Mis lágrimas del corazón y otras paranoias

viernes, 15 de noviembre de 2024

El miedo

La duda que precede al miedo. 

Esa semilla del cambio que todo lo parte en trozos: una nueva pareja, un nuevo camino, un nuevo trabajo, una nueva ilusión. 

Y llega el oscuro miedo. 

El miedo a los nuevos comienzos, a las elecciones, de volvernos a equivocar, de dejar ir oportunidadades, personas, momentos.... 

Miedo.

El miedo a equivocarnos, a no saber elegir lo mejor, lo correcto, lo bueno... 

El miedo a no saber ser felices, a condenarnos con nuestras elecciones, a veces incluso, miedo a atraparnos a nosotros mismos en una vida que no queremos, una vida de otros. 

Miedo

Y la incertidumbre. Y hasta muchas veces, cuando nos perdemos en ese miedo, el caos.

El miedo 

El que todo lo cambia, lo muta, lo vuelve nuevo (a veces lleno de sombras, otras veces brillante).

El miedo. 

El miedo de pararte a pensar, tiempo después, si esa fue la decisión más acertada, si ese camino que tomaste fue el correcto... y quizás en otra vida si podriamos coger esos otros caminos

...o no. 

domingo, 31 de octubre de 2021

El monstruo que vino a vernos... y el que se quedó

Nunca pude ser una niña normal. Hubo demasiados monstruos en mi vida incluso antes de nacer, pero el tuyo fue sin duda el peor de todos.

Si me paro a pensar, puedo incluso ir al momento donde me lo presentaste. Donde cogiste mi mano entre el alboroto de los adultos, me hiciste sacar dos dedos y me dijiste "¿Ves? Esto es".  Y ahí apareció por primera vez, el mayor enemigo de mi historia. 
Ese día fuimos formalmente presentados. 

Era demasiado pequeña para entender lo que ese monstruo venía a decirme o a quien me estabas presentando...
O quizás los mayores no sabían explicarme, o les podía el miedo, o era demasiado complicado... ¿Cómo explicar algo así a un niño? Qué más da ya... Aunque lo cierto es que esa niña ya entendía más de lo que le tocaba saber.

Y ahí estaba, viendo día a día con máxima impotencia, a quien más quería en el mundo, yéndose, desapareciendo poco a poco, comida por otro monstruo más fuerte que los mios. 
Aunque el suyo se quedaría poco tiempo, el tiempo suficiente para arrasar varios mundos enteros. 
Mi monstruo, por el contrario, se quedaría para siempre. Nunca se irá. Incluso ahora, de mayor, sigue aquí... solo que ahora ya nos hemos cogido cariño y somos buenos compañeros. Casi parece que, la mayor parte del tiempo, nos entendemos.

Y aún recuerdo esa tarde donde me contaste lo bonita que era la vida mientras veíamos a La Campos en Tele 5, las ganas de quedarte y conocer qué clase de personas serían tus hijos, me hablaste de tu primer amor, de tus libretas de poesías y escritos, me abrazaste como nunca y me dijiste que siempre fuera yo. Que estabas orgullosa de mi. Recuerdo como me pediste un folio y un lápiz de la mesa del salón y me enseñaste a dibujar rosas, para que siempre que dibujase alguna, me acordase de ti.
...
Esa fue nuestra despedida supongo. Nuestra última tarde de magia juntas... Ya nunca hubo más, pero siguen habiendo rosas y a veces, incluso magia. 

Te vi llorar, reír, desear vivir, pedir que acabase ya y otras tantas cosas que pasaban en tus ojos, mientras nadie reparaba en mi: como los mayores pensaban que no lo entendía, me hice invisible a sus ojos. No existía. En realidad, en mi mundo, en el de todos, sólo existía tu monstruo. Lo llenaba todo.

Pero para ti no fui nunca invisible, siempre me hablabas como si lo entendiera todo o algún día fuera a entenderlo, y lo entendía créeme, aunque con los años se entienden las cosas de distinta forma.

Te vi perder la batalla, romperte, y convertirte en algo que no eras. 
Con mis doce, no supe estar a la altura y no quise despedirme de ti: en lugar de verte morir, me fui de fiesta. Paradójico.
Y quizá fuera hasta mejor así.

Aunque no despedirme de ti aquella noche y la culpa de no haberte dicho lo mucho que te quería ha sido una cadena pesada durante años, hasta que entendí que tú ya sabías eso y mucho más. 

