Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

miércoles, 25 de julio de 2012

Caricias en tu espalda...


Es por la tarde, estamos en la playa con todas las demás y rodeadas de gente pero, por alguna extraña razón, parece como si estuviéramos solas, como si nada importase. Estamos tumbadas bocarriba tomando el sol, la una junto a la otra.

Vuelvo mi cara hacia ti y te sonrío mientras me miras y me regresas la sonrisa. Cierro los ojos mirando hacia el sol mientras entrelazo mi mano con la tuya. Seguimos tomando el sol por un rato.

Hace mucho calor y te das la vuelta, dándole la espalda al sol. Te vuelvo a mirar y a sonreír. Agarro tu mano y la pongo sobre mi barriga. Dibujas con tus dedos formas abstractas por mi ombligo y vas ampliando aquellas formas hasta introducir uno de tus dedos por debajo de mi bikini. Rozas con la punta de tus dedos muy suavemente uno de mis pezones y yo, que sigo con los ojos cerrados, medio dibujo una sonrisa en mi cara. 

Te acercas a mi ombligo con tu cara y lo besas. Y vas borrando con tu boca el rastro que antes dejó tu mano, hasta llegar a mis pechos. Muerdes uno de mis pechos y me rio: “me haces cosquillas”. Te ríes al ver cómo me rio, pasas uno de tus dedos por mis labios y los besas con un pico, un beso pequeñito de los que tanto me gustan y te quedas mirándome. Siento tú corazón latir sobre mí. No digo nada, te doy otro beso y, con una sonrisa, me levanto para irme al agua. Me miras mientras me voy metiendo en el mar y luego, cuando el agua me cubre casi por completo, me sigues. 

Llegas hasta donde estoy y te abrazo entrelazando mis piernas a tu cuerpo: “Pensaba que no vendrías” - sonrío y apoyo mi cara en tu cuello - “No hay otro lugar donde quiera estar que aquí, entre tus piernas”. Recorres con tus manos mi espalda volviendo a esbozar formas imprevisibles, te muerdo y beso el cuello… Tú sigues con tus formas en mi espalda, como si tus manos temieran salir de esos extraños círculos, las agarro y las pongo en mi culo. Tú las metes por dentro de la braga de mi bikini y acaricias mi culo y mis muslos, intentas besarme pero solo encuentras mi cuello y lo muerdes, me haces cosquillas y, del salto que doy, caigo al agua y me río. 

Un capuzón. 

Te ríes tú también y mientras me limpio el agua de los ojos, vuelves a tirar de mí hacia ti y te colocas otra vez como estabas: entre mis piernas, con tus manos dentro de mi bikini. Mientras muerdo tu cuello y voy bajando por tus pechos, vas adelantando tus manos por mi cuerpo y te dejo tocar todo de mí. 

Respiras muy fuerte y oírte me hace sonreír. Intentas introducir tus dedos en mí pero, aunque yo quiero, mi cuerpo vuelve a saltar y se quita. Me miras unos segundos con cara de “La he cagado” y te miro yo también seria. Pero me acerco a ti, te abrazo haciendo mi cuerpo flotar en el agua y te doy otro beso pequeñito: “lo siento” – rodeo tu cuerpo con mis brazos por un rato. 

Después, voy dando pequeños bocados por toda tu piel otra vez y esta vez soy yo la que meto mis manos bajo tu biquini haciéndote subir y bajar al ritmo de las olas…


miércoles, 11 de julio de 2012

Dulce caos


No sé que he visto en ti. 

No eres el prototipo de chica que siempre ha acompañado mis latidos. Ni si quiera te pareces en nada a ninguna de ellas.
Pero me paso el día sonriendo y pensando en ti. Soñando ese beso que tanto pánico me da. Imaginándonos en ese poquito de intimidad, labio a labio, mano con mano… y los pelos de mi cuerpo, que no entienden que sea aquello un sueño, se ponen de puntillas para intentar tocarte.

No sé que veo en ti, pero me gusta tenerte cerca, aunque me ponga tan nerviosa e incluso abandone mis maneras.
Y me hablas y, muchas veces, simplemente, me pierdo en tu boca soñando ese beso... No sé muy bien qué es lo que me mantiene sentada para no saltar sobre ti. 
Y, siento que me derrito cuando alguna parte de tu cuerpo roza alguna parte del mío. Mis piernas se vuelven como un helado puesto al sol.
Y me asusta… me asusta sentirme así. Me da un miedo terrible sentir estas ganas inmensurables de comerte entera… 
 Me da pánico saber que no me puedo enamorar de ti y llegar a hacerlo.

¿De dónde sale todo esto que siento? Y, lo más importante… ¿Desde cuándo está ahí?

Haces que pierda las riendas de mí misma y, aunque me agobie un poco, me siento en la felicidad suprema en medio de este descontrol que tú sola creaste. 

Pienso, pienso, y pienso que no son tus circunstancias… podría vivir con ellas, ya las enfrenté antes, (aunque por separado y en raciones). Que son mis circunstancias, mis miedos. Que, aunque esté preparada para empezar algo, me da miedo no saber cerrarlo luego o no saber pararlo dentro de mi corazón. 


Que me gustas mucho y me da pánico quererte por miedo a que no lo sientas tú.
Pero que me dejaré llevar por el corazón que, aunque siempre me lleve por caminos que me hacen llorar, al volver la vista atrás me doy cuenta de que siempre merece la pena andarlos.

¿Y ahora?, ¿qué pasará?.. ¿Andarás conmigo o serás otra ilusión?...

Dulce tentación...


domingo, 1 de julio de 2012

Mi cuarto año a tu lado... (T.)


Te conocí hace ya seis años, a mis dieciséis. Y compartimos trabajo y día a día, todos los veranos durante los tres primeros años.
Luego me marché dos años fuera, lejos de aquello que nos unía, para volver este, mi cuarto año. ya junto a tí.
Y, después de haber muerto ya dos años lejos de ese lugar, siento que el tiempo no ha pasado. Que aquel pequeño infierno perdido en medio de extraños y entremezclados olores, polvo, sudor, carreras y prisas de once horas diarias, no ha cambiado en absoluto y, estando tú, todo se hace más llevadero.


Con tus gritos, tus toscas maneras en todo… siendo tan diferente a todo lo que me ha gustado siempre o ha ido en el estilo de mis conquistas… me pregunto ¿Qué veo en ti?

Sonries y no se estar seria. 
 
Trabajamos codo con codo, nos cruzamos cientos de veces en tan solo una mañana y jamás llegamos a mantener más de un segundo nuestras miradas. 

Pero cuando notas que estoy seria o triste me hablas con condescendencia, con tu mejor voz… Que, conociéndote, sé que es un privilegio tan grande como el sol.

Sé que no va a pasar nada. Tampoco te veo de esa manera. Esto es como un amor sin pasión: Sentir algo sin llegar a arriesgar nada, ni si quiera un pedacito de corazón. 

Y, año tras año, sigues allí. Haciendo de un infierno, un sitio más alegre, más ameno… más bonito.