Mi amor, te escribo con lágrimas en los ojos y destrozada, que duro se me hace empezar esto sabiendo que es una despedida. Que ya no volveré a llamarte así, ni a decirte más que eres una gruñona, ni a acurrucarme contigo en mi cama o tu sofá... Me parte el alma recordar las miles de cosas que ya no haremos más, cada recuerdo se clava como un alfiler en mi corazón. Pero lo que más me duele es haberte fallado, no haber estado a la altura y haberte echo daño.
Se que estás muy dolida, que me destrozas con palabras porque no puedes destrozarme con las manos... no me voy a defender, hazme trozos pequeños, haz esos trozos polvo y, después, sopla. Soy incapaz de hacerte daño conscientemente y, sabiendo que estás mal, que puede que en lo único que encuentres paz sea destrozándome, te dejo hacerlo. Te quiero lo suficiente como para perdonarte hasta lo que aún no has dicho o hecho.
Todo esto empezó ya siendo difícil, pero te elegí a ti. Abandoné ser la princesa de alguien para ser otra plebeya más, y solo porque me enamoré pérdidamente de una mujer rota... y lo haría de nuevo.
Una mujer rodeada de complejos, insegura, difícil, escondida tras su escudo ...una mujer imperfecta, y me enamoré.
Nunca me importó tu físico: siempre he dicho que me gustan las mujeres rellenitas, con curvas, pero el hecho es que nunca nadie me ha atraído solo físicamente... sí es cierto que alguna vez he echado de menos el que te arreglases un poco para mí, pero jamás te he visto fea, ni aun recién salida de trabajar (oliendo fatal y sudada)... y más de una vez me has dicho, después de alguna idiotez de las mías, que si no me parecías guapa me buscase a otra. Sinceramente, nunca me ha hecho falta buscar a nadie: he tenido todas las mujeres que he querido, pero jamás te hubiera podido ver fea mi amor, no al menos mientras estuviera enamorada de ti.
Ya ves... ahora solo pienso en todas las veces que hemos discutido. ¿Realmente mereció la pena discutir tanto para no llegar a ningún lado? Somos dos orgullos demasiado enormes a veces. Y reconozco que a veces soy muy tremendista y me rindo (por lo menos de palabra, porque luego, realmente nunca lo hago), pero al final, fuistes tú quien tiraste la toalla... supongo que una de las dos tenía que hacerlo, que ya tocaba.
Mi amor... hay tantas cosas que te diría.. tantísimas... podría hacer esta carta eterna... pero supongo que al final, lo que importa, es el daño que nos hemos hecho mutuamente, las veces que nos hemos roto la una a la otra. Nos merecíamos mucho más la una de la otra.... y, por supuesto, nos merecemos ser felices.
No te puedes ni imaginar lo muchísimo que te he querido... que te quiero aún, lo que duele perderte, pero pasarás, como todo pasa, como todo deja de doler...
Eres y siempre serás otra de esas astillas de mi corazón, otra cicatriz y, como tal, a veces, aún habiendo pasado años, miraré atrás y doleras, y otras, sonreiré porque pude conocerte, pero está claro que nunca me perderás. Me tendrás cada vez que me necesites, no importa el tiempo que pase ni lo rota que me dejes al irte: estaré.
Gracias por ser, entre tanta niebla, una de las partes más bonita y brillantes de mi vida. Se que te recordaré siempre... espero que me olvides pronto.
"Si yo, tú... si tú, yo" para siempre