Y te fuiste. Ese monstruo te arrastró con el.

Aún recuerdo perfectamente esa noche. Hasta conservo la ropa que llevaba puesta.

El agujero tan grande que dejaste dentro de mi, me desbordaba por fuera... Aún hoy, si te asomas dentro de mi alma, puede verse. Se hizo pequeño, pero sigue siendo igual de profundo.

Y me enseñaste tantas cosas, que a día de hoy, pasados tantos años ya, aún me ayudan a ser la persona que se que te haría sentir orgullosa.
Dejaste un poco de tu magia... A veces incluso te veo en pequeños detalles que para el resto pasan desapercibidos. 
Se que eres tu.

Y hoy, como tantas otras veces, te digo lo que aquella noche no pude: un te quiero que va en mi ADN y siempre será agridulce. 
.
.
.
.
.
.

A veces, sigo dibujando rosas rojas

jueves, 19 de noviembre de 2020

La última mirada

 Completamente enamorada. Así estaba la última vez que reapareciste en mi mundo. Apareciste después de no saber de ti en tanto, y no te presté la más mínima atención, “¿una denuncia? Tendrá ganas de volver a verme”- recuerdo que bromeé cuando me llegó. Mi corazón estaba fuerte, latía con la emoción de quien vuelve a ilusionarse, era feliz. Pero no pudo ser, esa felicidad se rompió en añicos cuando tantos kilómetros hicieron de las suyas. Y ahí se quedó mi corazón, roto en una especie de “stand by”, intentando llenar tu hueco con otras que no se merecían tanto daño.

 

 

Una mirada. Eso bastó. Cruzar mis ojos con tu cuerpo y verte de lejos aquella vez. Y a pesar de lo aciago del día, de por qué coincidíamos, mi corazón quiso salirse de mi pecho de la alegría de volver a verte. Me di cuenta entonces de que aun te amaba más de lo que hasta a mí me gustaría hacer y sentí contra mi misma rabia por aquello.

Y entonces escuché todas aquellas falacias y acusaciones contra mí, no podía creer que todas aquellas cosas salieran de tu boca, incluso un par de veces tuve que mirarte porque no me lo creía. Pero ya no sentía nada de ese dolor que solías causarme, al menos no de esa manera, únicamente sentía incredulidad por la situación y rabia por oírte decir tanta mentira, pero no dolor, ya no estaba, en realidad estaba mas expectante y emocionada porque aquella era mi primera vez en estas cosas. Pasase lo que pasase, en realidad no me preocupaba.

Salí con la sensación de que no existía justicia, pero en realidad no me importaba si tenía que pagarte o no con tal de no volver a verte… porque aunque lo que habías hecho no, tu si dolías y me invadía una sensación de vacío enorme… no fue hasta que llegamos al coche cuando oí a quien siempre te había defendido, llamarte de todo y me dolía su dolor, me dolía no que me hubieras hecho eso a mi, si no a ella, a quien siempre se portó tan bien contigo y tanto te ayudó. Me dio mucha pena y rabia pero tampoco había nada mas que pudiera hacer que escuchar y asentir en silencio… siempre te había excusado, pero esta vez, no tenía excusa.

Dos días después (y aun desde entonces), cuando ya empecé a creerme un poco lo que habías hecho, empezaron a llegarme conversaciones que habías tenido con gente muy cercana a ambas, conversaciones incluso estando juntas y bien. Una tras otra, a lo largo de esa semana, como si fuera un esparrin,  fueron dándole golpes una y otra vez a lo que quedaba de mi confianza en ti: “ella hacía esto”, “ella decía esto”… ella. ¿Cuándo te habías vuelto ese “ella” tan lejano para mi? ¿Cuándo te habías convertido en esa persona que tanto me odiaba? Esa desconocida. ¿Acaso sea que siempre había visto la mejor versión de ti a pesar de todo? Quizá sea que te había amado tanto que te hubiera perdonado siempre cualquier herida que me hicieras, siempre que fuera contigo, a tu lado, que me la curase. Lo mismo tienen razón y nunca debí haber vuelto a intentarlo contigo… pero ni entonces ni nunca he sabido dejarte sola cuando me has necesitado y siempre ha podido todo lo que te he amado: eras mi droga preferida. Siempre te he querido mas de lo que era bueno para mi. Pero, es que cuando estábamos bien me sentía tan plena… Tan dentro de mi estabas que te convertiste en mi hogar. En lo bonito de mis días. Y ese momento de paz, para mi, valía mil guerras.

