Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

miércoles, 28 de marzo de 2012

Feliz 20º cumpleaños princesa

Muchas felicidades mi vida… 

Te quería escribir algo especial, algo bonito, que te hiciese pensar y darte cuenta que es verdad que eres demasiado importante para mí, que es cierto todo lo que te vengo diciendo hasta ahora en esos mensajes que tú no deseas recibir y yo me muero por mandarte, que te quiero muchísimo…
Quería decirte algo que te hiciera sentir feliz, especial sobre todas las personas del mundo, algo que llenase tu corazón de esperanza por todo lo que la perdiste ya y de amor por esos sueños que ya no tienes… 

Y hacer de tu día de hoy el más especial de todos… Para mí al menos si es un día especial aún, y triste… demasiado. Otro de esas fechas que jamás olvidaré.
Pero, tristemente, las palabras no pueden conseguir todo eso. Al menos las mías para ti ya no.
Y me limito a repetir como un loro frases que, a base de sonar en tus oídos, con el tiempo, han dejado de tener fuerza (aunque yo las diga con igual intensidad y sentimiento). Ahora son solo frases que se ahogan como el sonido de ese reloj que te acompaña durante las noches con su “tic-tac” y que ya no notas. Frases que se oyen pero no se escuchan como “te deseo lo mejor”, “ojalá seas feliz” y, sobre todo “te quiero”. 


… A veces, cuando te echo demasiado de menos, aún leo fragmentos de nuestras conversaciones por Skype, me gusta sentirte otra vez tan cerca… Ya ves Yolanda, que pena, cuantas promesas rotas, ¿verdad? Lo siento tanto… Intenté recuperarte pero ya era demasiado tarde para deshacer lo hecho. Cambié demasiado tarde y ya no sirvió de nada. No era nuestro momento supongo, y tú siempre has sido taaaan dura en tus decisiones. Y no me mal entiendas, siempre me gustó tu carácter y esa dureza que te rodeaba porque en el fondo, eras blandita y también una sentimental. 



Que aún te quiero más que a mi vida es algo que te digo solo a ti pero que, a mí me niego para que deje de doler tantísimo no tenerte cerca. …¿Ves? Tú no lo puedes ver pero, ¡te lo acabo de decir una sola vez y ya estoy llorando! …siempre termino llorando, por eso dejé de decirlo también. Soy una tonta llorona, sobre todo con lo referente a ti.


Había una cosa que siempre repetías en nuestras conversaciones y era que te olvidaría igual que he olvidado a las anteriores a ti, que dejarías de importar y pasarías a ser otra más, que conocería a otra que sería mi nueva “princesa”…
Verás, desde que nos separamos han pasado algunas bocas por mi cama si, en eso no te equivocaste, la que quizá más me ha dolido ha sido Piedad que no ha pasado por mi cama pero si rompió mi corazón y, he de serte honesta, pensé que iba a ser verdad, que te olvidaría, que mi amor por ti no habría sido tan grande como sospechaba… Que tonta fui. Aun queriendo a Piedad, aun imaginando una vida juntas las dos, no podía dejar de pensar en ti, de quererte en esa vida. Comprendí que tú eres de esos pocos rotos que dejan una hermosa cicatriz. Una cicatriz que está ahí, en un sitio donde duele y dolerá siempre y que es los cimientos de una nueva vida que, aunque nueva, se cimienta en algo mucho mayor. Tu eres eso mi vida. 



Yolanda, mi amor, ahora que ya todo va a terminar irremediablemente, que nuestros caminos se separan, que igualmente y haga lo que haga, ya no estarás ahí, que ahora ya no podré verte cuando quiera (solo tenía que ir a tu clase o esperar que pasaras al final de una clase en algún sitio lejano donde no me vieras, quizá camino de tu autobús)… pero ya no estarás más. Y ya no tengo miedo a decirte todo lo que en su día callé o escondí, por eso me he permitido el lujo de llamarte “mi amor” porque eso eres para mí, porque nadie me importa tanto como me dueles tú, porque voy a tener que empezar una vida donde ya no estés… ¿Qué voy a hacer sin ti princesa? Que vida más vacía me espera… Pero al menos te conocí, conocí lo que es querer a alguien así y, a pesar de terminar tan mal y tan pronto, no cambiaría por nada del mundo cada pequeña caricia que te hice, cada abrazo, cada vez que recorrí tu cuerpo con mi mirada o mis manos, aquellas miradas cómplices, las tardes y noches hablando hasta dormirnos, tu pelo al viento, cada beso, las partidas al UNO, todos los momentos en tu aseo (duchas sobre todo), la primera vez que sentí aquel miedo al mirarte, aquel primer juego de manos en los puf, cuando te mordía los pies en los puf también y te hacía cosquillas, aquella primera vez que torpemente fuiste solo mía, todos los te quieros que te dediqué… ¡Son demasiadas cosas! Y todas me hacen sonreír y romperme por dentro a la vez.
 
