Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Una mañana... un recuerdo

Salgo del trabajo diez minutos antes y camino tan rápidamente como mis pies me permiten por las calles que conducen a tu casa. Aún es de noche, pero en unos minutos empezará a amanecer.

Me paro un segundo en tu portal para coger aire mientras busco las llaves. Tras unos segundos que tardo en recuperar el ritmo normal de mi corazón, entro sin hacer ruido. Por la ventana de tu salón se ven los primeros rayos de luz que despiertan en el cielo. Dejo mis cosas en una silla junto con mi ropa y, guiada entre la penumbra por esos mismos rayos tempranos de mañana, entro a tu habitación.
Allí estás, dormida, abrazada a esa almohada que sustituye mi ausencia. Eres tan perfecta… y en tu cara esa expresión, como si el mundo fuera tan perfecto como tú… como si nada fuera más dulce que dormir como tú lo haces.
Apoyo mi cabeza en la orilla de la cama para mirarte y no puedo evitar darte un beso. Te despiertas y me miras: “hola preciosa”- te digo mientras ocupo el lugar de la almohada entre tus brazos. Murmuras algo que no entiendo y me das unos besos tiernos, de esos que tanto me gustan, besos chiquititos, lentos, tan tuyos y míos. Nos dormimos por unos minutos…



El sol ya asoma y tu despertador, molesto por tanta luz, grita para despertarte. Yo lo apago rápidamente y te despierto con besitos y cosquillas con la punta de mi nariz: “buenos días mi amor”. Oigo tu risa aún dormida al compás de mis cosquillas y siento que es el sonido más bonito del mundo. Jugamos un rato a que no nos importa el tiempo, a que no somos esclavos de nuestras vidas y nos quedamos en aquella cama hablando.



Miras el reloj y te levantas sobresaltada. Comienzas a vestirte mientras yo me quejo:
-“odio que te tengas que ir… ¡el que inventó el despertador se lució!... ¡Con lo bonitos que son los sueños y la putada que es tener que despertarse!”  - y  me quedo acostada en tu cama con los ojos cerrados y los brazos cruzados.
- “Hay que despertarse de los sueños para poder hacerlos realidad, ¿sabes?... y para hacerlos realidad hay que trabajar duro”
 -“Pues yo no quiero hacer ningún otro sueño realidad, ya te tengo a ti… ¿Qué más quiero?”
Me miras mientras te pones la camiseta del trabajo y me besas: “A veces, que un sueño se cumpla no es lo más bonito que te puede suceder, también el haber podido soñarlo lo es”,  Me susurras mientras yo sigo haciéndome la enfadada  en la cama. Vas a ver a Nicolae, y con otro  beso te despides: “pronto llegará Isa, asegúrate de que Nico desayuna todo” y te vas dejándome allí, en aquella cama, con los ojos aún cerrados echándote de menos ya.

La casa se queda en silencio mientras se te escucha bajar las escaleras a toda prisa.
Te imagino camino al trabajo, masticando esa barrita que desayunas mientras te terminas de recoger el pelo en una coleta. Imagino tu manera apresurada de andar y, con cada una de tus pisadas me siento un poco más en paz.



Suena mi móvil, odio que el móvil suene interrumpiendo mi quietud. Un mensaje tuyo: “Y desde que te conocí yo no puedo dejar de soñar contigo. Descansa. Te quiero”. Y llenas así, con tan poquito, mi mundo de cosas tan hermosas y tan grandes mi amor… no puedo creer que alguien me dé tanto a cambio de nada… no puedo creer que seas tan bonita ni tan maravillosa, eres como un sueño y yo no quiero soñar con nada más que contigo.
Y, por un momento pienso en otras personas, en otros momentos y otras escenas pasadas donde me veía diciendo justo esas mismas palabras: “quiero soñar solo contigo, para siempre”… y ahora tengo miedo. Tengo miedo de que este sueño se termine, de que un día abra los ojos y no estés… Tengo miedo… Cierro los ojos muy fuerte, muy fuerte. Tan fuerte que tengo que pensar en apretarlos un poco más y, por un momento, olvido ese miedo.



Suena mi reloj, es hora de despertar a Nicolae y de volver a casa.

 … nunca lo creí posible pero ahora extraño el sonido de tu despertador… el de tus tacones alejándose de mí… el del tintineo de tus llaves en la puerta… lo echo de menos. Porque mi hogar estaba entre a caballo entre tus abrazos y tus piernas. Porque me quedaría a vivir por siempre en tus ojos, como tantas mañanas… Abrazada a tus labios traviesos.

…Te echo de menos mi amor… ¿Dónde estás?

(A Julia: Doy las gracias por haberte conocido... aunque ahora sea tan duro tener que decirte adiós. Te voy a llevar siempre conmigo, en un huequito de mi corazón)

1 comentario:

  1. otra vez vuelves a emocionarme...alucinante mara...

    ResponderEliminar