Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

sábado, 9 de febrero de 2008

Final imperfecto

Un día de agosto una amiga me invitó a ir a la piscina y yo, accedí a ello. Allí me presentó a su primo: un chico muy guapo, un poco chulito y creído. Entre aguadillas y charlas sentí algo especial hacia él y pensé en el refrán ese de “un clavo saca a otro clavo” (Andrés). ¿Qué pasaría por probar? Si aquel chico me gustaba de verdad! Esa noche me dejé llevar y nos besamos durante largo rato. Olvidé todo y, junto con sus besos, me pareció elevarme del suelo. Quedamos a menudo tras aquello. En esas vacaciones sobre todo y, siempre era él el que venía a verme 2 o 3 veces a la semana. Siempre hablábamos de nuestras cosas, o dábamos un paseo, o nos mimábamos, o discutíamos… En Junio del año siguiente apareció el fantasma de un amor que iba a destrozarlo todo. Comencé a darme cuenta de que en cuestiones del corazón, un clavo no saca a otro clavo, lo que empezó a separarnos cada vez más. Una noche reuní el valor suficiente y se lo confesé: “mira… yo te quiero muchísimo, pero no tanto como debería”, y le expliqué lo que sentía por la otra persona. Se puso fuera de si: me gritó, me levantó en peso del cuello y, cuando terminó, me dejó llorando destrozada en medio de la calle y se fue. Tuve que regresar andando a mi pueblo.

Después de eso estuve sin saber nada de él casi medio mes. Al final de Julio me confesó que como yo no lo quería, se iba a buscar a otras con las que estar y, efectivamente, así hizo en Agosto.

Tras una fuerte bronca, el se fue mostrándose despechado otra vez pero a su vez como si yo no le importase nada. Yo estaba destrozada por el daño que nos estaba causando a los dos: me había enamorado de una mujer (algo nuevo para mi) y no podía corresponder su amor. Me vine abajo y estuve encerrada en mi casa todo el resto del verano hasta que empezó el insty. Casi todos los primeros días los pasaba llorando, el resto pensando. Fue entonces cuando, tras un intento de desaparecer, me hice la promesa de no volver a tocar fondo de esa manera.

Un tiempo después recibí unos sms de él. Me pedía perdón y me decía que las otras no eran nada, que quería volver conmigo y empezar de cero, que seguía enamorado de mi. Solo me ponía una condición: Que le dijera quién era la otra persona. Yo le respondí con frialdad, como si no me importase, cosa que luego lamenté profundamente y me hizo mucho daño. El insistió durante muchos sms.

Tras un tiempo, creo que un año más o menos, de evitarlo en toda medida posible, de cada vez que nos veíamos lanzarnos miradas de odio (que yo realmente nunca sentí pero si vi necesarias)… Un día nos encontramos en unas fiestas, me presentó a su nueva novia (que no era nueva porque fue con la que se fue cuando me dejó) y hablamos un rato. De aquel encuentro salió una cosa buena: nos ofrecimos nuestra mutua amistad, nos pedimos perdón y me volvió a pedir que volviera con él. Le respondí que no podía ser, que no quería hacerle daño porque, realmente, no lo amaba y ya, las cosas habían cambiado mucho.

Esta relación terminó mal por mi culpa, pero nunca cambiaría por nada del mundo el tiempo que pasé junto a él. Besándolo, tocándolo, sintiéndolo mío, contándole mi mundo y escuchando el suyo… ¡No cambiaría ni nuestras peleas de de vez en cuando!

Estar con el me hizo madurar antes y darme cuenta de muchas cosas, sin dejar de ser una niña.

De esta relación nadie supo nada nunca. Solo mi amiga Maleny y mi mejor amiga de entonces, sabían que estaba saliendo con un chico… pero nada más (la diferencia de edad era muy grande y teníamos miedo de todos). Por su parte lo sabía toda su familia y, aunque al principio les constó, cuando me conocieron me aceptaron rápido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario