amor, pero se que si el más importante.
Pero todo esto se terminó. Al final me rendí dejé que me alejaras y tu orgullo te impidió rescatarme la única vez que de ti dependió hacerlo. No viniste, yo te esperaba y no viniste.
…Y me pregunté tantas veces si todo aquello fue real, si de verdad me quisiste, si de verdad esa mirada de felicidad en tus ojos era de verdad tuya o yo la soñé... Pero ya recordar esto de nada sirve porque hemos sido dos conocidos que se desconocen, que se han cruzado en medio de la nada, dos adultos cobardes que ahora siguen su camino en opuestas direcciones con el corazón encogido y amándose aún más que a nada. Dos exclamaciones silenciosas, porque al final callarse siempre fue la forma fácil de engañarse, de dejar sin más de luchar.
… Yo nunca dejé de amarte, solo lo callé.


