Dices que no te quiero, llegan a mis oídos esas palabras. Y he de decirte que si te he querido… aún te quiero, aún hay días que siento no haber podido hacer las cosas del todo bien, no haberte sabido demostrar que te quería por encima del mundo, no haber sabido entenderte del todo… ni de que tú tampoco supieras darme muchas cosas de esas a mí.
Te he querido tanto, que durante dos años, a pesar de todas
las peleas y reproches, seguías siendo el mejor motivo para continuar. Y sí, me
fui de tu lado esperando un cambio por tu parte que nunca se produjo, un “vuelve”
que creí que nuestro amor se merecía… o por lo menos yo me merecía.
Yo sí que me hubiera tragado mi orgullo y hubiera ido a
buscarte para intentar arreglar las cosas un tiempo después, porque sí, te seguía
amando. Estábamos estancadas en un periodo feo, un periodo donde lo último que
necesitábamos era estar juntas y necesitábamos darnos un tiempo, necesitábamos
alejarnos un poco la una de la otra para no destruirnos mutuamente, o destruir
nuestro amor. Ninguna de las dos contábamos con que tú te enamorarías de verdad
de otra persona en ese tiempo (que al final fue punto y final).
Y no me arrepiento ahora de las decisiones que tomé, solo me
hubiera gustado poder haber terminado bien algo que, por lo menos para mí, fue
una historia tan bonita.
Tú, al poco de dejarte, encontraste el amor en otros brazos
y sé (porque lo has escrito y lo he leído de tu mano), que estás enamorada como
nunca antes… y con esto no te reprocho que nunca me quisieras, no, yo sé que si
me quisiste y mucho, sobre todo al principio que todo era tan bonito. Pero no
creo que nunca estuvieras enamorada de mí, no al menos como sé que estás de
ella. Pero te empeñas en decir que nunca te quise y, te lo creas o no, que
dudes de eso me duele más que cualquier insulto, pero bueno, si es lo que
crees, siento haber malgastado dos años de tu vida a mi lado. Espero que ahora
recuperes el tiempo que perdiste conmigo con un amor que sepa darte todo lo que
nosotras no supimos tener.
Yo no me arrepiento de haberte conocido, ni creo que haya
sido un error ninguno de los momentos que pasamos juntas, y sí, he querido
mucho a tus hijas… sobre todo a la pequeña, porque era con la que más cosas
compartía, y me sigue doliendo muchos días que no esté, las sigo llamando “mis
niñas”, “mi mayor” y “mi pequeña” y siempre lo serán. Aun tengo la esperanza
(tonta de mí) que, en ciertas fechas señaladas, como mi cumpleaños, el suyo o
algún día sin más, reciba una llamada con su voz al otro lado del teléfono…
pero supongo que ya no se acordará de mí, y lo entiendo. No puedo enfadarme
porque la apartases de mí, solo ponerme muy triste cada vez que, como ahora, me
acuerdo tan nítidamente de ella y sus cosas. Y, después de algunos momentos
contigo, lo mejor de la que fue nuestra historia, ha sido sin duda, ellas dos.
La gente habla mucho, ¿sabes? Pero jamás he dicho nada malo
de ti, ni cuando sabía a ciencia cierta que lo que llegaba a mis oídos había
salido de tu boca… hasta te he defendido y lo sigo haciendo cuando alguien dice
algo de ti que falta tu memoria. Pero supongo que es más fácil creer a gente de
fuera que a alguien que te hizo daño una vez. Lo entiendo, pero perdona si no
soy así, como el resto.
Te he amado sí, y eso se merece un respeto, hayamos
terminado mejor o así de mal. Lo dije ayer, lo digo hoy y lo diré siempre,
contigo o cualquiera de mis ex… ¿A que tampoco me has oído nunca hablar mal de
ninguna de ellas?
¿Qué quieres que te diga ya? Sé que nada de lo que haga o
diga servirá… que ya no recuerdas como era, que ahora soy el monstro que el
odio ha creado en tu cabeza y te crees todo lo que las malas lenguas inventan y
oyes de mí. No recuerdas que soy incapaz de mentirte, las promesas que nos hicimos
antes de que todo comenzara y ninguna de las veces que te hice sonreír. Ahora
mi recuerdo es algo negro… apuesto a que no te acuerdas ni de nuestra primera
vez, ni de las escapadas a tu casa durante ese verano, ni como fue decirles a
las niñas que nos queríamos, ni de aquella cena primera de noche vieja, ni ya
nada de aquellos años tan maravillosos… No te culpo por olvidarlo, es otra
manera de sobrevivir. Pero me da mucha pena. Yo si los recuerdo, y quizá los
recuerde siempre. Que esto no quita que quiera con locura a mi chica, pero para
mí fueron buenos momentos que, como tantos otros de antes que tú, no olvidaré
porque forman parte de mí de una u otra manera.
… y estaba tan enamorada de ti que llegué a pensar que mi
predicción de los dos años juntas no podía de ninguna manera hacerse realidad.
Fuiste la primera novia que entró oficial en casa y en mi familia… así de
importante fuiste para mí, nunca antes había entrado nadie más, ni Yolanda si
quiera. Y si, puedo asegurarte que te amé… y que, aún hoy, te quiero lo
suficiente como para preocuparme, desde la distancia, por ti cuando sé que algo
malo te pasa (que no te llamo porque sé que no soy bien recibida o porque no me
dejan hacerlo).
Y, quieras o no, estaré siempre que puedas necesitarme, no
importa los años que pasen, ni donde esté, ni con quien… Has sido importante
por muchas razones en mi vida, y te he querido mucho también, y ese pasado del
que ahora tu puedes arrepentirte tanto, para mí es un nexo de unión imborrable.
Y me encantaría que conocieras a mi chica (puesto que yo a
la tuya si la conozco) y contarnos lo maravillosas que son respectivamente, y que formaseis parte distante de mi vida, como
otra amiga más. Tomar algún café las cuatro de vez en cuando o ir a la playa
con las niñas.
Me gustaría decirte que no pierdo la esperanza de que algún
día esto pueda llegar a pasar, pero sé que cada día que pasa, pierdo un poco
más esa esperanza y ya, hasta se casi a ciencia cierta que será algo imposible…
pero no sabes cómo me gustaría equivocarme.
En fin… Espero estés feliz de verdad, te lo deseo de
corazón. Y que, por mucho que las palabras sean palabras y se las lleve el
viento, puedas creer al menos un poquito de lo que te he dicho.
Cuidaros mucho… os querré siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario