Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

lunes, 19 de marzo de 2012

Tú y yo no somos tú y yo

A: “Y, ¿nunca has tenido esa necesidad con ella?
Yo: “Hemos bromeado mucho pero no, realmente no, con ella no me importa esperar, no tenía prisa por nada. La he querido por lo que es y por cómo es y, si es cierto que me gustaría haber tenido algo más… haberla tenido, pero no pudo ser… ¡en fin! Cosas que pasan”
A: “Sin ninguna duda. Me parece muy bonito por tu parte. Y ella, ¿no valoró eso?”
Yo: “No. Quizá porque yo tampoco quise hacérselo ver así. Preferí actuar con normalidad. Nunca tuve prisa con eso pero tampoco quería darle a entender que no quería… Esperaba que sucediera con el tiempo y la confianza. Lo sentía como una prueba de que confiaba plenamente en mí”


…He sentido por ti tantas cosas. Unas tan hermosas y otras no tan bonitas. Aún así el final llegó y me veo en la triste obligación de ignorar ese fuego hasta que muera ahogado en algún lugar de mi alma.

…Quizá no éramos ni tú para mí, ni yo para ti... está claro que no.

Fuimos amigas que planean un futuro juntas. Noches de llamadas, noches de lágrimas y apoyos mutuos, otras de deseo, anhelando estar una junto a la otra. Mil señales del destino hacia algo indeciso.

Tu miedo y mis celos.

Tus celos y mi prisa.

La distancia… Y un beso de Judas que partió mi corazón dictando el final de algo que jamás empezó.

Este aborto de amor muerto antes de nacer, antes de ver la luz de un futuro solo imaginario.

A pesar de nuestros genios enfrentados, habría salido bien, ambas lo sabemos. Ambas lo vimos claro.

Pero ya no vale mirar atrás… Ahora toca ponerme otra vez el abrigo de cristales rotos de mi orgullo y seguir adelante.

Somos amigas, lo acepto y lo valoro… Pero no sabes lo triste que es ser amiga de alguien que podría ser tu vida. Aún así me tienes y te tengo, y no cambio esos trocitos de intimidad que compartimos por nada del mundo. Ni tampoco las veces que te abrazo y hundo mi nariz en tu pelo o tu cuello, ni si quiera para olerte, si no para sentirte así, tan cerquita como me gusta tenerte… hasta que muera del todo esa ya imperceptible esperanza que alberga mi corazón. Igual de imperceptible que de peligrosa si llega a crecer. Si la dejo crecer. Si volviera a ilusionarme con una mentira que tú no dejas ser y creo que yo también temo demasiado ya.

Mi mente lo tiene tan claro como tú: somos amigas, ya no puedo permitirme ese pernicioso lujo, ese tropezón hacia atrás. Pero, ¿Cómo callo a mi corazón?



No hay comentarios:

Publicar un comentario