Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

domingo, 30 de octubre de 2011

Silencios que queman

...Ahora somos dos mutuos e invisibles desconocidas...

Tantas tus pequeñas promesas... que las creí solo un rato cada día, contigo susurrando en mi oído tus envenenadas verdades, que nunca fueron ni tan verdad ni tan envenenadas... Irónico que entonces me hicieras sentir mal por dudar de tus palabras.
Y yo solo te prometí mi futuro, no tenía otra cosa más importante que poder darte... no tenía nada más.

Perdida tú en tu propia mentira tratabas de convencerme a mí de que las llamas no quemaban... y las llamas atravesé por ti.
Nunca fueron suficientes llamas para ti porque, a pesar de eso, siempre tus ojos se mantenían fijos en esa meta, esa que nunca fui yo. Demasiado dolor entre tantos cuchillos de celos y dudas. Y solo conseguí este corazón ya tan quemado cuyas cenizas el viento pretende llevarse ahora.
Estrepitosos silencios solo rotos por mudas palabras hirientes. Ambas juez y condenado, soldado y fusilado.

...Se que nunca debería haberme ido, pero te recuerdo que me fui porque tú me obligaste. Y siempre quise preguntarle los motivos a tu falda, pero tu falda nunca supo de motivos. Ella siempre hizo y deshizo como le convenía y nunca le importó en exceso nada más que aquella delgada línea de Internet.
Han llovido tantas estrellas de nuestro ya hace tanto desquebrajado cielo... Ahora me pregunto si acaso no confundí los brillos del cielo y vi estrellas donde solo brillaba la luz marchita de un astro tan herido como yo... Quizá lo que brillaba eran sus tantas lágrimas derramadas... ¿quién sabe?

Entonces, nunca les hice caso a las estrellas. Quizá si mis labios no hubiesen trotado por tu impaciente cuerpo aquél día nuestros caminos habrían sido otros... Es gracioso que ahora me culpe y disculpe por adorar el brillo del sol.

Te quise tanto amor mío. Y a veces tu también me quisiste... O a veces si te creí cuando me decías que lo hacías.
Y ahora echo de menos algo que jamás conocí, y ese algo eres y sigues siendo tú.

¿Fué un sueño?... Pudo serlo pero hicimos de ello una pesadilla. Pesadilla a la que tengo pavor de dejarme volver si tu me lo pidieras.
Si murió la amante, ¿Qué fue de mi amiga?... es a la que más extraño a diario.

...De momento me conformo con ser capaz algún día de volver a mirarte a los ojos... De que tu recuerdo no sea más que el recuerdo de un tiempo que ya no duele, un tiempo lejano, una cicatriz perfecta


 

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