Te echo de menos, si, no es un secreto. Y me encuentro así, todos los días y a
cada segundo, poniendo esfuerzo en no escribirte, en mantener mi mente ocupada
sabiendo que quiero ocuparla para no pensar en ti. Pensar que no debo pensarte…
aunque en el fondo si quiera porque así te siento un poco más cerca.
Pensar en si estarás bien, en qué harás, en si me echarás de
menos o si quiera pensarás en mí.
O, cuando me permito esos momentos de libertad y me dejo
pensar en ti, sentir que esa tristeza me asola, ese “echarte de menos”, y me
permito pensar en todo este año, en las veces que tiré la toalla porque no
podía más y que, al momento siguiente, pensé en cuanto te amaba, que quería
estar contigo, que tenía que luchar un poco más… que quizá, al final, te dieras
cuenta de mi esfuerzo y cambiaras lo suficiente. Ese “darte un poco más” que
llegó un momento que se hizo demasiado y no quedó nada de mí.
¿Por qué te di siempre tantas oportunidades?, ¿Por qué
esperé tantas veces ese cambio? …y siempre seguí teniendo fe a pesar de saber
que nunca se produciría, que, una vez que yo dejase de insistir, de luchar,
todo desaparecería…. Como ahora.
Supongo que cuando amas a alguien, siempre tienes la
esperanza de que las cosas cambien y, esta vez si, funcionen… pero nunca lo
hacen y cada vez nos frustramos más intentando ser la mejor parte de nosotros
para la otra persona, y somos nosotros quien cambiamos, y somos nosotros quien lo
damos todo… ¿Por qué permití perderme a mí misma por amor otra vez?
Al final, después de separar nuestros caminos, solo queda el
autorreproche de pensar en lo idiotas que fuimos por darle todo nuestro corazón
a alguien que nunca lo valoró, que no fue capaz de entregar ni un ápice de si
mismo para hacernos felices.
“¿Y qué? Nadie nunca
está obligado a cambiar por nadie… incluso por amor, porque nadie ama de manera
igual, hay quien incluso confunden el amor con estar bien con una persona o el
cariño con el amor, y quien no sabe querer a los demás por encima de ellos
mismos.
Si diste todo de ti,
nadie te lo pidió, ¡no haberlo dado!, nadie lo dará nunca por ti… y ¿ahora qué?
Te quedas rota, con la sensación de estar desnuda en medio de una gran y fría,
muy fría, ciudad…. Eres tonta, siempre te pasa lo mismo, está claro que jamás
aprenderás”
Y, sin embargo, sabiendo que todo ha terminado ya, aun me da
un vuelco el corazón cada vez que escucho el timbre, porque espero que
aparezcas en mi puerta, me digas que si puedes pasar y me beses. O que me digas
que me suba al coche y me lleves a esas playas donde, al principio, siempre
íbamos a pasar horas abrazadas y hablando. Ver por una vez que soy más
importante que tu orgullo, que me quieres un poco por encima de ti, por una vez,
solo una vez.
Pero eso no pasará nunca, porque solo pasa en las películas…
así que debo de dejar de pensar en ello, porque luego suena el timbre y nunca
eres tú, y me rompo por dentro o me encojo de hombros triste: “¿Qué esperabas?”.
A si es que cada una hará su duelo particular hasta que
dejemos de dolernos mutuamente.
Hasta que el olvido sane nuestros corazones.
Hasta que deje de echarte de menos.
Pero pasará, todo en esta vida pasa y si ahora no han sabido
valorarte, alguien vendrá algún día que si sepa hacerlo. Que te quiera tanto
como te mereces y te de tanto como tú das.
.... y llegó el jodido invierno...

No hay comentarios:
Publicar un comentario