“Una persona que hace todo esto nunca te ha querido”, “no deberías ni de mirarla”, “aléjate de ella”, “si fuera yo, la odiaría”… por poner los ejemplos mas finos de los comentarios que me siguen llegando. Y a mi todo esto, aunque no debería importarme ya, me duele y hasta me hace preguntarme: “¿Y si llevasen razón? ¿Y si nunca me quisiste?”

Yo se que si, las palabras pueden engañar pero aun recuerdo tu manera de mirarme, tu manera de abrazarme y hacerme sentir tu mundo entero… si creo que fui todo para ti alguna vez. Lo fui estoy segura. Y me quisiste como supiste hacerlo y yo te permití.

Y ojalá hubieras podido ver dentro de mí para saber que sentía lo mismo por ti. Ni por E. ni por C., ni por A., ni por ninguna otra mujer sentía lo que sentí por ti. Ni por nadie jamás lloré y luché tanto nunca. Ojalá pudieras haber visto que eras mi mundo entero, solo que no supimos cuidarnos mutuamente. Necesitábamos respirar. Soltar… y siempre pensé que quizá en un tiempo, cuando hubiéramos cambiado un poco las dos, quizá volviera la vida a ponernos delante y esta vez, si las dos íbamos solo con amor y sin fantasmas, si saliera bien.  Desde ese día, con tus acciones, mi realidad se tambaleó de tal manera, que no termino a día de hoy de saber qué de lo vivido es cierto o no. Solo se que este sentimiento aun perdura en el tiempo, aun cuando, por no hacerme daño, no he querido saber absolutamente nada de ti: ojos que no ven…

Y es que saber que estabas mal me hubiera hecho volver a buscarte de alguna manera… osea que preferí no saber absolutamente nada de ti. Enterrarte en el silencio mas profundo por mucho que doliera.

Nunca pude verte llorar. Hasta ese día, con la rabia por mis venas y sabiendo el papelón que estabas haciendo, cuando te vi llorar, casi me levanto y le digo a mi abogada que te diera lo que quisieras, que si pedías dinero, te diera aun más, que no me importaba, que me iba. No se si eso se puede hacer o no, pero estuve a punto de irme al verte llorar si, hasta mi abogada me hizo varias veces el gesto de sentarme y estarme tranquila. ¿En serio no te has dado cuenta aun de todo el daño que podría haberte hecho en ese juicio y no hice? ¿Piensas que no lo hice por no poder? Te equivocas. Solo presenté pruebas para defenderme, no para atarcarte a ti, fui allí totalmente respaldada (con la tranquilidad que te da la verdad y una conciencia limpia, un buen respaldo económico para mil juicios mas y apoyada por todos los que nos conocían). Créeme que podría haberte destrozado en sentidos que ni te imaginas, pero aun te quiero lo suficiente para pensar que actuaste por dolor, nada mas. Mi amor siempre te excusa. Un dolor impulsado por malas amistades, que propicié removiendo sentimientos con aquel WhatsApp que nunca tenía que haberte mandado ofreciéndote mi apoyo. Pero, repito, a pesar de todo, nunca he podido saberte mal.

 

No lo entiendo cariño, de verdad.


Y aun recuerdo aquellas primeras veces con tanto amor… ni lo imaginas. Quizá sea eso lo que tanto me lastra.

La primera vez que te vi en aquel cumpleaños, aquella primera cita en los bloques, aquel cuento por whatapps, aquella primera vez juntas, nuestras conversaciones abrazadas en la cama haciendo planes de futuro, aquel video en el puerto y esa forma de hacerte reír. Tu forma de decirme que era tu “vida”, cuando llegaba cansada de trabajar y me acostaba encima de ti en el sofá y aquella forma en que me sentía tan a salvo, tan en casa….

Y si me voy al principio de todo, recuerdo ser una niña sin responsabilidades reales y tu, una mujer en el mas profundo caos y desequilibrio. Recuerdo tus ataques de ansiedad y cuando decías que solo se te pasaban hablando conmigo o abrazándome. Recuerdo ese miedo tuyo a las alturas, a saltar al vacio. Recuerdo los días entre escombros, rodeada de polvo, helada de frio y sentir que no quería estar en otro sitio mas, porque ahí estabas tu. Recuerdo a tu hijo abrazado a mi todo el día y cada una de las conversaciones que tuvimos los dos. Los juicios con tu ex ….y la forma curiosa en que ahora, todo lo bonito, se ha vuelto contra mi.

Recuerdo la sensación de impotencia por intentar hacerte ver todo el daño que te hacías a ti misma y que, a día de hoy, aun no hayas sido capaz de ver. Es lo que mas rabia me da de todo. Que todo lo vivido no haya servido para nada.

Esa tu tan destrozada. “Ya sabía donde me metía cuando la conocí, y así me enamoré de ella, porque su fondo no es malo, es bonito, pero hace cosas cuando se “enciende” de las que luego se arrepiente” – y esa siempre ha sido mi excusa.

Todos esos intentos por seguir juntas, pero sin ser capaz ninguna de hacer nada por la relación  realmente productivo.

Pero todo esto, lo bueno, lo malo, lo peor… ya pasó. Quedó atrás. Y tan lejos que a veces ya no recuerdo ciertos detalles que me encantaba recordar… supongo que así mejor.

 

Han pasado casi dos años y ya no me siento la misma persona que estuvo contigo. Muchas cosas dentro de mi han cambiado. Demasiadas quizá. Ya no sonrío como antes, como cuando estabas tu. Llevo una vida tranquila: no tengo mas problema que gestionarme como todos para llegar a fin de mes. Mi vida se reduce al trabajo, mi casa y mis perras. Y quizá nunca termine de entender muchas cosas que pasaron entre nosotras. Sobre todo que aun te quiera tanto y no sirva de nada todo este amor, que tenga que dejarlo pudrirse y morir lentamente.

Lo cierto es que cuando suena tu canción, aun sigo sintiendo que eres mi casa, que te echo de menos. Y me encantaría que fueras feliz pase lo que pase. Que quien ocupe tu corazón ahora lo llene de felicidad. No se odiarte, te quiero demasiado y creo que, por mucho que intente no hacerlo, siempre lo haré. Sigues siendo lo que mas me duele de la vida, un intento que siempre amaré.

Ojalá nuestra historia no hubiera tenido un final así.  Y aun guardo la esperanza de verte un día en mi puerta preguntándome si podemos hablar, o de recibir una llamada tuya…. Quizá amarte como te amo no sea suficiente para poder ser algo mas que amigas, pero ojalá algún día puedas ver mas allá de todo ese odio que me tienes, ojalá algún día podamos pensarnos sin un amor que duela… Me encantaría poder tenerte siempre en mi vida, pero haciéndonos bien, ayudándonos a crecer mutuamente, como al principio. Como cuando era tu mundo y tu mi universo.


Te quiero.... siempre lo haré

domingo, 8 de noviembre de 2020

Una vida de lujos

        Imaginaos que hace muchos años tuvisteis un amig@ que conoces desde siempre, desde el colegio o antes. Hubo un tiempo (largo) que erais inseparables, os habéis querido, apoyado, compartido mil cosas, y os conocisteis en lo profundo... Sabéis lo que os digo, ¿No? 

Vale
Imaginad ahora que un día vuestros caminos se separaron y, muchos años después, volvéis a tropezaros en la calle tu gran amig@ de la infancia y tu. Ahora sois desconocid@s del todo, pero las personas por dentro, su esencia, en lo profundo, no cambian.
Sólo que ahora, años después, tú con una vida llena de lujos, y esa persona, tu gran amig@, cubierta de mugre, delgadísima y sin nada que llevarse a la boca. La vida y vuestra elecciones os han llevado por caminos muy distintos, pero empezáis a recordar viejos tiempos y hasta se te olvida esa diferencia tan obvia.
Después de un muy buen rato viajando en el tiempo junt@s, os despedis con pena y seguís vuestro camino. Y a ti se te queda el corazón encogido de ver a tu gran amig@ tan mal sin poder hacer nada más por el/ella.

Vale... Ahora imaginad que ese amig@ de toda la vida, después del rato tan bueno que habéis pasado, en un descuido, os ha robado el monedero con lo único que os queda para terminar el mes (100, 500, 1000€, lo que le "pique"  a cada uno) y te das cuenta mientras se aleja. ¿Que haríais?

OPCIÓN 1: Odiarl@ por robaros un dinero que si, es vuestro y lo necesitáis, pero que volveréis a recuperar pronto y seguro que necesita el/ella más que vosotros: podríais llamar a la policía y añadir más oscuridad a su miseria.

      ......O......

OPCIÓN 2: Sentir pena, decepción, pero dejarlo irse con vuestro monedero, mientras esperas que tu dinero le ayude aunque sea por un momento. Recordad con cariño las veces que fuisteis felices juntos de críos y ese momento que acabáis de vivir, con una sonrisa, sin dejar que este último acto empañe nada de eso, y seguir tu camino.

🤷🏻‍♀️🤷🏻‍♀️🤷🏻‍♀️🤷🏻‍♀️

Pues yo soy de las que se quedan con lo segundo.
Hay gente que "roba" por necesidad, otros por envidia. En cualquier caso, su propia oscuridad. Y, me diréis: "Envidia, ¿De qué?". Pues lo fácil de esta historia sería deciros que el pobre tiene envidia del rico, pero no, yo tengo lo justo para llegar a final de mes (a veces ni eso) y no poseo riqueza alguna.
Pero hay otras cosas que si tengo.

Tengo la suerte de vivir de acuerdo a quien soy, siendo consecuente con mis actos, con mis pensamientos, con mi vida: una vida tranquila y llena de cosas brillantes.
Suelo reír a lo largo del día más veces de las que frunzo el ceño, y disfruto a partes iguales de la compañía de los demás como de la mía propia.
A pesar de las zancadillas de la vida, no me doy por vencida, me resisto a volverme del color de la gente que me la pone y me niego a perder ese "Peter Pan" interior que vive sin escudos, miedos, odios o rencores.

Tengo una familia que me apoya y quiere, de esas que acogen a todo el mundo como un miembro mas, da igual cómo y quién seas, no importa: Siempre que vengas con buenas intenciones, bienvenido serás.
Porque no es familia todo aquel que tiene tu misma sangre, pero si lo es quien se alegra de tus triunfos, le joden tus derrotas, se queda a tu lado cuando no hay nada más que se pueda hacer o quién no te da la razón cuando no la tienes. La familia es quien se remanga cuando vienen nubes negras, te apoya aunque no esté de acuerdo en todo, tenga tu sangre o no.

Mis amigos son de esos de los de verdad. De los de años, de los de raíces fuertes. De los que están SIEMPRE en las peores y también en algunas fiestas. De los que te dicen las verdaderas a la cara y se la parten por ti cuando sea necesario. De los que no tienen filtro, no te dicen mentiras piadosas, te dicen "te jodes" cuando te estrellaste por no seguir sus consejos y, acto seguido, te invitan a una pizza, chuches o te hacen reír (estén cerca o a mil kilómetros). Amigos de verdad, de los que conocen lo mejor y lo peor se ti, y tu de ellos. De los que no ponen excusas y si soluciones.

He tenido la suerte de conocer lo que es el amor de verdad, de sentirlo en todas sus facetas: sufrirlo y disfrutarlo.💔❤️
Tengo amor, mire por donde mire, de todas las clases: el amor de mi familia, de mis amigos, de mi pareja... Nunca me falta un beso o un abrazo cuando lo necesito, y siempre tengo un "te quiero" esperando en WhatsApp a ser leído.

Y eso, todo eso, a las personas que no lo tienen les puede causar mucha envidia. Incluso pueden intentar que mi vida se asemeje a la oscuridad que ellas poseen y puede que hagan de todo por joderte y que termines tan jodido como lo están ell@s.

Los que me conocéis sabéis por donde va la historia, ¿no?
Y perdonarme si, en esta ocasión tan señalada, no respondo con odio y si diciendo: "ojalá sea muy feliz", porque no me sale sentir otra cosa que pena, decepción y, por muy increíble que suene, amor. Si, amor... Aún. A pesar de todo. Y creo que ya os he explicado con mi historia porqué. Espero haberos hecho entender.

Al final, quien es oscuridad, solo puede conformarse con pequeños gestos de luz en su vida, con limosnas, porque no pueden brillar por si mismos. No sabemos del todo lo que cada uno vive en su casa y la oscuridad con la que carga en su vida.
Lo más importante que me ha enseñado la vida (y mi madre) es a no dejar de brillar nunca.

....y que suerte tengo y he tenido siempre...