Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

viernes, 24 de febrero de 2012

Hoy tengo ganas de verte

Un 3 de Diciembre se unieron por primera vez nuestras manos… hace ahora justo un año, nuestras bocas. Fue un año lleno de altibajos y cambios de humor que me destrozaban y me daban la vida... Y sin embargo, no he amado a nadie como a ti, princesa. Pero ese año pasó hasta un 26 de Octubre que, sin entender cómo, ni porqué, decidiste sacarme de tu vida para siempre. Nunca te reproché nada, hasta ya te perdoné y olvidé todo ese daño que nos hicimos, que me hiciste.

Y echo de menos muchas cosas de ti. Tonterías… pequeños detalles. Cosas como la manera de apartarte el pelo de la boca cuando el viento te lo movía, la manera de sostener el cigarro entre tus dedos, tu olor y forma de andar, así, con las piernas separadas, de esa manera tan tuya que tanta gracia me hacía siempre y tanto me gustaba a la vez, o cuando te abrazaba y metía mi nariz entre tu pelo y tu siempre me decías que lo llevabas sucio…

Pero sobre todo hay dos cosas que echo de menos: una es oír tu risa y la otra es esa sensación de entenderte solo con una mirada.

Pero ya no estás. Fuiste tú la que decidiste desaparecer aquél día… aún no comprendo tus motivos pero, tristemente, moriste. No fue ella la que murió, fuiste tú.

Y ya no hay miradas de complicidad, ni risas, ni llantos, ni pensamientos tristes, tampoco alegres… ya no hay nada más que recuerdos. Y muchos de ellos, ahora son solo fantasmas de  acusados interrogantes de una pasada realidad que dejó de doler, de importar.

Y hoy recuerdo aquel día 21, aquel paso de peatones infinito y tan perfecto, aquellos días unidas de manos, aquellas tardes tan cortas… Hoy me ha invadido la melancolía y te echo de menos quizá más de lo que te he echado de menos en todo este tiempo. Daría otra vida por tener solo cinco minutos de paz contigo y charlar de lo más banal del mundo, de nada personal.

Pero mañana dejará de doler y volverá a no importarme verte o no. Volverá a salir el sol y tú seguirás sin ser real, volverás al cajón desastre con las cosas que murieron ya. Volverás a no existir, a ser otra vez ese interrogante que separa lo que fue cierto de lo irreal.


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