Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

jueves, 19 de noviembre de 2020

La última mirada

 Completamente enamorada. Así estaba la última vez que reapareciste en mi mundo. Apareciste después de no saber de ti en tanto, y no te presté la más mínima atención, “¿una denuncia? Tendrá ganas de volver a verme”- recuerdo que bromeé cuando me llegó. Mi corazón estaba fuerte, latía con la emoción de quien vuelve a ilusionarse, era feliz. Pero no pudo ser, esa felicidad se rompió en añicos cuando tantos kilómetros hicieron de las suyas. Y ahí se quedó mi corazón, roto en una especie de “stand by”, intentando llenar tu hueco con otras que no se merecían tanto daño.

 

 

Una mirada. Eso bastó. Cruzar mis ojos con tu cuerpo y verte de lejos aquella vez. Y a pesar de lo aciago del día, de por qué coincidíamos, mi corazón quiso salirse de mi pecho de la alegría de volver a verte. Me di cuenta entonces de que aun te amaba más de lo que hasta a mí me gustaría hacer y sentí contra mi misma rabia por aquello.

Y entonces escuché todas aquellas falacias y acusaciones contra mí, no podía creer que todas aquellas cosas salieran de tu boca, incluso un par de veces tuve que mirarte porque no me lo creía. Pero ya no sentía nada de ese dolor que solías causarme, al menos no de esa manera, únicamente sentía incredulidad por la situación y rabia por oírte decir tanta mentira, pero no dolor, ya no estaba, en realidad estaba mas expectante y emocionada porque aquella era mi primera vez en estas cosas. Pasase lo que pasase, en realidad no me preocupaba.

Salí con la sensación de que no existía justicia, pero en realidad no me importaba si tenía que pagarte o no con tal de no volver a verte… porque aunque lo que habías hecho no, tu si dolías y me invadía una sensación de vacío enorme… no fue hasta que llegamos al coche cuando oí a quien siempre te había defendido, llamarte de todo y me dolía su dolor, me dolía no que me hubieras hecho eso a mi, si no a ella, a quien siempre se portó tan bien contigo y tanto te ayudó. Me dio mucha pena y rabia pero tampoco había nada mas que pudiera hacer que escuchar y asentir en silencio… siempre te había excusado, pero esta vez, no tenía excusa.

Dos días después (y aun desde entonces), cuando ya empecé a creerme un poco lo que habías hecho, empezaron a llegarme conversaciones que habías tenido con gente muy cercana a ambas, conversaciones incluso estando juntas y bien. Una tras otra, a lo largo de esa semana, como si fuera un esparrin,  fueron dándole golpes una y otra vez a lo que quedaba de mi confianza en ti: “ella hacía esto”, “ella decía esto”… ella. ¿Cuándo te habías vuelto ese “ella” tan lejano para mi? ¿Cuándo te habías convertido en esa persona que tanto me odiaba? Esa desconocida. ¿Acaso sea que siempre había visto la mejor versión de ti a pesar de todo? Quizá sea que te había amado tanto que te hubiera perdonado siempre cualquier herida que me hicieras, siempre que fuera contigo, a tu lado, que me la curase. Lo mismo tienen razón y nunca debí haber vuelto a intentarlo contigo… pero ni entonces ni nunca he sabido dejarte sola cuando me has necesitado y siempre ha podido todo lo que te he amado: eras mi droga preferida. Siempre te he querido mas de lo que era bueno para mi. Pero, es que cuando estábamos bien me sentía tan plena… Tan dentro de mi estabas que te convertiste en mi hogar. En lo bonito de mis días. Y ese momento de paz, para mi, valía mil guerras.

“Una persona que hace todo esto nunca te ha querido”, “no deberías ni de mirarla”, “aléjate de ella”, “si fuera yo, la odiaría”… por poner los ejemplos mas finos de los comentarios que me siguen llegando. Y a mi todo esto, aunque no debería importarme ya, me duele y hasta me hace preguntarme: “¿Y si llevasen razón? ¿Y si nunca me quisiste?”

Yo se que si, las palabras pueden engañar pero aun recuerdo tu manera de mirarme, tu manera de abrazarme y hacerme sentir tu mundo entero… si creo que fui todo para ti alguna vez. Lo fui estoy segura. Y me quisiste como supiste hacerlo y yo te permití.

Y ojalá hubieras podido ver dentro de mí para saber que sentía lo mismo por ti. Ni por E. ni por C., ni por A., ni por ninguna otra mujer sentía lo que sentí por ti. Ni por nadie jamás lloré y luché tanto nunca. Ojalá pudieras haber visto que eras mi mundo entero, solo que no supimos cuidarnos mutuamente. Necesitábamos respirar. Soltar… y siempre pensé que quizá en un tiempo, cuando hubiéramos cambiado un poco las dos, quizá volviera la vida a ponernos delante y esta vez, si las dos íbamos solo con amor y sin fantasmas, si saliera bien.  Desde ese día, con tus acciones, mi realidad se tambaleó de tal manera, que no termino a día de hoy de saber qué de lo vivido es cierto o no. Solo se que este sentimiento aun perdura en el tiempo, aun cuando, por no hacerme daño, no he querido saber absolutamente nada de ti: ojos que no ven…

Y es que saber que estabas mal me hubiera hecho volver a buscarte de alguna manera… osea que preferí no saber absolutamente nada de ti. Enterrarte en el silencio mas profundo por mucho que doliera.

