Querido corazón: ya te he dicho que llegas en el momento
menos indicado a mi vida.
Tú, que vienes cargado de cosas bonitas, siendo primavera en mi frío invierno. Y yo, aun rota, que no
te dejo florecer.
Pero querida, no es culpa mía no poder darte algo que no
tengo. ¿Quieres mi corazón? Entiende entonces que no está en mi pecho, que se lo di a
alguien que me lo devolvió echo polvo. Entiende que he estado rota tanto tiempo
que aún no me he recuperado, que no he tenido tiempo material para ello, que es pronto. Entiende
que no te puedes llevar algo que ni yo sé dónde está porque no me pertenece.
Querido corazón, tendrás que darme tiempo y espacio. Tendrás
que entender que habrá días en que te deje acercarte tanto que pienses que ya
soy tuya y, por el contrario, otros en los que su recuerdo lo invada todo. Que
puede que muchos días me veas mirando al cielo deseando que tú seas ella, y
otros en que la eche tanto de menos que quizá me veas llorar y no te diga porqué (aunque seguro que lo intuyes). O que,
por cosas del puto destino, volvamos a ser y tengas que apartarte… (¿ves? Aún
creo en imposibles que no tienen arreglo y no pierdo la esperanza).
Sé que no será fácil pero aún estás a tiempo de irte, de
escapar, de volver más adelante o no volver. O puedes quedarte y dejar que te
arrastre al lado oscuro de mi corazón, vivir de la ilusión de que somos algo más
que amigas por compartir nuestro día a día, por crear, poco a poco, esta
complicidad que es no más que la de dos amigas (por ahora), e ir ganando poco a
poco mi mundo entero.
Cero garantías por otra parte de que esto salga bien, de
que ganes nada más que mi cariño o un polvo una noche de calentón.
Querido corazón, has venido antes de lo que yo esperaba a buscar
a esta mujer a medias que no puede darte lo que quieres. Y no, no es culpa tuya,
ni si quiera mía, es culpa del destino tener este tipo de prisa, pero no digas
que no te lo advertí.
Tu solo piensa bien si te quedas o te vas, y si te quedas
ten paciencia, se lo difícil que será pero no puedo ofrecerte otra cosa por
ahora.
Y, cuando ella venga a mi mente (que vendrá porque vive ahí), abrázame fuerte y hazme reír, no te alejes,
quédate y ayúdame a pegar los trocitos de lo que queda aún de mí, porque, si es
cierto eso que dices de que cada momento juntas vale la pena, lo consigas o no,
contará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario