Eres
tan bonita… y tus ojos me dicen que te han hecho tanto daño… Tus ojos. Hasta
que no los vi en persona no supe exactamente lo bonitos que eran, y son preciosos.
Tan tristes y llenos de vida a la vez. Tan brillantes cuando sonríes pero tan
profundos y tristes cuando no.
Me
cuentas que tienes miedo y que no sabes exactamente de qué. A mí también me da
un miedo espantoso sentir el principio de lo que siento, pero hace años que
tomé la decisión de no dejar que el miedo gobierne mis pasos.
¿Qué me
da miedo a mí? Pues me das miedo tú, si, toda tú al completo. Me da miedo
enamorarme de tu risa, no soportar estar tan lejos de tu olor y querer ser yo
el viento que mueva tu pelo. Me da miedo que no estés, o que estés distante. Que
estés triste y que yo pueda ser la causa. Que llores y no sea por mí…. Me das
miedo tú. Toda tú.
Verte
reír me hace feliz. Me llena de una sensación buena que me recorre de pies a
cabeza y explota y se hace grande en mi pecho. ¿No lo viste? No podía dejar de
sonreír ni un solo momento cuando nos vimos e intenté pasar más tiempo con tus
amigos para no agobiarte.
Y
pienso que hace solo tres meses que he dejado otro trozo de mi corazón, que no
es tiempo suficiente, que no debería… Que tu corazón tampoco está completo, que
me voy a dar una hostia que no tengo necesidad de darme ahora mismo, etc. Y,
entonces me propongo dejarlo estar, no hacer más chispa porque me da miedo
encender una llama que luego queme y duela. Me propongo alejarme de ti, estar
distante, no hablarte hasta que tú lo hagas: “a lo mejor hoy no me habla. A lo
mejor hoy está ocupada y se olvida de mi” – pienso para convencerme de que hago
lo correcto. Pero siempre apareces. Siempre haces de mis mañanas algo bonito
por el simple hecho de estar ahí, al otro lado del whatsapps. Y deseo llegar a
casa de clases solo para que me cuentes tus cosas, para hablar contigo… Llenas
mis días de ilusión y eso me da fuerzas y, justo ahora que sentía que lo había
perdido todo otra vez, tenerte a ti para iluminarme el camino con una sonrisa
diaria es un regalo. Eres un pequeño ángel que llegó a mi vida justo en el
momento que mi alma más te necesitaba.
Y me
paro a mirar mi vida, me paro a mirar la gente que me rodea y a las que quieren
una oportunidad de mi corazón o de mi cama pero, no sé porqué, solo te la daría
a ti. ¿Qué tienes tú de diferente, de especial? Tampoco nos conocemos tanto
como para sentir esto por ti. ¡Si solo nos hemos visto en persona una vez! ¿Por
qué tu? No lo entiendo.
Y no
quiero hacerte daño, es la última cosa que quiero en este mundo. Pero me gustas,
eso es indiscutible. Me gustas tanto que dejaría que robases mi corazón y mi
cama. Que te dejaría conocer todo de mí: mi pasado, mi presente y un futuro que
podría compartir contigo.
Pero de
momento somos amigas y yo me muero por darte un beso, por abrazarte y que te
dejes abrazar, porque puedas corresponder algún día lo que siento por ti.
Por
eso, y atendiendo a las fechas que estamos, solo puedo decirte que, pase lo que
pase, para navidad te quiero a ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario