No se como pasó exactamente… no se como mi boca pasó a ser tuya, cómo mis manos comenzaron a rodar por tu cuerpo, cómo me impregné de tu olor así, tan profundo…
Y odio que pase el tiempo porque, con cada día, recuerdo un poco menos ese primer beso que hasta aun hoy me hace temblar y sentir lo mismo que entonces.
Nunca había estado tan segura de algo, creo yo, y se que quiero volver a esa tarde para grabarla a fuego en mi mente y guardarla aquí toda la vida.
Y cada vez que te miro me invaden estas ganas de besarte. Me vuelve a hervir la sangre y se que solo tu podrás apaciguarme, con un abrazo, con un beso, o con un simple gesto que me diga “¡HEY!, ¡estoy aquí!”… Pero tú no eres así y, aunque te amo de esta manera tan altruista, me mata cada vez que me niegas un abrazo o un beso.
…Una vez me rompiste, y aun trato de arreglarme encajando las piezas que voy logrando encontrar en la continuidad de mi camino. Y todas las tardes trato de olvidarme de ti para poder conquistar otro pedacito de mi, y trato de matar lo que siento, de ahogar este amor que no me coge en el pecho… Pero llega el nuevo día y se cruzan nuestras miradas y siento como, aunque estemos peleadas, cada pedacito de mi palpita y se llena de luz y de pasión. Como cada uno de esos pedacitos se vuelve a enamorar de ti y te quiere aun más que el día anterior.
Y, cuando el viento te mueve el pelo, o estoy de espaldas y me golpea en la cara con tu olor, siento que las fuerzas me abandonan… ¡me quedo como una zombi colgando de tu olor!
Realmente, se que no me importa nada que me desprecies, que me humilles, que me domestiques y doblegues a tus caprichos de niña… porque se que una vez, por unos minutos, fuiste solo mía, y ese momento, de las dos.
Porque fuimos amantes y te tuve entre mis brazos, te besé y estuve dentro de ti… Y eso, ese recuerdo, siempre me hará sentir feliz y más llena de mí que nunca, en tantos otros momentos como este.
Y volveré a esa habitación diminuta con mi mente. A esa tiznada y ebria oscuridad.
Te quiero
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