Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

viernes, 4 de mayo de 2012

Pecando... (A)


Al borde del infarto cuando te acercas tanto, cuando me miras en silencio y sonríes. Y me llamas princesa y se me quiere salir el corazón solo de pensarte. 

Me siento perversa. En cualquier momento podría perder el control sobre mí misma y hacerte todo lo que tú mirada grita y yo me muero por hacer… Pero calmo mi deseo con un raciocinio que hace que cada vez me tiente más verte tan prohibida.

¿Acaso hay mayor tentación para ambas que lo prohibido?, ¿Podrían ser más dulces las públicas indirectas?
Cada vez significan menos los muchísimos años de diferencia, tu marchito matrimonio y, aumentan sin parar mis ganas de caer en este delicioso pecado.
Eres mi manzana y no quiero dejar de ti ni la piel, deseo comerte entera. Clavar mis dientes en tu piel con pequeños bocados de placer. Y que seas solo mía. Hacerte todo lo que en mis sueños dibujo. 

Que solo quiero seguir soñando contigo. Con cada beso, con tu risa, con tus labios y tu olor.
Y el roce de tu piel otra vez, con cada caricia y esos ojos tristes tras los que se esconde tu soledad.
Nunca había deseado antes tanto a nadie. Y te digo: “Dame una razón y te vuelco el cielo” y me dices que ataque, que dé ese paso… y yo me ato a mi cárcel social pero sigues siendo algo peligrosamente delicioso y tentador.

Tú, has sido solamente tú. Tú, la que has hecho que las palabras "pecado" y "prohibido" sean sinónimo de pasión y de un deseo que arde y duele. Ahora rezo al diablo para quemarme en el infierno de entre tus piernas, contigo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario