Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

domingo, 30 de diciembre de 2018

Feliz 2019 mi amor

         Aquella tarde fue la última que té abracé, que te besé, que sentí mi corazón entero latiendo feliz por tenerte.
Aquella tarde todo parecia perfecto, y esa noche fue la última en vernos.

Y no sabes lo dificiles que han sido estas navidades sin ti: mi familia, la otra mitad de mi corazón. Y no sabes lo dificil que es terminar el año sin que lo primero que haga sea besarte, abrazarte... sonreír porque, a pesar de todo, nuestro amor ha sido tan grande que lo hemos conseguido otro año mas... Aunque esta vez no haya sido así. Aunque esta vez no lo hayamos logrado.

Ahora todo es diferente y, aun vivido todo lo vivido y perdido a tanta gente importante ya, esta navidad ha sido la única donde realmente he sentido que me faltaba alguien.
Y sé que, a pesar de quién esta noche comparta mi cama, aun sigo esperando que aparezcas, me sonrías y beses sin que nada mas importe. Solamente tú y yo y ese infinito momento.
Por qué no es con quién ocupe mis ratos libres, es quién, en los momentos ocupados llena mi corazón y mi mente, es a quien echo de menos cuando estoy rodeada de gente, es con quién realmente me gustaría estar cuando tengo un buen día.
Y esa eres tú... y supongo que lo serás por mucho tiempo aún.

Espero que la vida te de todo lo que necesitas para ser feliz y, desde la distancia, espero que no olvides que aun te quiero más que a nadie en el mundo. Que sigues siendo mi amor, mi familia, la cabezota gruñona que me robó el corazón y por quién dejé todo aquella noche tan extraña hace tantos momentos ya.

Feliz 2019 mi amor... Y feliz vida, que la mía sin ti se ha quedado coja.

domingo, 7 de octubre de 2018

Casi...

Tenerte tan cerca que podía olerte de nuevo, que podría estirar mis brazos y abrazarte. Con el corazón galopándome en la boca y, con la punta de mis dedos casi tocando tu espalda, que me invada el miedo a tu reacción y pararme en seco dejando que te pierdas entre la gente.

Así de cerca te he tenido esta noche... Y no he sabido que hacer, ni cómo reaccionar... Hasta que al final el miedo me ha paralizado y te he dejado ir.

El miedo a que verme te duela tanto como a mí, miedo a tu rechazo, a tu rencor, al dolor de tener que decirte adiós, el miedo de no saber cómo saludarte después de 3 años juntas...

Dos besos en las mejillas? Quizá te haga daño sentirme de nuevo tan cerca.

Un adiós sin más con la mano? Quizá pienses que es frío y te duela.

Saludarte como a otra más de mis amigas? Quizá creas que no me importas.

No saludarte? Quizá pienses que soy orgullosa.

En cualquiera caso, creo que, a pesar de tenerme tan cerca, no me has visto... Y te has perdido entre la gente.

Y no sabes las ganas de volver a tropezarme contigo, ni lo encogido que se me ha quedado el corazón por no volverte a ver.
Es muy duro querer tantísimo a alguien con quien no puedes ser feliz. Es desolador tener que decirme todos los días que el amor desaparecerá con la distancia y tratar de explicarle a mi corazón cabezota que mejor un dolor de lejos que destrozarnos estando cerca. Pero no lo quiere entender, el solo te echa de menos y se ha roto un poquito más por haberte querido abrazar y no haber podido.



... Al final, lo único que importa es que, aunque yo me quede devastada en esta cama que también te echa de menos, tú te veías contenta arropada por tus amigas...
Nunca dejes de sonreír reír mi amor, nada hay más bonito que tú sonrisa (cuando es de verdad).

domingo, 22 de abril de 2018

La magia de volverte a ver


              Y, como por arte de magia, vuelvo a creer en los milagros… Porque ha sido un milagro volver a tenerte en mi vida, aunque sea así, tan cerca y tan lejos a la vez.

                 Ojalá nunca sepas la verdad de aquellos días y te quedes solamente con las mentiras que te hicieron odiarme así, tanto como para romper la promesa que nos hicimos y sacarme de tu vida. Nunca tuve la oportunidad de defenderme de todo lo que se me acusó. Eso me dolió mas que nada. Pero, ¿De que serviría? Es un hecho que me has odiado durante tanto tiempo que ya la costumbre es más fuerte que cualquier otra cosa. Y, por mucho que me encantaría cambiar el modo en que decidiste creer en otros y no creer en la persona que conociste durante dos años, el hecho es que yo también decidí recorrer el mismo camino… aunque, con el tiempo, supe ver que esa que otros me describían no eras tú, no era quien yo había conocido durante dos años, y retrocedí… Pero ya era demasiado tarde: el daño estaba hecho y no se podía remediar.


       Ojalá nunca llegues a saber que lo único que a fecha de hoy no soy capaz de perdonarme es el haberte hecho tanto daño. Que aun hoy, pasados ya más de cinco años, se me parte el alma por haberte dejado aquella noche así, sentada en el suelo de la galería llorando con ese gesto de estar rota. Aunque puede que tú un día llegues a perdonármelo, jamás lo olvidaré y jamás me lo perdonaré.


        Ojalá nunca sepas lo mucho que me destrozaste también tú, ni lo mal que lo pasé hasta hace unos meses con el tema de las niñas (me mataste, en serio)… pero nunca te he guardado rencor más allá de aquellas primeras semanas en que nos destrozamos mutuamente. Que todo aquel dolor que sentía por ti, se fue. Que nunca fui capaz de retenerlo dentro de mi, porque te he querido tantísimo que jamás pude sentir por ti otra cosa que no fuera eso: un inmenso cariño, que es lo que ahora siento.


       Ojalá no sepas jamás que, en el momento que te volví a ver, mi corazón explotó en fuegos artificiales saliéndoseme del pecho. Ni tampoco sepas cuanto había soñado con volver a verte de nuevo… aunque fuera de lejos y solo un segundo. Ni las veces que te busqué en aquellos sitios donde nunca estabas. Solo quería saber que estabas bien. Cruzarme contigo una fracción de segundo en un semáforo y, ni si quiera necesitaba verte sonreír, solo verte camino a alguna parte… pero nunca pasó en todos esos años. Hasta que una noche te vi pasar de la mano de quien hoy es tu amor y, aunque mi primera reacción fue una mezcla de rabia y dolor, te vi bien, feliz... y eso bastó para mi. 


        Ojalá nunca sepas con que ternura aún te miran mis ojos ni lo importante que eres para mí a día de hoy… y que lo serás siempre. Ni que nunca sepas todo lo que has significado en mi vida… lo que aún representas. El amor infinito con el que siempre te miraré… pero no, no esa clase de amor que tuvimos y no supimos cuidar (quizá también porque no era el momento correcto), esto que siento es otra clase de amor. Un amor desde el respeto, desde lo que fue y terminó. Un amor de ese que se enorgullece con tus pequeñas victorias y, desde la distancia más dolorosa, me parte en dos con tus caídas. Y pienso en lo mucho que me gustaría estar ahí para apoyarte en todo, para cuidarte como se cuida algo bonito, para ayudarte a levantarte o hacer tu caída menos dura… Y, aunque me frustra no poder estar y ser esas grandes amigas que un día fuimos, me alegro de que no estés sola, de que tu corazón esté ocupado por una persona que si sabe hacerte feliz, que es tu sonrisa y tu gran amor. Te hace feliz y está a tu lado, para mí, solo con lo primero, ya la convierte en una gran mujer. Tenéis suerte de teneros, igual que yo de tener a mi mujer.
No quiero pensar que no supimos hacerlo bien, quiero pensar que quizá no estábamos preparadas la una para la otra. Que aun teníamos mucho que vivir y crecer, y fuimos eso: un paso hacia la felicidad, un paso hacia delante en la vida, una enseñanza dura pero de la que (al menos yo), saqué muchas cosas muy bonitas.

           Yo también tengo suerte, y no solo por Vanessa, también porque, aunque sea tan en la distancia (y no hablo de distancia física), desde mi apartada cercanía, vuelvo a tenerte en mi vida y, aunque para mi no sea perfecto, me conformo con poderte disfrutar los pequeños ratos donde se te olvidan los recelos, dejas de tirarme puntillas y eres tu misma… aunque se que tu no sientes lo mismo y que verme tiene que ser para ti un poco desagradable. Siento ser egoísta otra vez, pero, ahora que te he recuperado un poco, espero no volver a perderte de nuevo. Me hace falta saber que estás bien… que eres feliz. Porque saberlo también me hace feliz a mí.

Y, ¿sabes lo más triste de todo? Que verte bien a mí me alegra el día, la semana… Pero para ti, ahora solo soy la invisible novia de tu amiga. Una molestia a veces, alguien a quien evitar o seguir juzgando, mientras yo te sigo mirando como un niño pequeño mira la Luna. Y no puedo culparte: Cada uno tenemos nuestros límites y hay cosas que no todo el mundo puede perdonar. Se lo mucho que la cagué y, te repito, jamás me perdonaré el haberte roto tanto.

En mi caso, a pesar de todo, eres y siempre serás tantas cosas para mí como recuerdos guardo. Tan especial como los grandes amores siempre son y sé que, aunque la vida te vuelva a llevar lejos de mí, lo que  siento no cambiará. Que siempre serás uno de esos grandes amores que nos marcan de por vida. Y decirte (aunque sé que nunca leerás esto y ya de igual), que estoy muy orgullosa de la mujer que eres (tan diferente a aquella que una noche vieja cenó conmigo por primera vez), que siempre irás conmigo, en mi corazón, no importa cuántas lanzas envenenadas sigas lanzándome, las resistiré. Que, si decides confiar en mí, nunca volveré a soltar tu mano. Y que si decides marcharte, no importará jamás el tiempo que pase… meses… años… da igual, SIEMPRE ESTARÉ, tal como te prometí, tal como siento en mi corazón.


Me llenas siempre de cosas tan bonitas que, llenarte de tantas cosas tristes a ti, duele demasiado.  





lunes, 5 de febrero de 2018

Otra carta más al aire


Aun me sorprende la capacidad que tiene el ser humano de estar tan roto y seguir adelante hecho trocitos. Y, aunque la vida carezca de sentido (aun sintiendo que su existencia no va hacia ningún fin), seguir andando hacia delante, casi por la inercia del impulso.

Y así me siento yo sin ti: avanzando por impulso, sin felicidad, sin luz, sin nada. Porque tu eras para mi todo eso. La mitad complicada y, a la vez, mas bonita de mi día a día. Pero ya no estás… y, posiblemente ya nunca vuelvas. Es una verdadera putada querer tanto a alguien y no poder ser feliz a su lado… o no encontrar la manera de serlo, mejor dicho.



Y ahora, con el corazón roto, miro atrás y veo todos los errores que cometí… a mi corazón le pesan más los míos que los tuyos, porque muchos se podrías haber evitado (aunque en el momento no se ve igual y todo es tan tremendista). Y me duele tanto no haber sabido hacer las cosas mejor, no haber disfrutado cada momento juntas en vez de discutir tantísimo por nuestros afilados egos. Si nuestro destino era dejarlo, podríamos haber aprovechado más los momentos buenos y haber reducido los malos. Aunque confío en que algún día, podamos volver a reunirnos y espero volver a enamorarnos y que esa vez si funcione. Nada me gustaría más en esta vida. Me mata la idea de que puedas rehacer tu vida con otra persona, pero a la vez, me alegra saber que volverás a estar feliz. Nunca he sido celosa, pero ahora me comen los celos. Supongo que, al final, el karma actúa de igual manera que el daño que nosotros hicimos. Con la única diferencia de que nunca he dejado de quererte. En unos días iré a verla y no porque quiera verla a ella más que a ti (al contrario), pero necesito salir de aquí, necesito sonreír de verdad y compartir de nuevo momentos de complicidad y conversaciones largas con alguien hasta las tantas, sin tener que filtrar nada por miedo a discutir. Y ojalá me dijeras un “Quédate”, porque sin pensarlo, me perdería esos 3 días contigo donde fuera.

Por eso, también duele que me digas que sientes que has mendigado amor, cuando siempre has tenido mi corazón entero, desde el minuto que te conocí en aquella cena hasta hoy, que lo sigues teniendo, aunque creas que no. Nunca has necesitado mendigar mi amor, porque aun hoy eres la persona que más quiero del mundo. Solo que hubo momentos en que no supimos demostrárnoslo, o que la monotonía nos pudo y volvimos a dejar al ego ganar.

¿De verdad crees que ahora mismo puedo llegar a tener en mi vida a otra mujer a la que quiera más que a ti? Si que he dejado entrar a alguien (lo reconozco, soy culpable) y si es cierto que por esa persona siento algo más que amistad, pero no podré quererla jamás como te he querido desde el principio a ti. ¿Te acuerdas de ese principio nuestro?, ¿Te acuerdas de las noches donde te despertabas gritando y solo te calmaba dormir a mi lado?, ¿Te acuerdas de lo mal que lo pasaste con tus ataques de pánico?, ¿las noches que sentías que te ibas a tirar por un balcón e ibas a acabar con todo? … estabas rota mi amor… y, aun así, me enamoré de ti. Veía en ti mucho más que lo que mostrabas y lo sigo viendo. Creo que por nadie más hubiera aguantado tantas cosas antes, por ti sí.

Y, aunque no sea excusa, sí, he dejado que otra persona entre en mi vida (o más bien entró sin darme cuenta y luego no supe pararlo) porque con ella tengo todo lo que teníamos tu y yo al principio y luego perdimos: puedo ser yo sin sentirme juzgada, me hace sentir guapa, deseada, me hace sonreír cuando estoy triste, podemos hablar sin discutir…

No sabes cuánto me hubiera gustado que todo eso y más hubiera vuelto a ser solo nuestro (tuyo y mío), pero no lo conseguimos, por mucho que me duela y mucho que lo intentemos, no sabemos hacernos encajar. Por el contrario, siento que cada vez estábamos más lejos la una de la otra, ya ni si quiera había deseo ni te encendías a ver mi cuerpo desnudo, ni me mirabas con la cara de tonta del principio, ni a mí se me pasaban por la cabeza ya esos pensamientos románticos míos de tener lo que más quiero del mundo bajo un mismo techo, o de “si muero ahora mismo no me importaría porque sería a tu lado”… todo eso se había perdido… Aunque no tengo ninguna duda de que me quieres aún como yo a ti… hasta incluso más.



Este último mes, el mundo ha podido conmigo. He estado agobiada, asfixiada a veces y me he sentido sola. He querido compartir contigo esa soledad, ese agobio, pero quizá por no saber tampoco cómo reaccionar o que hacer ante ese sentimiento, cuando me acercaba a ti, te enfadabas, discutíamos, y esas discusiones me alejaban aun más de ti. Yo solo quería dejar de sentirme así, volver a estar bien contigo y, sobre todo, dejar de una puta vez de discutir.

Me he sentía en medio de una pelea entre mi razón y mi corazón. Una que se basa en lo que hemos pasado ya, afirma que esto nunca va a mejorar, que siempre discutiremos y que no íbamos a ser nunca felices juntas porque no éramos para nada compatibles: no teníamos futuro. El otro, romántico como siempre, se niega aún a dejarte marchar, porque te quiere y porque dice que no quiere vivir con una sustituta, que quiere a la original, a ti. Que, ahora que estábamos cambiando, la cosa podría volver a funcionar, que sería cuestión de intentarlo…  Y, en medio de esta coyuntura, apareció ella y mi confusión fue el triple, porque creí sentir por ella más de lo que realmente sentía. Ahora, aunque tarde y desde la distancia de ambas, se que no es así.



¿Qué quiero? Quiero un imposible.

Quiero pasar el resto de mi vida contigo si, pero no como hasta ahora.

Quiero paz en nuestro mundo.

Quiero despertarme cada mañana a tu lado e irme a dormir oyéndote roncar.

Quiero sentarnos a hablar las cosas sin egos, porque los egos solo nos llevan a discutir y matarnos.

Quiero que vuelvas a desearme como antes y que de vez en cuando tengas esos detalles que reafirmen nuestro amor: sentirme amada.

Quiero… (o más bien necesito) que por mucho que quiera compartirlo todo siempre contigo, habrá veces que necesite mi espacio, mi soledad y que no por eso he dejado de quererte (quizá solo necesite, como ahora, echarte de menos).

Quiero evolucionar a tu lado y que tú lo hagas al mío, siendo la una para la otra lo más preciado del mundo y el mayor de los apoyos.

Quiero que no haya secretos entre nosotras, ni cosas ocultas, ni desconfianzas. Ser las mejores amigas del mundo antes que una pareja que se quiere. Y hacernos reír más veces que llorar…

Y por pedir, pediría que volvieras a mi lado. Que me pidieras que no me fuera el Domingo y perdernos juntas esos 3 días, sin teléfono y sin nada más que tu y yo. Volver a ser solo tu y yo, irnos a vivir a la punta del mundo que tu quisieras, casarnos, tener hijos y morir juntas renegándonos mutuamente. Una vida maravillosa juntas con todo lo anterior y sin tanto dolor y tanta mierda que ahora nos ahoga… pero, como he dicho antes, pido demasiado.



Espero que sepas al menos que eres la persona que más quiero de mi mundo. Lo sigues siendo a pesar de todo. Y que espero que, algún día, puedas perdonarme….







 (……)

Aunque ya te haya perdido, te escribo otra de esas cartas que nunca te enviaré… aunque creas que todo esto son solo palabras vacías. Ojalá algún día sepas lo mucho que aun te quiero.