No, no
voy a ser tu princesa, no soy de esas de los cuentos Disney.
No
quiero que seas mi “príncipe”, que me compres cosas caras, que me mantengas, ni
vivir en tu castillo.
No necesito
que me rescates de ningún lado: se cuidarme sola y, claramente, puedo vivir sin
ti porque llevo 25 años haciéndolo.
No quiero
que arregles los pedazos rotos de mi corazón, ni que aprendas a quererme con
todas mis manías.
No, no
soy una princesa, ni llevo sangre diferente a la tuya, ni si quiera tengo
corona de oro porque hace años que la perdí y, yo misma, me hice una con los trocitos puntiagudos
y rotos de mi corazón. Una corona que a veces pesa pero que tampoco quiero que
lleves tú por mí.
No, no voy a ser tu princesa. Ni tampoco
quiero que tú seas la mía.
En
nuestras primera cita no quiero llevarte flores, ni cenar contigo en el mejor
restaurante que conozcamos, no, no quiero eso. Yo quiero llevarte a mi cama y
destrozarte a mordiscos y besos, hacerte
todo lo que mi retorcida mente imagina que te hago sin ropa y disfrutar ambas
ese momento de placer.
Vivo
sin vivir en mí por colarme en los huecos de tu cuerpo, por una mirada que me
diga: “adelante”, por un sabor en mi boca que se que solo tú tienes, por ti y
por delinear con mi lengua todo tu cuerpo. Quiero desgastarte contra el mío y
que solo tengas tú la llave de mi ser.

No hay comentarios:
Publicar un comentario