Nunca pude verte llorar. Hasta ese día, con la rabia por mis venas y sabiendo el papelón que estabas haciendo, cuando te vi llorar, casi me levanto y le digo a mi abogada que te diera lo que quisieras, que si pedías dinero, te diera aun más, que no me importaba, que me iba. No se si eso se puede hacer o no, pero estuve a punto de irme al verte llorar si, hasta mi abogada me hizo varias veces el gesto de sentarme y estarme tranquila. ¿En serio no te has dado cuenta aun de todo el daño que podría haberte hecho en ese juicio y no hice? ¿Piensas que no lo hice por no poder? Te equivocas. Solo presenté pruebas para defenderme, no para atarcarte a ti, fui allí totalmente respaldada (con la tranquilidad que te da la verdad y una conciencia limpia, un buen respaldo económico para mil juicios mas y apoyada por todos los que nos conocían). Créeme que podría haberte destrozado en sentidos que ni te imaginas, pero aun te quiero lo suficiente para pensar que actuaste por dolor, nada mas. Mi amor siempre te excusa. Un dolor impulsado por malas amistades, que propicié removiendo sentimientos con aquel WhatsApp que nunca tenía que haberte mandado ofreciéndote mi apoyo. Pero, repito, a pesar de todo, nunca he podido saberte mal.

 

No lo entiendo cariño, de verdad.


Y aun recuerdo aquellas primeras veces con tanto amor… ni lo imaginas. Quizá sea eso lo que tanto me lastra.

La primera vez que te vi en aquel cumpleaños, aquella primera cita en los bloques, aquel cuento por whatapps, aquella primera vez juntas, nuestras conversaciones abrazadas en la cama haciendo planes de futuro, aquel video en el puerto y esa forma de hacerte reír. Tu forma de decirme que era tu “vida”, cuando llegaba cansada de trabajar y me acostaba encima de ti en el sofá y aquella forma en que me sentía tan a salvo, tan en casa….

Y si me voy al principio de todo, recuerdo ser una niña sin responsabilidades reales y tu, una mujer en el mas profundo caos y desequilibrio. Recuerdo tus ataques de ansiedad y cuando decías que solo se te pasaban hablando conmigo o abrazándome. Recuerdo ese miedo tuyo a las alturas, a saltar al vacio. Recuerdo los días entre escombros, rodeada de polvo, helada de frio y sentir que no quería estar en otro sitio mas, porque ahí estabas tu. Recuerdo a tu hijo abrazado a mi todo el día y cada una de las conversaciones que tuvimos los dos. Los juicios con tu ex ….y la forma curiosa en que ahora, todo lo bonito, se ha vuelto contra mi.

Recuerdo la sensación de impotencia por intentar hacerte ver todo el daño que te hacías a ti misma y que, a día de hoy, aun no hayas sido capaz de ver. Es lo que mas rabia me da de todo. Que todo lo vivido no haya servido para nada.

Esa tu tan destrozada. “Ya sabía donde me metía cuando la conocí, y así me enamoré de ella, porque su fondo no es malo, es bonito, pero hace cosas cuando se “enciende” de las que luego se arrepiente” – y esa siempre ha sido mi excusa.

Todos esos intentos por seguir juntas, pero sin ser capaz ninguna de hacer nada por la relación  realmente productivo.

Pero todo esto, lo bueno, lo malo, lo peor… ya pasó. Quedó atrás. Y tan lejos que a veces ya no recuerdo ciertos detalles que me encantaba recordar… supongo que así mejor.

 

Han pasado casi dos años y ya no me siento la misma persona que estuvo contigo. Muchas cosas dentro de mi han cambiado. Demasiadas quizá. Ya no sonrío como antes, como cuando estabas tu. Llevo una vida tranquila: no tengo mas problema que gestionarme como todos para llegar a fin de mes. Mi vida se reduce al trabajo, mi casa y mis perras. Y quizá nunca termine de entender muchas cosas que pasaron entre nosotras. Sobre todo que aun te quiera tanto y no sirva de nada todo este amor, que tenga que dejarlo pudrirse y morir lentamente.

Lo cierto es que cuando suena tu canción, aun sigo sintiendo que eres mi casa, que te echo de menos. Y me encantaría que fueras feliz pase lo que pase. Que quien ocupe tu corazón ahora lo llene de felicidad. No se odiarte, te quiero demasiado y creo que, por mucho que intente no hacerlo, siempre lo haré. Sigues siendo lo que mas me duele de la vida, un intento que siempre amaré.

Ojalá nuestra historia no hubiera tenido un final así.  Y aun guardo la esperanza de verte un día en mi puerta preguntándome si podemos hablar, o de recibir una llamada tuya…. Quizá amarte como te amo no sea suficiente para poder ser algo mas que amigas, pero ojalá algún día puedas ver mas allá de todo ese odio que me tienes, ojalá algún día podamos pensarnos sin un amor que duela… Me encantaría poder tenerte siempre en mi vida, pero haciéndonos bien, ayudándonos a crecer mutuamente, como al principio. Como cuando era tu mundo y tu mi universo.


Te quiero.... siempre lo haré

No hay comentarios:

Publicar un comentario