Y cosas que ni tú sabes cómo lo mucho que me gustaba verte con falda y contar todos los pequeños moratones y cicatrices de tus piernas e, imaginar que te los besaba uno a uno. Que cuando íbamos a los puf jamás miraba la película porque siempre estaba pendiente de ti con el rabillo del ojo. Que cuando te dormías en una de esas películas me quedaba mirándote fijamente mientras roncabas con una sonrisa tonta. Que mi familia aún pregunta por ti en las reuniones familiares. Que muchas veces desviaba la cam para que no me vieras y besaba la pantalla. Que la primera vez que te hablé lo hice para jugar al UNO pero realmente lo hice porque me llamó la atención tu parecido con mi alumna Diana (que por cierto ahora tiene 11 años, tus mismos gestos y carácter y está enamorada de mí hasta el punto de querer estudiar psicología y whatsearme corazoncitos) Que ninguna noche te veía por Skype cuando te dormías y dejabas la cam encendida, pero que me encantaba oírte respirar y saber que estabas ahí, en medio de la oscuridad y vigilar tus sueños, Que a todas las posteriores a ti les he dicho que no voy a querer a nadie como a ti te amé… ¡Tantas cosas!


Yolanda, Princesa, mi amor… Que te deseo una gran vida y un gran amor. Que ojalá MJ y tu estéis bien, ojalá tu amor por ella siga siendo igual de fuerte y el de ella por ti crezca aún más. Ojalá puedas estar con ella y sea el gran amor de tu vida como tú has sido el mío. Y si no, si no puede ser, ojalá cicatrice pronto, podáis llegar a ser grandes amigas y tú puedas seguir con tu vida aunque duela.
Más suerte la próxima vez con tu carné (no desesperes que eso se supera siempre), mucha suerte con tus exámenes, con la carrera, las amistades futuras… y con todo lo que hagas en la vida. Seguro que llegarás a ser una gran psicóloga mi cielo.

 Cuida tu salud un poquito más por favor, que cada vez que sé que estás de médicos me da un mini-infarto (y no es coña). 

Yo, por mi parte, esté donde esté te deseo siempre lo mejor y estaré SIEMPRE que quieras saber de mí o me necesites, con una sonrisa para ti y toda mi ilusión.
Ten por seguro que JAMÁS te olvidaré que siempre, SIEMPRE vas a ser mi princesa. Pase lo que pase.

Te quiero


lunes, 19 de marzo de 2012

Tú y yo no somos tú y yo

A: “Y, ¿nunca has tenido esa necesidad con ella?
Yo: “Hemos bromeado mucho pero no, realmente no, con ella no me importa esperar, no tenía prisa por nada. La he querido por lo que es y por cómo es y, si es cierto que me gustaría haber tenido algo más… haberla tenido, pero no pudo ser… ¡en fin! Cosas que pasan”
A: “Sin ninguna duda. Me parece muy bonito por tu parte. Y ella, ¿no valoró eso?”
Yo: “No. Quizá porque yo tampoco quise hacérselo ver así. Preferí actuar con normalidad. Nunca tuve prisa con eso pero tampoco quería darle a entender que no quería… Esperaba que sucediera con el tiempo y la confianza. Lo sentía como una prueba de que confiaba plenamente en mí”


…He sentido por ti tantas cosas. Unas tan hermosas y otras no tan bonitas. Aún así el final llegó y me veo en la triste obligación de ignorar ese fuego hasta que muera ahogado en algún lugar de mi alma.

…Quizá no éramos ni tú para mí, ni yo para ti... está claro que no.

Fuimos amigas que planean un futuro juntas. Noches de llamadas, noches de lágrimas y apoyos mutuos, otras de deseo, anhelando estar una junto a la otra. Mil señales del destino hacia algo indeciso.

Tu miedo y mis celos.

Tus celos y mi prisa.

La distancia… Y un beso de Judas que partió mi corazón dictando el final de algo que jamás empezó.

Este aborto de amor muerto antes de nacer, antes de ver la luz de un futuro solo imaginario.

A pesar de nuestros genios enfrentados, habría salido bien, ambas lo sabemos. Ambas lo vimos claro.

Pero ya no vale mirar atrás… Ahora toca ponerme otra vez el abrigo de cristales rotos de mi orgullo y seguir adelante.

Somos amigas, lo acepto y lo valoro… Pero no sabes lo triste que es ser amiga de alguien que podría ser tu vida. Aún así me tienes y te tengo, y no cambio esos trocitos de intimidad que compartimos por nada del mundo. Ni tampoco las veces que te abrazo y hundo mi nariz en tu pelo o tu cuello, ni si quiera para olerte, si no para sentirte así, tan cerquita como me gusta tenerte… hasta que muera del todo esa ya imperceptible esperanza que alberga mi corazón. Igual de imperceptible que de peligrosa si llega a crecer. Si la dejo crecer. Si volviera a ilusionarme con una mentira que tú no dejas ser y creo que yo también temo demasiado ya.

Mi mente lo tiene tan claro como tú: somos amigas, ya no puedo permitirme ese pernicioso lujo, ese tropezón hacia atrás. Pero, ¿Cómo callo a mi corazón?



jueves, 1 de marzo de 2012

Vuelta atrás

Pasaste por mi mundo e hiciste, al irte, tambalearse mi vida entera.
Y hoy vuelves a mi universo, así, como si nada hubiese pasado, como si nada de lo que hiciste hubiera importado… solo vuelves.

Vuelves y me pides que borre todo el daño y las lágrimas ya secas que un día mi alma lloró.

Vuelves desde la lejanía con tus sonrisas y tus palabras de amor pidiéndome que vuelva a jugar a tu juego, que sea otra vez como en aquel verano “que no dejó de nevar”.
Vuelves sí, porque yo te he dejado esta vez que vuelvas. Porque necesitaba demostrarme que podría y puedo contigo, que en realidad es conmigo misma.

Vuelves y contigo vuelve todo aquel dolor que yo ya creía tan superado: “Ya no hay más lágrimas - supuse – no más llorar”. Supuse mal porque, aunque perdonado, aún duele todo lo que hiciste.
Porque te lloré demasiadas noches y quise ser yo la que dejara este mundo que, sin ti en él, ya no era justo ni tenía sentido. “¿Cómo podía ser alguien tan cruel para seguir viviendo cuando una madre, que además era mi amor, había perdido su sonrisa para siempre?” Y me cabreé por aquella injusticia con el universo, con los posibles dioses del cielo, con cada humano de la tierra que era feliz, conmigo misma…

Pero nunca la perdiste… Me mentiste. Erais mi vida y me traicionaste de la peor forma. De la forma más dolorosa.
Aún así tuviste tu duelo: yo te enterré, te lloré y te superé. Y cuando supe la verdad me hiciste dudar de Yolanda, de la única persona que nunca habría dudado, jamás…
Tú, que tanto me decías que me amabas, que parecías dar tu mundo por mí si te lo pedía, que decías que, junto con tu hijo, yo lo era todo… ¿Cómo podías haberme hecho aquello?

Y al principio no lo creí pero sabía que ella jamás me mentiría. Y lloré.
No te puedes imaginar cómo me sentí. Jamás me había sentido así de mal antes. Me dolía la cabeza y, dentro de ella mil preguntas y sensaciones. Me invadía a la vez una sensación de miedo hacia todo, de soledad, del sentir de la peor de las traiciones y de desear la muerte instantánea. Sensación de rechazo hacia ti, hacia la verdad que oía de unos labios fieles y hacia mí misma … y todo, acompañado de un llanto más amargo que nunca, del más amargo de toda mi vida. Quería morirme en ese momento, no deseaba otra cosa y las siguientes semanas las pasé sin comer, sin salir de la cama, sin ir a clase… sin ser yo ni vivir. No existía ya. Y tú solo fuiste el tercer pié de mi quimera, de esa vida que ya no sentía mía.

Jamás me había sentido así antes. Nunca. Y tú me hiciste eso, me hiciste desear con tanta fuerza no querer existir y sentirme tan indescriptiblemente mal, que aún hoy el dolor de aquel día me alcanza y rompo a llorar.

Y, sin embargo,  lo único que no te perdono es que, el día que todo cambió, decidieses por mí.

Por eso quiero tenerte cerca ahora para superar del todo tú fantasma. Para mirar al pasado sin que ese dolor me alcance ya. Para dejarte en el pasado, en esa yo que entonces murió, en esas lágrimas que ya nunca más caerán.

Me destrozaste si, pero ella me encontró y me ayudó a recomponer la que ahora vuelvo a ser por eso mismo: “te acepto en mi tuenti pero no te quiero en mi vida”