Llegas y me das un empujon sonriendo. Yo te esbozo una sonrisa tímida en mi boca pero no te miro. Te acuestas a mi lado en otro puf y continúas dándome golpecitos de atención hasta que te miro aun con esa sonrisa y, rápidamente giro otra vez mi cara hacia la pantalla.
Piensas que no te miro y recorres con tus ojos mi cuerpo de arriba abajo, con esa cara que pones cuando crees que no te presto atención, pero no dejo de mirarte por el rabillo del ojo… en realidad no estoy pendiente de la película, solo te miro a ti.
Rozas mi mano con la punta de uno de tus dedos, como tantas veces te he hecho yo y la acaricias delicadamente... tan delicada y dulcemente que lo siento como un suspiro entre un millón de gritos y decoras mi mundo con colores tan deslumbrantes que solo puedo sentirme así de feliz…
Vuelvo a mi niñez, a cuando en el cole, el niño que me gustaba jugaba conmigo… al patio del recreo donde, entre partidos y tazos, mis sentimientos oscilaban entre un tirón de pelo o una tonta llamada de atención.
Y, nerviosamente, no dejo de sentir tu mano acariciando la mía… Respondo tímidamente a tus dibujos abstractos sobre mi palma y, con aun esa sensación de miedo, entrelazo nuestros dedos mientras ahora también, el corazón me galopa por el cuerpo. No puedo mirarte pero te doy un torpe beso en la mano que grita un “te quiero” y un “gracias”… Tu tampoco me miras, quizás tengas el mismo miedo que yo… quizás no sea miedo y si excitación… No, en realidad si que estoy acojonada… ¡hacía taaaaanto tiempo que nadie me tocaba de esta manera! Ya apenas lo recordaba… Y me siento como en aquella primera vez que alguien me cogió de la mano... siento que nada malo me puede pasar mientras penda entre tu mano y el vacío. Me siento inseguramente feliz.
No me sueltas y no quiero que lo hagas, sigo con mis ojos puestos en la pantalla y en ti y, mi corazón se ha escapado a mi cabeza.
… pero nada dura si es bonito y el perfecto idilio se ha roto justo cuando la película ha llegado al final… no quería soltarte, de verdad que no quería… pero supongo que aun no soy lo suficientemente valiente como para tener claro lo que quiero en contraposición a lo que necesito. No lo se… solo se que yo quiero volver a sostener tu mano, a sentir tus dedos entre los míos y tu palma contra mi palma sudando de emoción.
... ¿Sabes? ahora recuerdo lo que es enamorarse y, aunque reniegue de ello, creo que momentos como este son los que le dan de verdad sentido a la vida.

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